Su lugar en la historia

Lo primero que hay que señalar y ubicar es el carácter histórico de esta lucha. Un acontecimiento de la lucha de clases adquiere ese carácter cuando opera una transformación significativa de las relaciones políticas entre los distintos sectores sociales en pugna. En 1988 la docencia protagonizó el Maestrazo de 42 días de huelga nacional. Su derrota fue de tal magnitud que fortaleció durante más de una década a la burocracia sindical y liquidó prácticamente todas las expresiones independientes y combativas en el gremio, abriendo un período de retroceso organizativo y de lucha entre la docencia que no se revertiría sino hacia fines de la década del 90´. Estas relaciones de fuerza adversas cambiaran con las combativas huelgas docentes del año 2001, en el marco de la rebelión popular que terminaría con la caída de Fernando de La Rúa: una verdadera victoria política para la clase trabajadora que abriría un nuevo ciclo de la lucha de clases marcado por el fortalecimiento de sus fuerzas, su organización y su conciencia. Sin dudas, la huelga que acaba de protagonizar la docencia es la más grande desde entonces y se enmarca en este ciclo de recomposición política y sindical de los trabajadores.[1] De ahí el carácter inmensamente progresivo de esta lucha que, aunque no alcanzó para derrotar el ajuste salarial, todo lo conseguido fue producto entero de la lucha. Por eso su balance más rico hay que situarlo en un sentido político, es decir: por el grado de organización, experiencia, conciencia, unidad, politización y combatividad adquirido durante este mes. Este es el balance más valioso y estratégico que podemos hacer y el que puede permitirnos extraer enseñanzas, lecciones para las próximas luchas.

El despertar de grandes acciones de lucha en el fin del ciclo k

El contexto político y económico de la huelga es determinante dar cuenta de sus causas materiales. A diferencia de la década pasada donde hubo un crecimiento económico sostenido que le permitían al gobierno otorgar aumentos salariales que acompañaban la inflación y a veces la superaban; en los últimos tres años la tasa de inflación rondó arriba del 20% y los salarios comenzaron a escalar a un ritmo cada vez menor. ¿Cuál fue el resultado? Que se terminó acumulando un atraso salarial importante. Y para peor, el gobierno devaluó la moneda en enero, ocasionando una abrupta suba de precios que hundió el poder adquisitivo aún más, y en medio del conflicto el anuncio de Cristina del aumento de tarifas al gas y el agua. Es decir, el acelerado deterioro de las condiciones de vida fue la base material de la huelga y en este sentido también será la base de las futuras luchas obreras que se abren en el horizonte, empezando por el paro nacional del 10 de abril.

Pero al elemento económico se le suma el político: la relación del gobierno de Cristina Kirchner y de la docencia con ella. Es de conocimiento que Cristina viene atacando a la docencia desde hace 2 años cuando en cadena nacional dijo que eran todos vagos, que cobraran bien, etc. Desde entonces el odio hacia ella en la docencia fue en ascenso, trayéndole problemas inclusive a Yasky y Baradel como fieles representante del gobierno. Pero sobretodo lo que impregnó el clima de la huelga fue ese hartazgo al gobierno reflejado en la canción más famosa de las marchas: “ A ver Cristina, a ver si nos entendemos, por 1800 pesos de básica no comemos. Pagaste millones para Repsol y ni un solo peso para educación (…)”. Y casi ninguna canción contra Scioli, cuando todas las marchas iban a gobernación y ni una sola a Plaza de Mayo.

Sobre la huelga y sus alcances

Hay un debate más de tipo sociológico pero no menor desde lo político que es cuál fue la dimensión de la huelga. Como en la cabeza de muchos resuena el Maestrazo del 88, la tentación de categorizar de esa manera es muy grande. Pero, esta huelga ¿fue un Maestrazo? Pensamos que si y no. Con el sufijo “azo” en la historia de las luchas sociales tiende a definirse los levantamientos obreros y populares que adquieren una dinámica política independiente de las burocracias, incorporan grandes contingentes y confrontan activamente contra el Estado y sus instituciones. En este sentido la huelga docente no fue exactamente un “Maestrazo”, más allá que podamos nombrarlo de esa manera para destacar el ingreso a la lucha de capas crecientes de la base que protagonizaron así su primera experiencia.

En todo caso, sería más preciso decir que fue una rebelión contra el gobierno que no logró desbordar realmente el marco del Frente Gremial Bonaerense. Una rebelión de la base docentes mediada por los “diques de contención” del gremio que siguieron operando más allá de los desbordes parciales ocurridos en las opositoras y los autoconvocados.

Esto último se reflejo en la dinámica independiente operada en las seccionales recuperadas, así como en los casos de autoconvocatoria señalados, los que funcionaron como elementos de presión e imposición a la burocracia, y que los medios reflejaron como el “fantasma” de la presencia de la izquierda en el gremio.

Sin embargo, en términos generales, la base docente solo parcialmente salió de los marcos del Frente Gremial. La prueba más contundente de esto es que cuando el FGB levantó el paro las bases, enojadas por el arreglo insuficiente votaron en varias asambleas en contra, pero finalmente volvieron a dar clases. No llegó a haber desborde, aunque sí la idea que se podía haber seguido y que había fuerzas para continuar, puesto que la última semana de lucha todo indicaba que a la huelga le quedaba resto.

Por otro lado, a nivel nacional, la CTERA también jugó en contra de que la lucha vaya por carriles mayores. A pesar de que eran varias provincias las que estaban en pie de lucha, nunca llamó a un paro nacional para enfrentar el ajuste nacional.

El desconocimiento de la conciliación obligatoria

Un elemento a destacar es que durante la lucha los docentes desconocieron recursos de amparo y conciliaciones obligatorias. Esto es un punto muy importante ya que en muchos conflictos los fallos judiciales son un obstáculo difícil de superar. Pero movidos por la bronca, y a pesar de las dudas normales frente a estos fallos, la docencia no se amilano y mantuvo en pie la lucha. Es más, podríamos decir que los fallos judiciales calentaron más la situación y sirvieron para que más docentes transformen el paro pasivo en uno activo. En medio de la lucha, los docentes comprendieron que la legalidad es una maniobra del Estado y la justicia para derrotarla, no para “hacer justicia”, y que la forma de sortear estos obstáculos es continuando las medidas y denunciado que no se trata de fallos “imparciales” sino al servicio del Estado que es nuestro patrón y al que le estamos reclamando.

La docencia quería seguir pero la burocracia levantó el paro

Durante la última semana la necesidad de que se convoque un paro nacional de la CTERA fue calando en un amplio sector de la docencia. Es que una huelga que no crece en apoyo, a la larga corre el riesgo de que se debilite y desgaste. Por eso dese la Lista Gris insistimos en cada una de las asambleas para que se jerarquice este planteó en conferencias de prensa, volanteos, etc. Al mismo tiempo que participando en la marcha convocada por la CTERA donde estaría Maldonado. ¿Qué mejor lugar que esa movilización para presionarla para que la convoque de inmediato? Pero en lugar de llamar al paro nacional para poner al gobierno contra las cuerdas, la burocracia aprovechó la nueva oferta de Scioli para preparar el cierre del conflicto.

El gobierno leyó que el proceso de masificación seguía en ascenso y que la marcha a La Plata no había sido el punto más alto sino el inicio el impulso para que por abajo tome una dinámica mayor, puesto que la última semana de la lucha fue donde las marchas distritales alcanzaron su mayor número de participantes, con picos de 4.000 en La Plata y más de 10.000 en La Matanza. Fue esto lo que terminó haciendo retroceder al gobierno. Y así la burocracia orquestó de forma rápido el levantamiento del paro. Pero, ¿cómo levantó una lucha que estaba muy fuerte? Tirando a la basura la democracia sindical de base.

A la tarde de la última negociación paritaria, a lo largo de la Provincia de Buenos se hicieron cientos de asambleas de Suteba, FEB y Udocba. El primer límite es que se hicieron todas por separado[2], cuando tendrían que haberse unificado por distrito. Pero lo que salió a la luz es que todas las asambleas más masivas de SUTEBA, como La Matanza, Bahía Blanca, Tigre, Quilmes, La Plata y otras el rechazo a la propuesta fue abrumador, así también como en casi la mitad de la asambleas de la FEB y en todas las Udocba.

Y por otro lado, en las asambleas más chicas de la provincia, donde dirige la Celeste de Baradel, se aceptó. Es decir, la docencia de forma mayoritaria se pronunció por rechazar la propuesta, pero el mecanismo para levantar la huelga fue la reunión de secretarios generales de SUTEBA y la FEB donde el voto de la Matanza (que son 10.000 afiliados) vale lo mismo que el de Las Flores que son decenas: algo completamente antidemocrático.

Así Baradel pudo decir que el 92% votó aceptar el acuerdo, o sea el 92% de los secretarios generales, no el 92% de la docencia. En este sentido hay una conclusión por sacar: una tarea que tenemos por delante tiene que ser la de barrer de la dirección de los sindicatos a esta burocracia que no le importa la decisión de las bases docentes.

 

Agrupación Nacional Docente Carlos Fuentealba

 



[1][1] La docencia argentina protagonizó durante toda la última década grandes luchas. Empezando por las jornadas del 2001, las luchas en Córdoba de miles en 2005, luego en Santa Cruz y Neuquén en 2007 (que terminó con el asesinato de Carlos Fuentealba), pasando por la combativa y radicalizada lucha de Tierra del Fuego de 2013 con ocupación y cerco a la Casa de Gobierno que devino en una victoria; por nombrar las más significativas.

[2] Desde la Lista Gris planteamos en cada ocasión la necesidad de hacer asambleas conjuntas de todos los gremios por distrito a fin de no dividir la base docente. Lamentablemente la Multicolor, en general, se opuso a esta propuesta y solo se limitó a llamar al resto para hacer marchas en común.

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