Frente Popular, UP, PCR, Patria Grande y el MST

 

 

“El primer acto de la política revolucionaria es el de desenmascarar las ficciones burguesas que intoxican el sentimiento de las masas populares. Estas ficciones se vuelven particularmente dañinas cuando se mezclan con las ideas de ‘socialismo’ y ‘revolución’.”

León Trotsky, Francia en la encrucijada (1936)

 

La carrera electoral del 2015 ha comenzado. Desde el Nuevo MAS hemos hecho un llamado a dos fuerzas políticas (el FIT y AyL de Luis Zamora) a conformar una alternativa socialista común con un criterio político básico, el de la independencia de clase. Nuestro planteo es que la campaña debe servir para avanzar en la consciencia independiente y socialista de amplios sectores que participan de las elecciones. Nuestra agitación electoral debe poner énfasis en que la única salida real son las luchas de los propios trabajadores.

 

No ha sido ésta la política electoral del FIT. Sin embargo, el voto al FIT (como los 115 mil votos de nuestro partido en 2013) es un fenómeno progresivo de la realidad, pues sigue siendo (a pesar de sus vaivenes) un frente de independencia de clase. Es por eso que consideramos que sería un paso progresivo que logremos establecer candidaturas comunes. No es así con fuerzas que se han auto-titulado “de izquierda”, pero que son tendencias opuestas a la independencia de clase. Es el caso de la UP de De Gennaro, el PCR-PTP, Patria Grande y el MST. Los dos últimos han hecho sendos llamados al FIT planteando que un acuerdo implicaría “sumar fuerzas”. Pero, con Trotsky, podemos decir: “Los teóricos del Frente Popular no van más allá de la primera regla de la aritmética: la suma. La suma de comunistas, de socialistas, de anarquistas y de liberales, es mayor que cada uno de sus términos. Sin embargo la aritmética no basta, hace falta cuando menos conocimientos de mecánica. La ley del paralelogramo de fuerzas se verifica incluso en la política. La resultante es, como se sabe, tanto más pequeña cuanto más divergentes sean las fuerzas entre sí. Cuando los aliados políticos tiran en direcciones opuestas, la resultante es cero.” (1)

 

 

El Frente Popular (CTA-PCR) y la Historia como farsa

La UP y el PTP, los sellos electorales de la CTA Micheli y el PCR respectivamente, han lanzado su acuerdo electoral. Si bien su performance electoral ha sido bastante mediocre los últimos años, se trata posiblemente de las dos organizaciones reformistas con más peso del país. Un hecho muy curioso es que han decidido adoptar del nombre de “Frente Popular”. Con este nombre designó el estalinismo de la década del 30’ sus alianzas para conformar gobierno junto al ala “izquierda” de la burguesía imperialista para subordinar a ella al movimiento obrero.

 

La política de ambas organizaciones es la del reformismo clásico. Dirigen franjas relativamente amplias del movimiento de masas (la CTA michelista es toda una “central obrera” cuyo núcleo más importante son los estatales de ATE y el PCR dirige la CCC) y, con una retórica progresista, movilizan el descontento de sus bases siempre con la intención de que las cosas no salgan de su cauce. Por abajo, en los lugares de trabajo, su rol es fundamentalmente conservador.

 

Una breve historia de sus posiciones políticas bastará para pintarlos de cuerpo entero. Respecto a la CTA, nace dirigida por el candidato a presidente del “Frente Popular”, Víctor De Gennaro, y son ni más ni menos que el ala más “progre” de la burocracia sindical argentina. Su “acta de nacimiento” es la traición del “maestrazo” del 88’. Se separan por esos años de la CGT con dos gremios nacionales de importancia en sus manos, el ya mencionado ATE y la CTERA docente. Veamos: apoyaron al Gobierno de la Alianza, boicotearon la movilización del 20 de Diciembre del 2001, fueron kirchneristas hasta el 2008, ese año apoyaron la rebelión de los sojeros, a raíz de eso se rompen y un ala forma la CTA Yasky (kirchnerista) en 2010, en las elecciones de ese año son parte del fraude cruzado que caracterizó las elecciones de la Central de ese año, en 2011 son parte de las listas del FAP (encabezadas por el “socialista” burgués Binner). Finalmente, están aliados estrechamente con la Federación Agraria, entidad patronal que fuera parte de la célebre “Mesa de Enlace”. Algunos “izquierdistas” desorientados (MST) pretenden desvincular al michelismo de toda responsabilidad por la CTA K, cuando aquella está conducida por la auténtica dirección de la CTA durante casi toda su trayectoria burocrática y que ahora son simpatizantes… ¡del Papa! (2)

 

Respecto del PCR-PTP comenzaremos por decir que son abiertamente estalinistas. Teorizan que existe un ala “progresiva” de la clase capitalista, una “burguesía nacional” con la que habría que aliarse (3). Veamos: apoyaron al Gobierno de Isabel Perón en los 70’ (con la excusa del posterior golpe militar), consecuentemente boicotearon las huelgas de 1975 que echaron a López Rega, apoyaron el levantamiento fachistoide de los “carapintada” en los 80’, fueron parte de las listas de Menem en el 89’ (¡Voilá la “burguesía nacional”!), fervientes sojeros en el 2008, parte de Proyecto Sur en 2011 para luego llamar a votar al FAP.

 

No dudamos de que éstas organizaciones tienen una trayectoria consecuente… consecuentemente han sido la quinta rueda del carro de la burguesía. Pero los capitalistas tienen bien alineado su carro con las ruedas del FPV, el Frente Renovador, el PRO y el UNEN. En tales circunstancias, la quinta rueda no le sirve a nadie.

 

Marx escribió una vez que la historia se repite dos veces, una como tragedia y otra como farsa. Veamos al “Frente Popular” argentino del siglo XXI ¡Eh aquí la repetición/farsa!

 

Patria Grande y el reformismo “posmoderno”

Patria Grande es una organización que tiene como puntos de referencias a los Gobiernos neo-populistas  de Chávez y Evo Morales fundamentalmente. Su fundación data del año pasado, siendo una fusión de La Mella y uno de los tres sectores en que se dividió el Frente Popular Darío Santillán (FPDS). Se trata de una organización con peso fundamentalmente en el movimiento estudiantil, siendo parte clave de la conducción de la FUBA y la FULP (donde son hegemónicos). Allí cumplen un rol eminentemente conservador y han llegado al punto de ser parte de la gestión de las camarillas/autoridades K de varias facultades (sin por eso sonrojarse cuando se hacen llamar “independientes”). No pretendemos extendernos mucho en esta organización ni reseñar su política detalladamente, remitimos a un muy buen artículo del año pasado publicado en nuestro periódico y escrito por tres compañeros de nuestro partido que fueran militantes del FPDS (4).

 

Brevemente diremos que están por principios en contra de la política de independencia de clase. Lo suyo es el apoyo a las variantes capitalistas más “izquierdistas” y han reivindicado sistemáticamente las medidas “progresivas” del kirchnerismo (perdiendo de vista que esa medidas no dejan de ser burguesas). Su llamado electoral incluye al FIT, a “todos” quienes fueran parte de Proyecto Sur (sí, literalmente todos), a la UP (¡por supuesto!) y a “sectores descontentos” del kirchnerismo (fundamentalmente el Mov. Evita). Su consigna es “Unidad en las calles, unidad en las urnas” (ver su periódico Cambio n° 11). Por supuesto que frente a reivindicaciones específicas y concretas hemos estado “en las calles” con la militancia de PG, pero el haber participado de las movilizaciones convocadas por el moyanismo contra el impuesto al salario no nos lleva a querer compartir fórmula con Moyano. En el terreno electoral, semejante “unidad” es confundir la política de independencia de clase con su contrario. Allí no hay “unidad”, sólo confusión.

 

Los renegados del trotskismo: el MST

El MST supo ser una de las principales fuerzas de la izquierda trotskista en nuestro país, aunque siempre fue la más oportunista. A partir del 2008, con el ferviente apoyo de esta corriente a la Mesa de Enlace sojera, han dado un salto en calidad en su adaptación. Ese también fue el año de su profunda debacle. Perdieron militantes a gran escala a lo largo y ancho del país, así como casi toda su influencia, aunque se mantuvieron residualmente en algunos lugares del interior, hecho que les permitió sostener la ficción de un mítico “crecimiento”.

 

Desde hace tiempo su planteo central es que habría que construir una “alternativa amplia y plural de la izquierda social y política” (así dicen repetidas veces en sus llamados al FIT y particularmente en un artículo del 25 de junio del año pasado titulado “El sectarismo está condenado a la esterilidad”). La “izquierda” así nombrada incluye naturalmente a la UP y la CTA. Esto evidentemente es una continuidad de su planteo de “construir un gran movimiento emancipador” en oportunidad de su participación en Proyecto Sur y su apoyo acrítico a Pino Solanas. El contenido no disimulado de este planteo es que la izquierda revolucionaria por sí misma sería incapaz de convertirse en una alternativa para amplios sectores. De ahí la necesidad de “amplitud”. Lo que los ex-trotskistas no comprenden es que entre la izquierda revolucionaria y la “izquierda” reformista no hay simples “matices” ni diferencias ideológicas. Lo que nos separa es que unos son agentes de la subordinación a la clase capitalista (conscientemente o no) y otros de la independencia respecto a ella.

 

Sigamos este razonamiento. En una nota criticando al PO dicen “Esa, es la lógica de los sectarios, poner por delante las diferencias por encima de los acuerdos programáticos que pueden existir.” (Alternativa Socialista n° 631). Es decir, todas las diferencias se saldan con firmar un papel con algunos puntos reivindicativos comunes. Varias veces en la historia, el reformismo (y hasta corrientes de la burguesía) han “firmado” acuerdos de “programa” con fuerzas de la izquierda. Pero un mismo punto “programático” tiene un contenido completamente diferente dependiendo de quién lo diga. Si la formulación viene de una corriente revolucionaria, la consigna sirve para avanzar en la independencia política de nuestra clase. Si viene de una corriente burguesa o pequeño burguesa, es una herramienta de engaño. Por ejemplo, con esa lógica en 2003-2004 bien podríamos haber firmado un “programa común” con el flamante gobierno de Kirchner con el punto “Juicio y castigo a las Juntas Militares”. Hacer semejante cosa hubiera sido sólo confundir. El contenido kirchnerista de esa fórmula era la re-legitimación “democrática” de las fuerzas represivas. Para nosotros significaba ir más allá para debilitarlas y plantear su desmantelamiento.

 

Recientemente, el MST gustó de posar de abanderado de la “unidad de la izquierda”… después de años de insistir en la necesidad de que la izquierda se diluya en organizaciones como Proyecto Sur y el Frente Cívico de Córdoba. No hacerlo era también “sectario” porque esas eran las “alternativas amplias” que tanto necesitábamos. Por supuesto, ninguna conclusión sacan de que la primera es parte del UNEN con la UCR y la segunda es ahora aliada potencial… ¡del PRO!

 

Los ex trotskistas se indignan si uno los llama reformistas o de centro-izquierda, pero en la nota citada más arriba también hablan de una política electoral que sea “alternativa de gobierno”… Es decir, la izquierda “trotskista” (no ponemos todas las comillas necesarias pues ocuparían toda una página) pretende ser gobierno sin radicalización de la lucha de clases, sin organismos de poder, con un simple acuerdo electoral… ¿Qué es esto sino reformismo de manual? También han hecho propia una repugnante práctica de la política burguesa: los slogans bonitos sin contenido. “Nueva izquierda”, “la izquierda tricolor” son algunos de ellos. Todo esto mezclado con categorías de la izquierda marxista tales como “sectarismo”. Se equivocan. El sectarismo consiste en la incapacidad para ganar influencia como corrientes revolucionarios aprovechando los fenómenos de la realidad. Pero el crecimiento de nuestra influencia necesariamente es a costa del reformismo burgués y pequeño burgués, siempre en contraposición a nuestros adversarios, nunca a su lado ni siendo parte de la difusión de sus ficciones. Pero ésta no es su política. Sus esfuerzos están dirigidos hace años a subordinar a los partidos de la clase trabajadora a la “izquierda” del régimen político capitalista.

Fernando Dantés

 

 

 

 

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