En esta edición le damos un lugar especial a la estrella de nuestra columna, Mauricio Macri, y a sus aventuras patrimoniales en las islas Bahamas y otras jurisdicciones. Se lo merece.

 

Macri presentó su declaración jurada de bienes: pasó en un año de 53 millones de pesos a 110 millones. ¿Cómo hizo para duplicar su patrimonio en un año con su ingreso de jefe de gobierno? La explicación “contable” es que en la declaración jurada anterior le había asignado a sus acciones en sociedades anónimas un valor simbólico de 1 (un) centavo, mientras que ahora las valuó según su cotización de Bolsa. La maniobrita no es ilegal, porque la forma de declarar esos bienes no está bien aclarada en la normativa. Lo que sí está claro es que Macri falseó su patrimonio el año pasado (y de paso, pagó mucho menos de Bienes Personales). Y no son empresas “simbólicas”: por ejemplo, tenía el 20% de acciones en Eduardo Costa SA, un poderoso empresario patagónico de supermercados, el diputado con mayor patrimonio de toda la Cámara baja y marido de Mariana Zuvic, diputada PRO del Parlasur, que en estos días anduvo por EEUU de shopping con su amiga Elisa Carrió.

 

Hay más joyitas de la declaración. No sólo está el ya famoso préstamo  de 450.000 pesos a Néstor Grindetti –intendente de Lanús, ex ministro de Hacienda porteño y figura estelar del Panama Papers–, sino otro préstamo a su amiguito Nicolás Caputo por 22 millones de mangos. ¿Cómo es que presta tanta plata alguien que declara tener 1 millón de pesos en efectivo, un plazo fijo de 2 millones de pesos, una caja de ahorro de 1 millón de dólares y otras cajas y cuentas corrientes por un total de 249.000 pesos? ¡Este hombre sí que es amigo de sus amigos: les da todo lo que tiene y más también! Pero todo lo que va, vuelve: Macri declara asimismo que gracias a una “donación” posee un inmueble (no un terreno) en Uruguay, de 33.000 metros cuadrados, valuado en 5 millones de pesos. Como eso son 330.000 dólares, el inmueble tiene el extraño valor de 10 dólares por metro cuadrado. En fin, aritmética creativa. O surrealista.

 

Alguien tiene que decirlo: son francamente patéticos los intentos de los diputados y voceros del PRO que desfilan por los medios tratando de justificar que tener plata afuera no es tan malo, que los empresarios beneficiados por el blanqueo no son tan delincuentes y que por ende su propio jefe, Mauricio Macri, tenía motivos válidos para llevarse la plata afuera, al igual que todos sus congéneres de clase. No sólo por lo insostenible de los argumentos, sino porque los desmiente el propio Macri, que evidentemente no lee lo que escribe (o lo que le escriben para que él firme). En una de sus habituales columnas para diarios del interior, en este caso La Mañana de Neuquén, dice el presidente: “Para saldar esta gran deuda [se refiere al plan de pago a los jubilados] vamos a utilizar el dinero que va a ingresar del impuesto que van a pagar los que más tienen y que estos años evadieron sus impuestos”. Si lo dice usted, que sabe tanto del tema, no discutamos más.

 

Dejemos la escena local y vayamos a la vedette de la declaración jurada: los 18 millones de pesos en una cuenta en las islas Bahamas, guita cuyo origen es un profundo misterio. A decir verdad, en la declaración anterior Macri decía tener cuentas en Suiza y EEUU. Si es la misma plata con otro domicilio o qué, es algo que Macri no se dignó en explicar cuando prometió que iba a “repatriar” su depósito.

 

Justamente a propósito de eso, última del patrimonio de Macri: la truchada del “fideicomiso ciego”. Queriendo posar de “transparente”, el 13 de abril pasado anunció que transfería sus bienes a un fideicomiso para que los administre “de manera independiente”. Pero resulta que un mes antes, la Inspección General de Justicia había derogado ciertos controles sobre los fideicomisos, ya que los exime de la obligación de inscribirse y de presentar sus estados contables, además de atenuar las exigencias de documentación societaria. La medida la firmó un hombre de Daniel Angelici, a su vez hombre de Macri en el Poder Judicial. Un fideicomiso así más bien facilita, no dificulta, ocultar patrimonio. Para colmo, el contrato se hizo con Seguridad Fiduciaria SA, fundada por Carlos D’Alessio, que fue su director hasta 2012. ¿A qué se dedica D’Alessio ahora? Pues es el escribano general de la Nación, nombrado por Macri apenas asumió. Ese “fideicomiso ciego” tiene una vista de águila, parece. Debe ser por eso que cuando le preguntaron a Macri por su guita en las Bahamas, contestó: “Ya he dado la orden al administrador para que radique en la Argentina ese ahorro”. ¡Pero los fideicomisos, “ciegos” o de visión impecable, no reciben órdenes, señor presidente! ¡Si lo hicieran, dejarían de ser fideicomisos! Evidentemente, la impunidad que da el blindaje mediático es tan grande que Macri puede burlarse abiertamente de la ley, de sus declaraciones mentirosas anteriores y de sus promesas de “transparencia”. No hace falta decir lo que pasaría con semejante acumulación de escándalos en un país donde la gran “prensa independiente” no sea vocero extraoficial del gobierno.

 

Salgamos por un momento del ambiente tóxico de Presidencia y pasemos al ambiente tóxico del Ministerio de Energía. El intendente de San Martín, Gabriel Katopodis (en su distrito se presentó un amparo contra el tarifazo), tuvo una reunión con varios ministros, incluido el de Energía, Juan José Aranguren, donde éste hizo gala de su sensibilidad social. Cuenta Katopodis: “Aranguren habló de números, de la rentabilidad y del criterio fiscalista con que se tomó la decisión. (…) Nos dijo que él tenía una planilla Excel y que tenía que cumplir con esa planilla”. Los que creían que el gabinete PRO es una manga de tecnócratas desalmados ahora saben la verdad: son unos pobres diablos esclavizados por tiránicas planillas de Excel, odiosos documentos de Word y maléficas presentaciones de Powerpoint, que son el auténtico poder detrás del poder.

 

Frase PROtuda de la semana: otra vez el dilema de la abundancia. Por supuesto, está la frase de Javier González Fraga sobre los límites infranqueables del “salario medio”, pero ya es muy conocida, al igual que la crítica al “pensamiento burgués” sobre los muertos de hambre, a cargo del notorio marxista Jaime Durán Barba, y el archicipayo pedido de disculpas de Prat Gay a Repsol. Sólo por haber tenido menos difusión, elegimos ésta de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich:

“No hay una ola de secuestros, [aunque] es un modus operandi que se repite con bastante sistematicidad”.

Una genialidad que sirve para todo: no hay ola de tarifazos, no hay ola de medidas reaccionarias, no hay ola de declaraciones provocadoras o directamente imbéciles de funcionarios; es sólo un modus operandi que se repite con bastante sistematicidad…

M.Y.

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