¡Cómo mejoró esta alumna! 

“Hubo tranquilidad [en la reunión de las seis principales cámaras empresariales] por la certeza de que el gobierno terminará su mandato sin complicaciones. Había inquietud por la marcha de la economía. (…) Creemos que se hizo lo que se tenía que hacer para que esté todo listo para el recambio institucional de 2015” (Gustavo Weiss, directivo de la Cámara de la Construcción, 2-4-14)

 

“La estrategia del gobierno de conseguir por todos los mecanismos posibles dólares frescos para fortalecer las reservas desde hoy hasta diciembre de 2015 alcanza ya al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM). Entre ambos, y sumando préstamos ya otorgados y nuevas líneas a negociar en los próximos meses, el gobierno quiere conseguir unos 7.000 millones de dólares en el próximo año y medio” (C. Burgueño, Ámbito Financiero, 1-4-14)

 

 

Y llegó el tarifazo. La llamada “quita de subsidios” para el gas y el agua implica aumentos de hasta el 280% en gas y el 400% en el agua, aunque los verdaderos números no se sabrán del todo hasta que lleguen las boletas. La explicación técnica del tarifazo (perdón, quita de subisidios) fue escueta y pobre; dio toda la sensación de que se armó un número a ojo para después ajustarlo (no es el único caso; ver más abajo). Pero pronto se vendrá el aumento de la tarifa de electricidad, y el escenario es que el esquema de tarifazos, sin ser salvaje, es un verdadero golpe de timón respecto del manejo tarifario de los años anteriores. Queda por ver si al gobierno le alcanzará con esto para empezar a equilibrar los agujeros fiscales, lo cual es bastante dudoso, como enseguida veremos.

Empecemos por señalar que la famosa “segmentación” de las tarifas (el insólito argumento oficial es que el tarifazo se trata de un acto de justicia redistributiva) deja afuera a los usuarios con mayor capacidad de contribución: los empresarios. En efecto, las industrias han sido explícitamente excluidas del aumento, con el argumento de “cuidar el nivel de actividad económica” (aunque probablemente pese más el temor del gobierno a que la patronal traslade sus mayores costos directamente a los precios, como hacen siempre).

Otro dato revelador es el que dio Cristina: para el Estado es mucho mejor negocio reducir el consumo (conducta que recibe premio en la boleta) que cobrar más por metro cúbico. Es muy cierto. Pero eso muestra que la carga de importar energía es tan pesada que al “modelo industrial” le cerrarían mucho mejor las cuentas si la industria no existiera. Como siempre dijimos, el Estado vive de los agrodólares, y para la economía en su conjunto, desde el punto de vista de la generación de divisas,  la industria es más un lastre que un motor. Tan frágil es su capacidad competitiva (y tan profundo es el giro “ortodoxo” del gobierno) que el kirchnerismo prefiere afrontar las iras de millones de usuarios (y votantes) antes que aumentar el costo de la energía para la industria. ¡Vaya “modelo sustentable”!

La mochila del gas importado es tan pesada que, aunque todavía no se anunció, en realidad el nuevo costo del servicio seguramente va a incluir no sólo el retiro del subsidio, sino un aumento de la tarifa propiamente dicha, acompañando el aumento del precio del gas foráneo (Silvia Peco, Ámbito Financiero, 31-3-14). Como señalamos en la edición anterior, el efecto de la devaluación es siempre mixto. En el caso de la energía, que se importa cada vez más, el resultado es que obliga a un aumento muy fuerte (se calcula del orden del 300%) en la tarifa domiciliaria, o si no, un aumento proporcional del subsidio. Según el neoliberal Fernando Navajas, este tarifazo no llega a cubrir el aumento del costo del gas importado que representa la devolución, mucho menos a generar ahorro fiscal. Pero en este caso, la economía va por detrás de la política: lo que importa más al gobierno no es resolver los agujeros fiscales (para eso el plan es otro), sino no dejar dudas a todo el establishment empresarial y financiero, local e internacional, que va a seguir haciendo los deberes como corresponde. (1)

Por supuesto, todo esto es música celestial en los oídos del empresariado, que en forma unánime y contundente, vía reunión del llamado Grupo de los 6 -UIA, SRA, ADEBA (bancos), Cámara de Comercio, Cámara de la Construcción y Bolsa de Comercio-, apoyó el tarifazo y saludó los esfuerzos del gobierno por “mejorar las expectativas” económicas. Entre esos esfuerzos destacó la devaluación (“estabilización cambiaria”), los gestos a los mercados internacionales y la evidente presión por paritarias a la baja. Veamos estos temas.

 

Hacia la baja del salario y la suba de la deuda

 

Con la invalorable ayuda de la burocracia sindical, poco a poco se va armando un panorama de paritarias por debajo del 30% anual: cerró la UOCRA, la UOM está en eso, los docentes nacionales, marítimos y otros gremios más chicos (y dóciles). El objetivo está claro: que los salarios pierdan por goleada, o al menos claramente, contra la inflación. La consigna K “nunca menos” se ve que este año no aplica para los salarios reales.

Otra noticia que sacudió el ambiente financiero fue el súbito anuncio de que el crecimiento del PBI fue en 2013 del 3%. Esto tiene consecuencias: existe un bono de deuda que tiene una especie de “bonus” por crecimiento. Si el PBI aumenta más del 3,25% anual, ese bonus se paga. Hasta dos días antes del anuncio del número, el pago parecía un hecho: todas las estimaciones previas, incluidas las del INDEC, más declaraciones públicas y privadas de funcionarios, ministros y la propia Cristina hablaban de un crecimiento de cerca del 5%. Nadie lo creía (es otra de los estadísticas contaminadas por la intervención al INDEC), pero se contaba con eso. De golpe, a horas del anuncio, se empezó a correr que había un cambio de metodología, etcétera.

Así, por una vez, oposición y gobierno coincidieron en la cifra, ya que el “índice Congreso” había estimado un crecimiento del 2,9%. Resultado: el Estado ahorra 2.800 millones de dólares que hubieran ido a para a los tenedores de bonos. Y como la timba financiera es así, los “bonos PBI” cayeron, pero los otros subieron… gracias a que este repentino y gratuito aumento de la capacidad de pago del fisco aleja temores de default. Lo notable es que la medida no es definitiva: el propio Kicillof aclaró que se trata de un “cálculo preliminar”, y que el definitivo va a estar en septiembre. Para que se entienda: metemos mano en las cifras para ahorrarnos el pago ahora; si en seis meses el panorama mejora lo suficiente, quién les dice se “tocan” de nuevo las estadísticas y les damos un regalito inesperado.

En lo que hace al gobierno, y tal como señalamos en la edición anterior, avanza ahora con alma y vida hacia el verdadero, único y “sustentable” plan económico que tiene a mano: endeudarse, y en forma. A través de YPF ya consiguió 1.000 millones de dólares (los bonos que emitió la compañía volaron enseguida; había mucho entusiasmo inversor, justamente por el “cambio de clima”). Y el plan es ahora exprimir todo lo posible la vaquita del BID (Banco Interamericano de Desarrollo) y el Banco Mundial: el objetivo de máxima es conseguir créditos por 7.000 millones de dólares, con el argumento de que se podrían liberar créditos anteriores trabados por la falta de arreglo con el Club de París y adelantar otros previstos para 2016.

Si esa plata llega a entrar, si no se desmadran los precios, o el dólar, o los reclamos salariales (como se ve, las condicionalidades son muchas…), entonces tal vez se cumpla el deseo disfrazado de afirmación del representante patronal citado al comienzo. Sí, Cristina y la patronal sueñan con una transición en paz, sin crisis políticas o cambiarias, sin default, sin paros generales, sin inflación desbocada y con “normalización” de las coordenadas económicas y políticas. Pero como eso depende de demasiadas variables, en primer lugar de la respuesta de los trabajadores, lo más probable es que tanto la buena alumna como sus cariñosos protectores tengan un amargo despertar.

 

Marcelo Yunes

 Notas

 

1. Finalmente, el kirchnerismo puede cantar aleluya: el imperialismo y la gran patronal le creen su voluntad ortodoxa. Las señales se multiplican: la invitación a invertir de las petroleras en Houston, delante de Miguel Galuccio de YPF; el informe favorable de la Federación de Bancos brasileña; el citado balance de la reunión del G-6 argentino; el aplauso de The Economist (que hace menos de dos meses fusiló desde la tapa del semanario la política económica kirchnerista), y hasta la tapa de La Nación del 31-3, reconociendo que el gobierno ya no espanta inversores.

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