Parafraseando a la emblemática declaración del dirigente de la Asociación Obrera Textil Casildo Herrera, que quedó grabada en la mente de una generación de trabajadores (1), los dirigentes de las CGTs salieron de su última reunión con ese sello impreso en su rostro. Aunque utilizaron otras palabras, Caló como un lord inglés (“sean respetuosos chicos, sean respetuosos…”), Moyano agresivo, esencialmente con el periodismo (“los que fueron ‘chupamedias’ del Gobierno hace 6 meses hoy son los revolucionarios”,) el contenido de lo que tenían que informar era el mismo: la “borrada” histórica de las centrales obreras.

En un momento político crucial para apostar a dar un envión a las luchas contra el ajuste, para unificar a la clase obrera y a la juventud en sus demandas contra los despidos y los tarifazos, por presupuesto para la Universidad, por salario, los dirigentes de las CGTs se borraron. Si llamaban al paro general, no iba a ser un paro dominguero más. Porque era el resultado de unos meses, pocos en tiempo, pero muchos en acumulación de bronca, por ataques muy sentidos en la médula espinal de las necesidades de los trabajadores, la juventud y la población más excluida. Ese es el punto. Por eso su borrada no es una más. Es una que ponía en el terreno de la lucha de clases un punto de inflexión, un antes y un después en el desarrollo del creciente malestar contra el gobierno y su expresión en las luchas.

Una estrategia única al servicio de la patronal y su gobierno

En el panorama de la dirigencia de las CGTs, al ganar las elecciones el PRO, se vislumbraba una clara diferencia entre las distintas facciones. “Momo” Venegas era el guardaespaldas indiscutido de Macri. Le seguía a unos pasos de distancia Luis Barrionuevo, también con una frase histórica en su haber, que la fue indexando con el transcurso de los sucesivos gobiernos (2). Éste le sacaba varios cuerpos a Antonio Caló y Hugo Moyano que, si bien nunca fueron hombres de una sola palabra (recordemos la inauguración de Macri del monumento a Perón con la presencia del dirigente camionero), se vislumbraban, por distintas razones y con matices, como los posibles opositores desde las huestes sindicales. Antonio Caló por ser el referente de la CGT que apoyó a Cristina durante su gobierno y Moyano porque, a pesar de haber cruzado lanzas con los K, aparecía como un “duro”, de un gremio que se plantaba, como el de Camioneros.

Algunos ya quedaron en el camino, como Venegas, dedicado a sus negocios (y a hacer efectivos los despidos) en el ReNaTEA (Registro Nacional de Trabajadores y Empleadores Agrarios) y Barrionuevo, que se bajó el 29 de Abril. Quedaron Caló y Moyano con las expectativas de millones de trabajadores que esperaban de ellos el anuncio de un paro general después del veto a la ley antidespidos. A esa expectativa le tiraron una descarga de hormigón encima. Cerraron el paso a una posibilidad que podía ser histórica para dar una vuelta de tuerca a nuestro favor en la situación del país. Sepultaron una posibilidad que será recordada como la “gran borrada” de estas CGTs.

“A nosotros nadie nos dice lo que tenemos que hacer”

La profundidad de esa frase, que apareció dicha en un momento de ofuscación, refleja una profunda convicción de para quién juega Moyano y su equipo. En el momento que la dijo, apareció como una expresión contra el periodista que le exigía una definición sobre algo que él mismo había dicho antes del veto (que habría paro general), pero en un  sentido más general y profundo, fue contra todos los trabajadores y sus expresiones auténticas. Sean éstas las asambleas, las elecciones sindicales democráticas, la resistencia contra los aprietes diarios en los lugares de trabajo. Porque ellos, que son los señores, los dueños de los sindicatos, dicen y hacen lo que quieren, y lo que opinan y sufren los trabajadores les importa un bledo. Pero como en una sociedad de clases no se puede estar en el medio, le faltó decir a Moyano que a ellos no les tiene que decir “ningún trabajador” lo que tienen que hacer. Porque se los dice la patronal, el gobierno de turno, en este caso el de Mauricio Macri.

Ahora van todos a la reunión del Confederal de las CGTs del 3 de junio a tejer las alianzas para conformar la futura central reunificada. Posiblemente cambien las figuras, aparezcan otras menos quemadas ante la cara de los trabajadores. Pero de esa futura CGT unificada ya sale olor a podrido porque sus cimientos son la “gran borrada”. Eso no lo podrán cambiar aunque se pinten la cara, ya los conocemos. No podemos esperar nada bueno de ellos, más que organizarnos para una lucha dura, constante, consecuente, para, mientras les seguimos exigiendo medidas de fuerza, nos preparamos para pasarlos por arriba.

 

(1)          “Fue el último secretario general que la CGT tuvo antes del golpe de Estado del 24 de  marzo de 1976, y en la memoria colectiva se lo recuerda por una frase: Periodista: ‘¿Qué pasa en Buenos Aires, Herrera?’ Herrera: ‘Ah, no sé, yo me borré.’” La entrevista es cuando arribaba a Uruguay el 23 de marzo de 1976. Wikipedia

(2)          “Tenemos que dejar de robar por lo menos dos años”, en el programa de Mirtha Legrand, durante la presidencia de Carlos Menem en 1996. “Si este gobierno deja de robar, en dos meses salimos adelante”, Coloquio de IDEA, 15/10/10, durante el gobierno de Cristina. Durante el gobierno de Néstor había hecho referencia a seis meses.

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