Rodolfo Torres



“La Argentina es un país con enormes tradiciones de lucha y la paradoja de la asunción del nuevo gobierno es que el movimiento de masas no ha recibido una derrota de conjunto. A esto se le suma que las filas de los trabajadores vienen reforzadas estructuralmente: ver la recuperación masiva del empleo y la emergencia de una nueva generación obrera ocurrida en la última década” (SoB 359, 26/11/15 Un gobierno reaccionario que prepara duros enfrentamientos entre las clases).

 

Nuestro partido ha sido uno de los principales protagonistas en la izquierda del proceso de recomposición de los trabajadores de la última década y media. Desde conflictos iniciales y reinstalaciones como el de Ecocarnes, pasando por un rol bastante protagónico en la pelea del Hospital Francés, la ocupación por varios días del diario Crónica promediando la primera década del nuevo siglo, la inmensa y fundacional experiencia del Neumático en los años 2007/8 y hasta del día de hoy, la ocupación de la Pilkintong y la recuperación de su comisión interna, la heroica gesta de los obreros de Gestamp, por sólo nombrar algunas, nos permitieron acumular enormes enseñanzas.

En este texto, que concebimos como unas simples notas para continuar nuestra reflexión, tratamos de abordar en qué momento está el proceso de recomposición hoy, bajo el nuevo gobierno de Macri.

 

La recomposición como fenómeno objetivo

 

Después del Argentinazo, sobre todo a partir del año 2003 en adelante, hubo una recuperación industrial importante tanto de las PyMEs como de las grandes empresas industriales. Después de casi una década de desocupación de masas, miles de jóvenes entraron a las fábricas en las condiciones de trabajo heredadas de la derrota de los 90: fragmentación (tercerizados, contratados, varios convenios en el mismo establecimiento, trabajo en negro muy extendido), flexibilización laboral, bajo nivel salarial, etc.

Pero para estos centenares de miles de jóvenes que entraron a partir del 2003 la derrota era un dato, un hecho de la realidad y no un golpe sufrido sobre sus espaldas sino en las de sus padres. Una nueva generación obrera entró a las fábricas y empezó a hacer su experiencia. Estos miles de jóvenes entraron más bien con los aires del “que se vayan todos”, no con el espíritu del que “el último que apague la luz”, típico de los 90.

 

La ausencia del movimiento obrero en el Argentinazo

 

El Argentinazo trajo la emergencia de un movimiento social inmenso y progresivo: el de los trabajadores desocupados y sus familias, y muchas veces fueron las mujeres la vanguardia del proceso. Proceso eminentemente barrial y popular, el movimiento obrero estuvo ausente como tal en el Argentinazo[1]. Sólo el fenómeno muy progresivo de las empresas recuperadas tuvo a los trabajadores desde su lugar de producción como protagonistas; pero también hay que decir que fue un fenómeno muy poco extendido.

La explicación de esta ausencia es la burocracia sindical. Cómplice de las derrotas de los 90, en la mayoría de los casos se convirtieron en “sindicalistas empresarios” y de conjunto en garantes de las transformaciones antiobreras en el mundo del trabajo.

La burocracia convocó a la huelga general más corta de la historia del movimiento obrero argentino; mientras De la Rúa escapaba de la Rosada en helicóptero se llamaba al paro, media hora después con la renuncia lo levantaba…

En síntesis: la burocracia de conjunto salía debilitada estructuralmente por el desempleo de masas y políticamente desprestigiada por ser cómplice de las derrotas y agente de aplicación de las transformaciones antiobreras. Cuando se cantaba “que se vayan todos, que no quede ni uno solo”, indudablemente la burocracia sindical entraba en el “todos”.

 

Importantes experiencias de vanguardia en el seno de la clase obrera (2004-2014)[2]

 

La recomposición no fue sólo “objetiva”, no fue solamente la entrada de una nueva generación al mundo del trabajo, fue también una recomposición subjetiva. Es decir: sujetos que lucharon, que se organizaron, que llevaron adelante enormes conflictos colectivos, que recuperaron métodos históricos -sobre todo de la asamblea­-, en algunos casos se recuperaron delegados, cuerpos de delegados, internas y mucho menos seccionales y hasta sindicatos. Se formaron agrupación y listas sindicales, se confrontó con la burocracia en la lucha y también en las elecciones. La recomposición fue el reflejo del Argentinazo en el movimiento obrero. [3]

Hubo toda una serie de conflictos importantes que cruzaron la última década. La mayoría de los casos fueron conflictos por establecimiento con motivos económicos o por condiciones laborales o por ambos simultáneamente; un segundo rasgo es que fueron rebeliones antiburocráticas, o por lo menos fuertemente enfrentados a las direcciones tradicionales, y tuvieron un gran componente asambleario.

Otro elemento importante es que surgió una amplia vanguardia en cada conflicto que tomó tareas en sus manos: muy luchadora, muy abnegada, pero también muy despolitizada. Esto también explica el rol decisivo que jugaron las corrientes de izquierda en casi todas ellas y la lucha entre tendencias en cada conflicto. Es decir, una vanguardia con poca personalidad propia –muy distinta en esto a los años 70, por ejemplo-, y que depende mucho de los partidos para su existencia y desarrollo.

En muchos casos había militantes de las corrientes insertos en los lugares de trabajo. Pero tenían un peso numérico molecular; las corrientes jugaron un rol muy destacado justamente por el grado de inexperiencia y despolitización reinante de conjunto. Casi todos los dirigentes estaban ligados o eran directamente militantes de alguna organización y no por “aparatismo”, sino que por su grado de politización y pertenencia a una organización, hacían una diferencia de tipo cualitativo.

Pero esto también constituye una paradoja: porque mientras los dirigentes y un pequeño número de activistas se politizó e integró alguna corriente de izquierda, el pasaje de la lucha reivindicativa inmediata a algún grado de lucha general fue muy molecular, muy dificultoso. La recomposición de conjunto, aunque tuviera inicialmente destellos de “clasismo”, fue más bien antiburocrática, no lográndose elevarse al plano político más general. Otra cosa distinta es decir que era y es necesario pelear por introducir elementos de clasismo en el movimiento obrero.

Esto cabe aclararlo ante la confusión que introducen algunas corrientes (como el PO) que ven “clasismo” y hasta “socialismo” por el solo hecho de tener un militante en la dirección de un proceso. Acá también cabe una segunda aclaración: nosotros entendemos clasismo como alguna práctica, alguna acción, y también la concepción que cuestione lo establecido como tal. Es decir: la pelea para que nos paguen un poco más por ser explotados, no es clasismo. La recomposición tuvo mucho de reivindicaciones inmediatas, mucho de lucha antiburocrática y sólo algunos destellos de clasismo, de cuestionamiento a la condición de explotado como tal, que se fueron reabsorbiendo precisamente por la estabilización del país en su conjunto.

A medida que nos vamos alejando del Argentinazo, la cantidad de conflictos independientes se achica, aunque siguen habiendo luchas, proceso de recomposición y posiciones conquistadas. Pero la reinstitucionalización del país se hace evidente.

 

El 2014 como una bisagra

 

Sin lugar a dudas el año estuvo marcado por los conflictos de Gestamp y Lear[4], dos importantes fábricas autopartistas encuadradas en el SMATA, el gremio industrial más fuerte y concentrado del país, donde la burocracia había sido cuestionada por dos internas independientes y ligadas a la izquierda revolucionaria. Ambos conflictos tuvieron un alto contenido de provocación burocrática-patronal. Ambos tuvieron una repercusión política nacional de importancia.

El primero por el fuerte impacto que tuvo la acción de entrar a la planta ­-fuertemente militarizada- y la toma del puente grúa por 9 trabajadores, que se mantuvieron durante más de 5 días trepados a más de 10 metros de altura, ante la impotencia del gobierno de poder desalojarlos y poner a producir la planta. Esta acción provocó la casi paralización de la industria automotriz y llevo a CFK a decir “que se había terminado el tiempo de la toma del Palacio de Invierno”: la acción de los compañeros –fuertemente influenciados por nuestro partido- volvió a poner los métodos históricos de los trabajadores sobre el tapete. El SMATA salió a pedir abiertamente la represión y el gobierno de la provincia de Buenos Aires revocó la conciliación obligatoria que él mismo había dictado unos días antes.

La larguísima lucha de Lear llevada de las puertas hacia afuera, también tuvo una repercusión política inmensa y recorrió varios momentos. Tuvo otras características a la de Gestamp. En primer lugar, fueron despidos masivos y tuvo el ataque directo a los delegados legalmente elegidos y reconocidos por sus compañeros, por la patronal y hasta por la propia burocracia. Era una interna que venía de años y que había desplazado por completo a la burocracia. El primer paso de la estrategia por la reincorporación de todos los compañeros pasó por la defensa de los fueros y el reingreso a la planta de los delegados. Después de meses de maniobra legales del Ministerio de Trabajo, de la burocracia y de la patronal, incluidos enfrentamientos con la Gendarmería, la lucha fue derrotada.

Ambas derrotas significaron un punto de inflexión de la recomposición en el gremio, pero también más de conjunto: fueron un golpe y un punto de inflexión para toda la recomposición en su conjunto. En primer lugar, porque pusieron a todas las otras experiencias a la defensiva. Y en segundo, porque el gobierno dio carta blanca a las patronales y sobre todo a la burocracia para que usen cualquier medio para recuperar el control de sus gremios, de ser necesario.[5]

En el 2015 estuvo el gran conflicto que llevaron los aceiteros adelante, pero casi fue una excepción, no hubo ningún desborde en ninguna planta importante; de conjunto la burocracia salió fortalecida, cuestión que continúa hasta hoy.

 

Ante una nueva situación

 

“¿Qué es lo más profundo que expresa el triunfo de Macri? Señaliza el final del largo ciclo del Argentinazo (…) Macri encarna el ensayo de un gobierno burgués “normal” (…) Recordemos que al gobierno K siempre lo definimos con un gobierno 100% capitalista que, dadas las circunstancias, se veía obligado a realizar un arbitraje ‘por encima de las clases’ otorgando concesiones aquí y allá (…) Más allá de las bellas palabras, el gobierno de Macri va a tener que optar. Y optará por lo que habitualmente hace un gobierno burgués normal: no por ejercer una mediación otorgando concesiones, sino lo contrario: ¡viendo cómo sacarle cada día una tajada más a los explotados y oprimidos!” (SoB 359, 26/11/15).

 

Confirmando en un todo aquella caracterización, el gobierno, no sólo descarga tarifazo tras tarifazo, aumentos de la canasta básica y paritarias a la baja. Sino que abiertamente Macri está llamando a la justicia laboral a que deje de fallar a favor de los trabajadores. Entre otras cosas, todas las reinstalaciones y reincorporaciones por despidos discriminatorios están en tela de juicio. Se ha empezado a hablar de reforma laboral y que se asiente en estrictos criterios de productividad; es decir: en una mayor explotación y mayor deterioro de la salud del trabajador. Está en estudio una nueva reforma de la ley de ART. Todo habla de un nuevo ciclo político más reaccionario y corrido a la derecha.

Al fortalecimiento objetivo de la burocracia, la Corte Suprema de “injusticia” le dio una manito bárbara: limitó el derecho de huelga; ahora sólo el sindicato con personería gremial podrá convocar al paro. Por fuera de la burocracia todo será ilegal; pone potencialmente en la ilegalidad toda medida que la desborde, es decir, toda la recomposición.

 

No está dicha la última palabra

 

En los últimos meses asistimos a distintas elecciones generales en diversos gremios donde la izquierda se presentó, como en la alimentación (Capital y en pocos días en Buenos Aires), en gráficos, etc. Y estuvo el inmenso triunfo antiburocrático en el SUTNA. Al mismo tiempo, existen centenares de delegados, activistas e internas vinculadas a la izquierda e independientes que han acumulado experiencias y aprendizajes.

Hay un interrogante sobre el futuro del proceso de recomposición que sólo la lucha de clases saldará. De conjunto la recomposición viene golpeada, pero la clase trabajadora no ha sido derrotada. Se puede estar entrando en otro momento, caracterizado por luchas de gremios debido al deterioro salarial y a la presión que sufra la burocracia por las bases, que termine desbordando de conjunto.

Pero eso todavía no ha ocurrido. Además, y contradictoriamente, como venimos señalando, la izquierda ha incrementado su presencia en las elecciones sindicales de gremio; si no ha sido protagonista de luchas directas de importancia desde el 2014, de todas maneras esta participación electoral sindical de la izquierda se ha incrementado, y podría tener nuevos desafíos en el futuro (yendo más allá de los sectores industriales, por ejemplo,en el gremio docente).

La política del FIT no ha ayudado en nada a que la recomposición tome un nuevo protagonismo. El fracasado Encuentro en Racing (responsabilidad directa del PO pero también del PTS, que han dejado congelado de manera oportunista al Frente de Izquierda como una mera cooperativa electoral), le privó de postularse como punto de referencia ante el conjunto contra el ajustazo y el ataque a los trabajadores que realiza el gobierno de Macri.

Un agrupamiento de este tipo serviría, además, como cobertura para las luchas que pudieran venirse en el Neumático, donde no hay por qué excluir que la patronal quiera en algún momento pasar a la ofensiva (no parece ser esta la realidad hoy, pero podría ser mañana).

No hay que perder de vista que hace años el PO no encabeza una lucha de importancia; no tuvo protagonismo alguno en las grandes luchas del 2014, y, además, por ahora el triunfo de la recuperación del SUTNA ha sido un hecho más electoral que expresión directa de una lucha, aunque la recuperación del gremio evidentemente remita a las grandes luchas del 2007/2008 (donde el Partido Obrero no tuvo arte ni parte).

En todo caso, un Encuentro de todo el activismo está planteado por la realidad; porque más tarde que temprano el gobierno va a ir por todo el activismo y por todas las posiciones ganadas.

[1] Esto no quita que en sus comienzos el movimiento de desocupados recogió, sobre todo, la tradición de los trabajadores despedidos de YPF. No por casualidad dos de sus expresiones más importantes fueron en Cutral-Có y en Mosconi, dos localidades eminentemente petroleras.

[2] Esta nota es una reflexión general pero sobre todo basada en las experiencias de Capital y Gran Buenos Aires entre sectores industriales y de servicios. No abordaremos la recomposición entre los empleados del Estado (docentes, judiciales, salud pública, etc.) porque tuvo características propias del sector aunque se pueden encontrar puntos en común.

[3] La lista de conflictos es muy larga, acá pondremos los más emblemáticos a modo de ejemplo: lucha del subterráneo de Buenos Aires por las 6 horas y el reconocimiento del nuevo sindicato. La lucha contra el cierre del Hospital Francés que llevó a su nacionalización, la lucha de FATE de marzo a junio del 2007, que llevó a recuperar el cuerpo de delegados y la Seccional San Fernando en enero del 2008. Mafissa de mediados 2007 a febrero del 2008. El conflicto del Casino Flotante desde fines del 2007 a marzo del 2008. Otra vez FATE desde marzo del 2008 hasta septiembre del mismo año. Massuh desde fines 2008 a mayo 2009 que termina estatizada. Pilkington desde marzo del 2009 a mayo. El conflicto en Kraft, que surge por la epidemia de gripe A y termina en el desalojo violento de la Bonaerense de la planta ocupada por una vanguardia. A partir del 2009 y producto de la crisis capitalista mundial, se da cierto retraimiento de las luchas productos de la recesión y se dan conflictos contra el cierre, los despidos y las suspensiones; acá entran conflictos como el de Paraná Metal y en algunas plantas automotrices de Córdoba (Iveco y VW). En el 2010 se produce el asesinato de Mariano Ferreyra y todo el año es cruzado por la lucha contra la tercerización en todas las líneas ferroviarias y por el esclarecimiento del hecho que termina años después con la cárcel de Pedraza y sus secuaces.

[4] Hubo otros conflictos importantes como el de Kromberg, Donnelley y el de la EmFer, entre otros, pero ninguno con la trascendencia de Gestamp y Lear.

[5] El 2014 también significó el fin de la experiencia de la interna de la EmFer, que era punto de referencia para toda la Zona Norte y sobre todo para el otro gremio industrial de importancia: la UOM. La EmFer logró conservar los puestos de trabajo y el traspaso de todos los trabajadores a la órbita del ferrocarril; este triunfo económico-social no compensa la desaparición de una experiencia histórica, el uso de métodos radicalizados y su valor político. También se perdieron internas y delegados independientes mediante el fraude, el despido ilegal o el apriete directo en plásticos, perfumistas, metalúrgicos y otros gremios.

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