Madres de Plaza de Mayo –

 

A la memoria de los “Zampi”, los Alberto, los Aníbal, los Federico(*), a través de cuyas madres los conocimos más y mejor

Las Madres: ¿por qué fueron vanguardia indiscutida?

Porque se plantaron frente a TODO. No sólo contra la dictadura, sino contra sus cómplices en la Iglesia, los partidos patronales y reformistas como el PC. Y eso las ubicó en la cresta de la vanguardia.

Dieron la pelea fundamental en la calle, a las puertas de la Casa de Gobierno y se ubicaron como el sector más radicalizado, de lejos, de los organismos de derechos humanos existentes. Combatieron las políticas de los partidos radical y peronista, así como la del Partido Comunista, que dirigían la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. Contra estas variantes patronales y claudicantes del movimiento surgen las Madres de Plaza de Mayo, como sector que enfrenta con otros métodos, la movilización en la Plaza, a los militares y cuestiona al resto de los organismos.

Tampoco se quedaron atrás en la crítica a las principales figuras de la jerarquía eclesiástica que colaboraron con el accionar represivo, a quienes recurrieron, como todos los familiares, en un primer momento. Sus consignas de batalla eran: Aparición con vida y Castigo a los culpables.

Contra ese monstruoso chaleco de fuerza que se montó desde el poder para ocultar y acallar la represión, las Madres consiguieron romperlo, aunque parcialmente. Las condiciones eran muy difíciles. Las denuncias llegaron al exterior, dando lugar a importantes campañas en Europa, esencialmente. En el país, su accionar llegó a una vanguardia, integrada por familiares y partidos de izquierda, ligada a la lucha de los derechos humanos.

No se dejaron intimidar por el brutal secuestro de tres de sus dirigentes, entre ellas la que fuera la primer presidenta del organismo: Azucena Villaflor. Ni por los espías que infiltraron en su movimiento, como el ex teniente de la Marina Alfredo Astiz. Palos, hostigamiento, amenazas, secuestros: nada las paró.

Fueron el sector más aguerrido y expuesto de una generación, constituido esencialmente por mujeres, que apoyaron la actividad y la apuesta a un cambio revolucionario por parte de sus hijos. Otras, en el anonimato, ofrecieron sus casas, sus ahorros y arriesgaron sus vidas para cobijar militantes y amigos.

Las polémicas acompañaban la actividad cotidiana

Pero lamentablemente las Madres no superaron el sectarismo y la atomización en que se recluían cada uno de las organizaciones de derechos humanos, cada una en su “quintita”. Por ejemplo, no levantaban la libertad de los presos políticos cuando, lamentablemente, seguramente muchos de sus hijos estuvieron secuestrados junto a algunos compañeros que luego fueron reconocidos en las cárceles de la dictadura.

Tampoco peleaban la unidad con las otras organizaciones ni tampoco con los partidos de izquierda que éramos parte de esta lucha.

Esto llevó a duras discusiones dentro de la vanguardia, en la cual el PST (Partido Socialista de los Trabajadores) daba una batalla denodada tratando de ligar la lucha en las calles con los trabajadores y el pueblo. Este déficit político atrasó el proceso de maduración hacia una salida a la lucha de conjunto con otros sectores. Lucha que era más que difícil, pero necesaria para avanzar en la pelea contra la dictadura.

El inicio de la resistencia obrera catapultó la lucha democrática

Resistieron y así empalmaron con el proceso de lucha que despuntó con las primeras huelgas obreras en el año 79. Allí surgió la primera movilización unitaria por los derechos humanos, encabezada por las Madres. Fue el 30 de abril de 1981: “Las Madres no estuvieron solas”, fue el titular del periódico del PST posterior a la jornada.

Sin esa imprescindible unidad de acción en las calles no hubiéramos avanzado ni echado a los milicos del Proceso.

Con la llegada del kirchnerismo, las Madres, línea Hebe de Bonafini, rifaron su valiosa independencia política. “El enemigo no está más en la Casa de Gobierno”, declaró su principal referente y levantaron la ronda de los jueves en Plaza de Mayo. Ahora han vuelto a la Plaza, ya que el enemigo vuelve a estar, según sus palabras. Esperamos que las enseñanzas del pasado ayuden al presente y la Plaza de las Madres esté al servicio de la necesaria unidad de acción para enfrentar al gobierno autoritario.

Esa lucha histórica contra el genocidio, de la cual las Madres fueron vanguardia indiscutida, no paró, ni está concluida. Aunque haya tenido logros, marchas y contramarchas, impasses. Está presente en la memoria de nuestros mártires y en la respuesta frente a cada ataque a nuestras libertades y derechos. Por esa razón defendemos a las Madres como a todos los luchadores de ayer y de hoy frente a los avances reaccionarios que quiere imponer este gobierno de ricos y represores. Demostraron, como punta de lanza que fueron en las condiciones más adversas que se vivieron en nuestro país, que aun a los gobiernos más autoritarios y represivos se los puede enfrentar y también derrotar.

Defendemos los avances logrados como parte de la heroica y constante pelea de familiares, trabajadores y el pueblo. De la que fuimos y somos parte, y de la que nadie se crea dueño ni protagonista absoluto.

 

(*) Compañeros desaparecidos del PST cuyas madres fueron activistas destacadas del movimiento de familiares.

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