Luchemos por barrer la herencia pinochetista

Se cumple ya un mes del comienzo de las nuevas movilizaciones de los estudiantes chilenos por el derecho a la Educación Pública; ya se puede observar que el gobierno de Bachelet no tiene nada que ofrecer a los jóvenes chilenos. Tras 10 años de las primeras manifestaciones, bajo la llamada “revolución pingüina”, exigiendo una Educación Pública Gratuita y de Calidad, los estudiantes retoman las calles, enfrentando la brutal represión de Carabineros y la Nueva Mayoría, incluso con denuncias de tortura por parte de estudiantes secundarios. Entre las demandas de los estudiantes se encuentra la gratuidad universal, democratización de las casas de estudio, retirar a la banca privada de la financiación, fin al lucro, acompañada de una línea de género bastante contundente. Además, el estudiantado exige múltiples demandas internas para cada casa de estudio. Por su parte, el gobierno aplicó una ley que aseguraba la gratuidad para el 50% de los ingresantes a la educación superior más vulnerable, cifra que luego es cuestionada por ser muy inferior.

Bachelet, en su campaña presidencial ofreció reformas en el campo educacional, laboral y constitucional, llegando al poder en segunda vuelta con el 62 del 40% de los votantes. La abstención marca la escasa legitimidad con la que cuenta el sistema democrático chileno. Con el paso de los meses, amplios sectores, tanto del gobierno como de la oposición, son descubiertos en financiación ilícita de sus campañas políticas, tráfico de influencias para préstamos millonarios, casos de cohecho, pago de favores por cifras millonarias. La clase política ha quedado desacreditada en su más amplio espectro. Así todo, el gobierno y la oposición se encuentran en el fango intentando ensuciarse mutuamente para intentar zafar de los costos políticos y alcanzar algún puesto en las próximas elecciones.

La derecha, empecinada por mantener la estructura impuesta en la dictadura, lee que el rechazo a la presidenta (74% cree que el país va por “mal camino” – Cadem 2016) se debe a creer que son malas reformas, que le hacen un daño al país. Sin embargo, los estudiantes han demostrado con hechos que se encuentran unidos, no para evitar las reformas, sino para profundizarlas y apresurar procesos que vienen arrastrándose desde el 2006, cuando Bachelet sube los brazos en símbolo de unión y victoria con amplios sectores, por un gran acuerdo por la educación. En esa ocasión, fueron bajadas las tomas con la promesa presidencial de cambios dentro del orden gubernamental. Las lecciones de esa lucha, manifestaron un sólido resurgimiento en el 2011 con una camada de políticos jóvenes a la cabeza del movimiento, algunos con afiliación al Partido Comunista. Los estudiantes con amplia unidad enfrentaron al gobierno de Sebastián Piñera, y el PC hizo lo suyo traicionando al movimiento y posteriormente capitalizando fuerza electoral e ingresando a la Nueva Mayoría para un segundo gobierno de Bachelet. Hasta ahí sólo promesas y sonrisas con amplios sectores que se sintieron llamados por una camada joven en el Parlamento y una candidata que prometía reformas estructurales.

Durante el 2015 el gremio de los docentes primarios y secundarios de escuelas municipales, comenzaron la experiencia saliendo a las calles con paralizaciones que alcanzaron incluso los dos meses. El gobierno negó todas las demandas y la fuerza de los docentes los llevó a alcanzar sólo demandas internas de acuerdo al lugar de trabajo. El Colegio de Profesores (dirigido por el PC) logró firmar un acuerdo a espaldas de las bases para no desestabilizar al gobierno del cual ellos forman parte.

En el último mes, hemos observado cómo los estudiantes han sido capaces de mostrar unidad para enfrentar al gobierno, con una fuerte campaña comunicacional en contra. El gobierno responde argumentando que las demandas sobre educación ya no “empalman” con la ciudadanía y criminalizando la protesta social (la ley de control preventivo de identidad es un claro ejemplo de ello, formando parte de la agenda corta anti-delincuencia). Todo ello, acompañado por la renuncia del Ministro del Interior Jorge Burgos (DC), el cual se mostró contrario a muchas de las iniciativas de Bachelet. Si bien Burgos renuncia por razones de salud, ha quedado de manifiesto que sus diferencias con el gobierno son evidentes y que tiene que ver con su claro matiz conservador. Ello demuestra que la Nueva Mayoría es una minoría que no tiene nada que ofrecer, por lo cual debe ceder a las presiones de la lucha desde abajo. En la última reunión de la CONFECH (Confederación de Estudiantes de Chile) con la Ministra de Educación Adriana del Piano (PPD), la Ministra demostró una vez más que el gobierno no está para reformas estructurales, negando el fin al lucro, lo cual es una de las primeras demandas del movimiento estudiantil.

Los estudiantes chilenos siguen mostrando el carácter unitario de las demandas, porque ya no basta con un sistema de becas que asegure la educación para algunos privilegiados, tampoco satisface un gobierno que dice que la gratuidad será aplicada en la medida del crecimiento económico, cuando los estudiantes tienen una consigna clara: “LA EDUCACIÓN ES UN DERECHO, NO UN PRIVILEGIO”. El tema es complejo en Chile, por una definición de la clase político-empresarial de no escuchar las demandas de amplios sectores de la población que luchan de manera segmentada por los derechos que fueron privatizados en la dictadura de Pinochet. Tanto salud, vivienda, el sistema de pensiones, educación, recursos naturales y muchas más fueron privatizadas, por lo cual no alcanza con la unidad de los estudiantes, es necesario hacer frente a la lógica neoliberal y reformista engañadora del gobierno de Bachelet. Los sectores populares y de trabajadores han visto cómo, ni el gobierno ni la oposición, tienen nada que ofrecerles, porque el problema parte de la lógica neoliberal impuesta en la dictadura. En respuesta a ello, es necesario generar la unidad de las demandas de amplios sectores para dar la lucha y desestabilizar al gobierno, recuperando el poder para los sectores populares que han recibido sólo represión y reformas “en la medida de lo posible”. Por ello, para derrotar la herencia de Pinochet hay que derrotar a este gobierno que pretende mantener todo igual, pensando en las próximas elecciones, sosteniendo todo como está y viviendo de promesas. Sólo con el movimiento estudiantil no alcanza para enfrentar al gobierno que pretende mantener las lógicas dictatoriales, por lo cual es necesario unir a todos los sectores que se encuentran en lucha, invitando a aquéllos que no se encuentran en ella, para que lo hagan en unidad. La estructura impuesta por Pinochet no acaba en la educación de mercado, se requiere la UNIDAD DE TODOS LOS SECTORES DE LUCHADORES. La CUT debe llamar a un PARO NACIONAL en apoyo a los estudiantes y por las demandas obreras.

Desde el fin de la dictadura, se ha confiado y esperado que los gobiernos y el parlamento garanticen los derechos fundamentales, lo cual claramente se encuentra agotado, porque la clase política-empresarial no tiene nada que ofrecer a los sectores populares. El poder es del pueblo, por lo cual la unidad de las demandas es clara para imponer los derechos del estudiantado y de los trabajadores. Una muestra de unidad de los explotados y oprimidos de Chile, puede poner un freno al avance de la derecha en Latinoamérica, demostrando que cuando la clase trabajadora está unida, no hay espacio para las arremetidas de la derecha, dando un ejemplo de lucha para el pueblo, demostrando que donde hay unidad de la clase obrera, no hay espacio para los Macri ni para la derecha reaccionaria de Brasil o Venezuela. La lucha de los estudiantes puede ser el inicio de un gran contrapeso en la región.

No tengamos miedo de exigir nuestros derechos. Para conseguirlos debemos derrotar al gobierno e imponer una salida desde los explotados y oprimidos.

¡VIVA LA LUCHA DE LOS ESTUDIANTES CHILENOS!

¡FUERA BACHELET Y TODOS LOS POLÍTICOS EMPRESARIOS!

¡NI LA NUEVA MAYORÍA NI LA DERECHA ESTÁN DISPUESTOS A BARRER CON LA HERENCIA DICTATORIAL!

 

Daniel Cheuque Porras y Agus D.

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