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La semana pasada tuvieron lugar una serie de hechos de carácter mediático que generaron diversas tomas de posición editoriales en los medios masivos de comunicación. La contienda se originó luego de que el humorista Freddy Villareal realizara una imitación de Mauricio Macri en el programa televisivo ShowmatchEn su performance Villareal se sacaba la ropa hasta quedar en ropa interior parodiando las declaraciones hechas por el presidente semanas atrás,en las que llamó a limitar el consumo de energía de los hogares y que generaron un alto repudio de parte de la mayoría de la población.

Horas después de la emisión del sketch en el marco del ciclo “Gran Cuñado”, Marcelo Tinelli denunció una operación, a su entender montada por el gobierno, mediante la cual se habrían financiado la utilización de cientos de cuantas falsas en la red social Twitter para generar una masiva campaña en su contra bajo en hashtag #TinelliMercenarioK, entre otros.

La repuesta de Macri no se hizo esperar y para difundirla eligió a su más fielservidor del periodismo patronal, Joaquín Morales Solá, que le hizo una entrevista que fue publicada el domingo posterior en el diario La Nación.  ”Es increíble que se ofenda. Tinelli me satiriza de mala manera ante tres millones de personas en televisión y se ofende porque lo critican 30.000 tuiteros”[1] afirmaba Macri aquel día ante Solá que días después vio como Tinelli y Macri se abrazaban como los viejos amigos que siempre fueron en una reunión que mantuvieron en Olivos. En efecto, no pasaron muchos días hasta que el presidente invitó a Tinelli a una reunión privada en la que limaron asperezas, después de todos sus intereses no difieren mucho, entre empresarios burgueses se entienden.

Por supuesto que para el órgano de difusión histórico de la derecha más rancia, ahora en el poder, La Nación, esta reunión resultó ser una ofensa casi imperdonable:“el jefe del Estado confunde también cuando trasmite a un periodista de la jerarquía de Joaquín Morales Solá, en la columna dominical de la semana última, palabras de inequívoca incomodidad con la parodia persistente de la que es objeto en el programa televisivo de tanta audiencia al que nos referimos, y después va a abrazarse como si nada con el responsable de aquellas burlas” [2]sentenciaba la editorial del último domingo del diario.No es difícil de entender lotraicionados que se debieron sentir estos lacayos de Cambiemos,luego de“bancarle los trapos”a Macri antes, durante y después de la campaña y de publicar toda la semana notas repudiando desde varias secciones“la ridiculización de la figura presidencial”.

En la vereda opuesta, el diario Página 12 pareció obnubilarse por el discurso aparentemente crítico de las medidas de ajuste del gobierno que esbozaba en la parodia el programa y olvidarse de quién es Marcelo Tinelli y qué representa dentro de la TV argentina.En una nota firmada por Emanuel Respighi se afirma lo siguiente:“Al fin de cuentas, Tinelli es la máxima figura televisiva de la TV argentina, la que más audiencia cosecha desde hace más de un cuarto de siglo y la que por su popularidad mayor influencia tiene entre los televidentes/ciudadanos. Nadie puede seguir sosteniendo que Tinelli es apenas un animador. Es mucho más que eso: es un factor de poder comunicacional único en el país. Aún con sus fuertes detractores por los valores que pone en pantalla, su vigencia en la televisión lo posicionan como una figura influyente.”[3] Un diario que se ha destacado desde siempre por ser un profuso difusor de una crítica cultural en términos progresistas, de manera asquerosamente condescendiente, se limita a afirmar y a legitimar a Tinelli por el único parámetro del rating, sin plantear  ningún tipo de crítica, ni cuestionamiento.Lamentablemente, parecen haber entrado en la confusión de que Tinelli podría ser ahora un aliado mediático en la lucha contra este gobierno reaccionario y ajustador, cuando en verdad el origen del aparente enfrentamiento entre Macri y Tinelli se puede situar en las intenciones frustradas del productor televisivo y (sobre todo) empresario capitalista de presidir la AFA en cuyo fracaso tuvo mucho que ver la mano gobierno. Fue luego de que sus ambiciones cayeran en saco roto, que Tinelli, el mismo que durante la década del 90 fue el más esbirro representante televisivo de la farsa menemista, abonando con su “pum para arriba” la idea de que mientras miles de argentinos se quedaban sin trabajo “estaba todo bien”; que fue socio de Cristobal Lópezdurante parte del período kirchnerista en la que Grupo Indalo se erigió multimedio oficialista, ahora se muestra indignado en las redes sociales ante el tarifazo y ridiculiza al presidente en su programa de TV. La única crítica que puede esbozarRespighi sobre Tinelli (a la que igual deja ver que no adscribe él o el diariosino “los detractores” de Showmatch)es que difunda “valores cuestionables” desde su programa. Por su puesto que esto es así y el programa viene difundiendo desde siempre un discurso de degradación hacia las mujeres, cuyos cuerpos son exhibidos a manera objetos de consumo, la exposición de niños y niñas de fama fugaz y prematura por la cual son manipulados frente a las cámaras, la discriminación solapada hacia la comunidad LGTBI, la burla a personas con capacidades diferentes etc.   Pero todo éste discurso es producto de un modo de hacer que sevolvió hegemónico en la televisión, al que podemos llamar, tomando prestada una definición de docente e investigador en Comunicación Carlos Mangone, “Tinellismo”[4]. Esta matriz se enmarca dentro del modelo televisivo actual que Umberto Eco definió como Neotelevision[5], que entre otros aspectos está fuertemente anclada en la autor referencialidad, es decir, que no hace más que hablar todo el tiempo de sí misma y de la relación que está construyendo con el espectador.Entonces, es posible que muchos laburantes que ven programas de TV como Showmatch para distraerse de sus presiones cotidianas se confundan también ante esta manera en la que  Tinelli ahora que parodia al presidente. Primero, hay que pensar que el recurso de la ironía le viene perfecto porque se trata justamente de un gesto por el cual se burla de un aspecto de la realidad pero no se pone en cuestionamiento ninguno de las causas de su origen, ni se invita a luchar contra la injusticia, sino más bien a la risa resignada de quién cree que no puede hacer nada. Luego, hay que decir desde qué lugar habla Tinelli en su twitter o través de su parodia. El lugar desde el cual habla hace evidente a qué sectores representa, que están bastante alejados de los televidentes que lo ven a diario, ya que otro de los aspectos de del “Tinellismo”, que hace años que domina también toda a industriade los medios de comunicación hacia adentro, son las modalidadesde trabajo concontratosprecarizados, donde la idea del “que se hizo de abajo sirviendo café en la radio” (remitiendo al mismo Tinelli o a Pergolini) sirve como paradigma que legitima modos de explotación aberrantes, como el trabajo en negro, las colaboraciones ad honoren y las pasantías no rentadas por el “derecho de piso”.

En conclusión, Tinelli habla desde su lugar de empresario que “aporta al modelo de país” porque “genera fuentes de trabajo” (precarizadas) en la industria televisiva y eso de acuerdo con el modelo de la TV que se mira el ombligo le aporta legitimidad a su discurso. Sin embargo, como todo empresario capitalista, solo juega a favor de él mismo y es en función de sus propios intereses que seguirá acomodando su discurso y trazando sus alianza con el poder de turno.

Verónica R.

[1] La Nación, 24/07/2016.

[2]La Nación, 31/07/2016

[3] Página 12, 26/07/2016.

[4]Mangone, C. (1992) Tinelli: Un blooper provocado. Buenos Aires: La Marca.

[5] Umberto Eco. La estrategia de la ilusión, Lumen, Barcelona, 1999.

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