Una semana entre vacas y matones –

Esta última semana el presidente de la nación, Mauricio Macri, tuvo su agenda ocupada con dos acontecimientos relevantes. Por un lado recibió al presidente de México, Enrique Peña Nieto; y además participó del acto inaugural de la Exposición de la Rural organizada por la oligárquica SRA.

En oportunidad de la visita del presidente mexicano, Mauricio Macri le concedió una entrevista a la corresponsal en la Argentina de la Agencia Mexicana de Noticias, Cecilia González. Las respuestas que brindo el presidente argentino son dignas de alguna reflexión

 

Un asesino de estudiantes y maestros anda suelto por la Rosada

 

Antes que nada dejemos en claro un cosa: Peña Nieto es la cabeza de un Estado narco-policial cuyas fuerzas represivas están acusadas de ejercer sistemáticamente la tortura contra la población, en particular contra las mujeres, las comunidades originarias (de enorme importancia en el inmenso país norteamericano) y los inmigrantes. Además las organizaciones de derechos humanos denuncian que existen más de 28.000 personas desaparecidas; la inmensa mayoría de estas desapariciones ocurrieron durante el gobierno de “Enrique” (como gusta llamarlo “Mauricio”) y no se tiene noticias de su suerte. Además, en este país el femicidio es una verdadera “epidemia”. Y si estos acontecimientos “estadísticos” fueran poca cosa, Peña Nieto es el responsable de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa y del asesinato de maestros en huelga.

Este largo prontuario fue causa y motivo suficiente para que la comunidad mexicana en la Argentina y la izquierda, con destacada participación de la juventud del ¡Ya Basta!, organizara protestas contra la presencia de dicho personaje en nuestro país.

Una periodista interrogó al presidente argentino por las denuncias efectuadas por organismos de DD.HH. que pesan sobre Peña Nieto:

“Periodista: Esta semana organizaciones como Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, el Cels y ayer Amnistía Internacional le enviaron cartas a propósito de la visita de Peña Nieto, para denunciar la tragedia humanitaria que se vive en México a raíz de la guerra contra el narcotráfico. ¿Qué les responde a todas estas organizaciones preocupadas por lo que está ocurriendo?”

“Mauricio Macri: Siempre tenemos que estar todos atentos en defender los derechos humanos en todos los países; eso incluye a Venezuela, donde espero que todos nos pongamos a trabajar para realmente ser solidarios con nuestros hermanos venezolanos”.

“Periodista: ¿Y en el caso de México? Hay decenas de miles de desaparecidos y decenas de miles de muertos. Ahora mismo aquí hay una protesta en Plaza de Mayo de organizaciones mexicanas y argentinas que se solidarizan con las víctimas. ¿Qué les dice a todas estas personas?”.

“Mauricio Macri: Me parece que no me consta hasta ahora que el gobierno de Peña Nieto no haya defendido como corresponde los derechos humanos”.

 

Parece que el presidente Macri no se dio por enterado de las sangrientas represiones en México. Esto es doblemente “curioso” puesto que la Argentina bajo su gobierno no tardó un segundo en acusar a Venezuela de “violar los derechos humanos” por mantener presos a reconocidos golpistas como el ultra reaccionario Leopoldo López (personaje que Macri desea que ande suelto por la calle… como tantos genocidas a los que se está liberando por estas pampas).

Pero la entrevista no termina acá. Cecilia González, ante semejante respuesta, continúa indagando.

“Periodista: Argentina es un ejemplo muy importante en derechos humanos a nivel internacional, en particular por los juicios de lesa humanidad, pero la ONU emitió la semana pasada un informe bastante crítico con respecto a Argentina por el aletargamiento de los juicios: no hay el suficiente impulso, se está enviando a represores, a criminales de lesa humanidad, a prisión domiciliaria, cosa que es sumamente grave. ¿Qué va a responder a estas críticas?”.

“Mauricio Macri: Que es un poder independiente la Justicia, ellos actúan. Lo que puedo garantizar desde que soy presidente es que trabajo todos los días para que cada día haya más institucionalidad en mi país, que actúe como corresponde la Justicia independientemente del Poder Ejecutivo”.

“Periodista: ¿No le molesta, como jefe de Estado, que represores marchen en el desfile del Bicentenario, que un golpista como Aldo Rico marche en las fiestas patrias? Hay sectores que defienden los delitos de lesa humanidad, a los criminales, hay incluso medios en Argentina que defienden la teoría de los dos demonios. Estos sectores se sienten amparados por su gobierno, ¿no le incomoda?”.

“Mauricio Macri: No, no. Yo trato de que la gente acá se exprese con libertad, cada uno tiene distintas visiones, insisto: lo importante es que la Justicia actúe con independencia y no permita que haya impunidad con ningún tipo de delito”.

“Que la gente se exprese en libertad”: ¡qué bello!, ¡qué canto a la vida y a la democracia! Nos hace recordar a aquellas palabras de Carlos Menem cuando impulsó los indultos a los militares genocidas: “Yo no puedo ver ni a los pájaros enjaulados”. Parce que es una característica de los garcas nacionales transformarse en malos poetas cuando quieren reivindicar el derecho del Estado burgués a masacrar al pueblo.

En la Argentina de Macri, es normal que Aldo Rico y los represores del “operativo independencia” desfilen como héroes de la patria. En el paraíso PRO, es parte de la división de poderes que los genocidas como Echecolatz gocen de los beneficios de la “prisión” domiciliaria y que en 7 meses de su gobierno 50 represores hayan salido de la cárcel. Y por supuesto, se considera que es un derecho democrático que el diario La Nación junto con otras agrupaciones pro-milicos justifiquen el genocidio y peleen porque sus perpetradores sean reivindicados y salgan en libertad. Es como si uno de los principales diarios de Alemania saliera a editorializar sobre las virtudes de Hitler y las arbitrariedades de los juicios a los jerarcas nazis.

Nosotros, los socialistas, reivindicamos plenamente la libertad de expresión porque es una conquista de los trabajadores y sectores populares frente al poder de la burguesía y su Estado; pero de ningún modo extendemos este derecho ni al fascismo ni a sus defensores.

En realidad esto pone de manifiesto la verdadera visión que tiene Mauricio Macri sobre los derechos humanos. Nada importan una, dos, mil mujeres asesinadas, violadas y torturadas; nada importan miles de desaparecidos; nada importa la represión y la masacre de estudiantes y docentes que protestan contra las políticas neoliberales de los gobiernos. Para él nada de eso es motivo de denuncia. O por lo menos parece que “no le consta”.

 

Oligarcas y reaccionarios al grito de “Sí se puede”

 

Claro que a Macri no le bastó con defender y condecorar al asesino Peña Nieto. Pocos días después fue a la inauguración de la Exposición Rural en Palermo a dar el tradicional discurso de apertura destinado al presidente.

Allí el señorito se encontraba a sus anchas. Apenas el pope de la Sociedad Rural mencionó su nombre, una manada exultante se puso de pie; recorrió la tribuna una energía “de esas que no hay que ahorrar” (Mauricio dixit), las manos agitadas provocaban que las joyas retintinearan, el público enardecido vociferaba al unísono: “¡Sí se puede! ¡Sí se puede!”.  Ese era “su” público, era “su” gente. Su hora de gloria había llegado; fue recibido como un libertador. La escena combinaba, en una exquisita armonía, los más caros perfumes franceses con el olor a bosta que emanaba de tan típico escenario. Era la oligarquía nativa que le brindaba tributo a “su” hombre. Ese que no dudó en encarecer todos los alimentos con tal regalarles millones de pesos por medio de la eliminación de las retenciones a la soja. Quien les entregó la devaluación para que ellos engorden sus bolsillos. Fue un espectáculo digno del cuarto círculo de Dante.

Pero eso no fue todo. Entre tan exquisita concurrencia estaban ellas, las incansables “luchadoras” por la libertad de los genocidas. Esposas, amigas y familiares de asesinos, secuestradores y torturadores de miles de trabajadores, jóvenes, estudiantes. Son el polo opuesto de las Madres de Plaza de Mayo. Señoras gordas y oligarcas que bregan por que se reconozca el mérito de sus maridos de haber salvado a la Argentina de la infiltración comunista.

Allí estaban ellas admirándolo a él, aplaudiendo a su presidente. Con la llegada de Mauricio, su pecho se llenó de nuevas esperanzas. Si se animó a tanto en tan poco, si permitió que golpistas, carapintadas y represores desfilaran el 9 de julio, si defendió a Peña Nieto, ¡claro que se puede!

 

Macri recrea la teoría de los dos demonios corrida a la derecha

 

Nada de lo ocurrido en estos meses es simple coincidencia ni descuido del gobierno. Macri y Cambiemos están tratando de imponer un relectura de lo ocurrido en la última dictadura militar. Ese es el contenido profundo de las declaraciones de Macri cuando afirmó que ya es hora reivindicar a las Fuerzas Armadas.

Tras el derrumbe de la junta militar (pos derrota en Malvinas), el gobierno de Alfonsín, con la colaboración de Ernesto Sabato al frente de la CoNaDep, quiso imponer lo que se conoció como la “teoría de los dos demonios”, la cual ponía un signo de igualdad entre los genocidas y la guerrilla. Alfonsín, presionado por la bronca popular contra los genocidas, avanzó con el juicio a las juntas militares, pero luego, presionado por Aldo Rico y sus “carapintadas” como representantes de las segundas líneas de represores, transó la impunidad por medio de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Luego Menem intentó terminar de cerrar el cerco de impunidad con los indultos. Nadie esperaba que el Argentinazo de 2001 obligase a que se escucharan las voces contra la impunidad y que se derogasen dichas leyes e indultos.

A la burguesía no le gusta nada que sobre sus fuerzas represivas, garantes últimos de su dominio, sobrevuele un permanente manto de ignominia. Y no le perdonan al gobierno anterior que haya dado tal concesión al movimiento de masas. Macri, siguiendo los pedidos del diario La Nación (centenario vocero de la oligarquía), pretende volver a inclinar la balanza. Ahora quieren una reivindicación completa de su accionar y la libertad de sus ejecutores.

El objetivo de este nuevo relato no es sólo liberar a los represores, sino ante todo fortalecer a las fuerzas de seguridad para luego reprimir las luchas que van a estallar como consecuencia del brutal ajuste que se está aplicando.

La complicidad con el represor mexicano Peña Nieto no está solo movida por el deseo de hacer negocios. Lo que los alía es algo mucho más fuerte: el interés de clase. Ambos presidentes de dos países capitalistas son conscientes de que uno de los atributos del Estado burgués es mantener a raya a la población para que los empresarios puedan hacer negocios. A eso en definitiva se reduce la tan mentada “previsibilidad” y “garantías” para hacer negocios que exigen los capitalistas.

Por eso, igual que repudiamos la presencia de Peña Nieto y nos solidarizamos con el pueblo y los trabajadores de México, es necesario denunciar abiertamente este intento de rehabilitar a las fuerzas armadas para fortalecer su eficacia represiva.

 

Martín Primo

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