Un desastre capitalista

 

Hace un poco más de un año desde estas páginas se escribía y denunciaba sobre una catástrofe evitable, teniendo como mayores afectados los trabajadores y sectores populares de la ciudad de La Plata y barrios de Ciudad de Buenos Aires, además de incluir zonas del interior de la provincia de Corrientes (Bella Vista). Comenzaba la nota con la siguiente cita: “Es tiempo de recordar que los desastre naturales no existen. Un desastre es la expresión social de un fenómeno natural. Y los desastres no comienzan en el momento que los vemos, sino que son objeto de una lenta construcción social”.  (Antonio Elio Brailovsky, La Nación, 3 de abril 2013.

Al cierre de esta edición siguen bajo el impacto de las inundaciones diferentes zonas del litoral argentino. La situación se vio agravada el día 28 de junio con la crecida del río Uruguay, que dejó varias localidades aisladas y unos 3.200 pobladores evacuados en Misiones. EnFormosa, con casi 8.000 evacuados, la mayoría de los desplazados se dividían entre Formosa Capital y Clorinda, producto del desborde del río Paraguay. En Chaco y Corrientes, 3.000 personas, entre evacuadas y autoevacuadas, debieron abandonar sus hogares[1]. Cabe mencionar que hay zonas del Paraguay donde también 15.345 personas están perjudicadas por la situación[2].  Lo primero que queremos hacer desde estas páginas es expresar nuestra solidaridad con los trabajadores y el conjunto de la población que fueron afectadas.

Intentaremos dar una explicación sobre las cusas de este desastre:hay una combinación de factores articulados entre sí que inciden sobre la problemática.

En estos últimos días la prensa burguesa en su conjunto acentúa, describe, que las inundaciones se deben a una “tragedia climática” o bien simplemente al aumento de los caudales del río Pilcomayo, Bermejo, Paraná y Uruguay por las intensas lluvias. O bien en el relato del discurso de la Presidenta: “Estamos realizando una tarea articulada con las Fuerzas Armadas y de Seguridad, el Ministerio de Desarrollo Social y los gobiernos provinciales y municipales. La ayuda continuará luego con las reparaciones de infraestructura de las viviendas que fueron afectadas en las cuatro provincias. Una vez más, como fue en La Plata, Córdoba, Rosario, Mendoza y San Juan, ante una situación de inclemencia climática, el Estado está al lado de quienes más la padecen”. Con sólo la reparación de los daños no alcanza, aquí debe quedar clara la responsabilidad del Estado y sus funcionarios a cargo, del sistema social edificado en torno a la búsqueda desenfrenada de ganancias y del modelo de producción basado en grandes extensiones del monocultivo de la soja, la  desforestación y las incidencias de las diferentes represas  en la zona.

Porque la realidad es muy distinta a la de ese relato interesado, los desastres “puramente” naturales no existen, lo que transforma un fenómeno de la naturaleza en desastre son razones sociales: “lo preparada que esté o no la sociedad para enfrentarlos. Todo depende de la estructura social que impacta el fenómeno natural, no del fenómeno natural como hecho aislado”. [3]

El agronegocio y los gobiernos en el centro del desastre

Para pensar en el presente y el futuro tenemos que mirar el pasado desde una perspectiva histórica. Desde las décadas anteriores los pueblos originarios, campesinos y obreros, sufrieron (sufren) el destierro, y las expulsiones masivas de sus gentes. Esto se daba por la conquista de los recursos naturales, los que se realizaban desde una perspectiva capitalista extractivista, pero hoy los territorios han cambiado y la lucha no es por un producto, es por todo. Y ese todo es la tierra y todo lo que en ella habita. Desde esta mirada los datos más recientes indican que en el territorio nacional existían, en el año 1996, 100.000.000 millones de hectáreas de monte nativo, y para el año 2006 sólo quedaban 30.000.000 millones de has. de monte nativo. De los datos del Ministerio de Ambiente de Nación se desprende que por cada 70.000 has. desmontadas para mono cultivos, 400 personas son desplazadas. En tan sólo diez años, 5.000 personas por día se vieron forzadas a perder su tierra, su cultura, su trabajo, y la tierra perdió bio-diversidad, se desertificó, con el necesario y forzado cambio de clima en estos territorios, no ya como una mirada global necesariamente lejana, sino con hechos concretos y palpables para las poblaciones afectadas.

Las consecuencias del efecto invernadero: El planeta mantiene una temperatura promedio de 15º centígrados, con la tendencia de aumento de 1º por siglo. Sin embargo, en los últimos 50 años el planeta aumentó casi 2º centígrados, con la consecuencia de la pérdida de masas de glaciares y el aumento de los mares. Las inundaciones en estados normales se daban con ciclos de 10 a 15 años, pero hoy debemos saber que las condiciones han cambiado y los pueblos, o sea los trabajadores, padeceremos en menos tiempo más “catástrofes ambientales”. A esto debemos sumar enfermedades que no eran comunes en esta región como la leishmaniasis, que se transmite por el carachai, dengue el que por pérdida en su ambiente se ve forzado en otros ambientes, con la posible y real transmisión de este virus.

Los efectos se ven a nivel continental y planetario, muchas de las inundaciones que hoy padecemos en el litoral son causa de la pérdida de vegetación en las nacientes de los ríos Paraná, Paraguay y Uruguay, sabiendo que las plantas absorben el 60% del agua de lluvia y tan sólo el 40% es drenada y absorbida por la tierra.  Esto es producto, como mencionábamos con anterioridad, sobre la concentración de la tierra, vinculada a la desforestación de los bosques nativos para el monocultivo. Latifundios extensivos e intensivos de soja, principal sostén de la política económica K, por medio de la cual se obtienen la mayor cantidad de divisas extranjeras o sea dólares. Inclusive esos dólares son utilizados para pagar la deuda externa, lejos de ser destinados para las obras públicas necesarias que eviten los desastres sociales.

Estas dramáticas inundaciones suceden porque por al fenómeno natural se adosa la desidia gubernamental y el deterioro de toda la infraestructura del país; la falta de obras de prevención y la falta de mantenimiento de las mismas. Así ocurrió en el caso de Clorinda donde lo fallaron las bombas a causa del mal estado de las bombas. Allí los responsables directos son el gobierno kirchnerista de la Provincia de Formosa, la Intendencia de Clorinda y la empresa Loma Hermosa. 

En el caso de Misiones, con la enorme y rapidísima crecida del Rio Uruguay, se quiere hacer creer que todo se debió a los fenómenos naturales, pero se oculta  y nada se dice de la rotura de una represa en el Estado de Santa Catarina, sur de Brasil, que provocó el fenomenal aluvión de agua sobre el Rio Uruguay, que al desbordarse inundó el pueblo de El Soberbio al norte de Misiones, provocó miles de inundados en Corrientes (Santo Tomé, y otras ciudades sobre el Rio Uruguay), poniendo en  jaque también a la provincia de Entre Ríos, con consecuencias directas sobre la represa de Salto Grande en Concordia.

Esto nos muestra que este desastre no es una negligencia exclusivamente argentina, es el resultado de un mega negocio trasnacional que esta apañado tanto por el gobierno de Cristina Kirchner en la Argentina, como por el gobierno de Dilma Rousseff en Brasil.

 

Francisco Laya

 

[1]Data chaco.com

[2] Secretaria de Emergencia Nacional Paraguay

[3] Periódico SOB Nº 246

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