Por Mika, desde Lima, Perú, para Socialismo o Barbarie, 01/06/2016


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El pasado 10 de abril se desarrollaron las elecciones nacionales en Perú. Como resultado, dos candidatos nefastos se disputarán en segunda vuelta el próximo 5 de junio. Por un lado está  Keiko Fujimori (FP) y por el otro Pedro Pablo Kuczynski (PPK).

Keiko Fujimori es ni más ni menos que hija del dictador Alberto Fujimori, quien luego de asumir el poder vía elecciones en 1990, dos años después llevó adelante un autogolpe de Estado. Esto le permitió perpetrarse en el poder hasta el año 2000, cuando presentó su renuncia vía fax desde Japón. Hoy está condenado a 25 años de cárcel por crímenes de lesa humanidad, mientras su hija declara: “Tiene que salir de prisión por la puerta de adelante”.

Fuerza Popular, con Keiko a la cabeza, representa hoy la mayoría con un 39,85% en primera vuelta. Su principal bandera es la lucha contra “la inseguridad”.

El despliegue de la Fuerzas Armadas en las calles e incrementar a 20 el número de cárceles, cárceles factorías para los jóvenes y a 4000 metros del mar para reincidentes. Las propuestas y discursos de Keiko no distan en lo más mínimo de lo heredado de su padre, al cierre del último debate presidencial admitió ante los medios que “en caso de ser necesario no dudaré en declarar estado de emergencia”.

Por otro lado, aparece Kuczynski (21,01%), con su partido Peruano Por el Kambio, en honor a las iniciales de su nombre, que se presenta ante el pueblo como el defensor de la democracia. Pero basta hacer un poco de historia para desbaratar esa imagen de buen abuelito de 75 años con experiencia.

Así comienza la experiencia de un gran servidor a los empresarios y el imperialismo: En 1966 fue gerente del Banco Central de reservas del Perú. Tras el golpe de Estado terminó exiliado en EEUU, acusado de desembolsar 150 millones de dólares a favor de International Petroleum Company. En el 80, como ministro de Energía y Minas, fue cuestionado por exonerar tributariamente a las grandes petroleras internacionales. Ya en los años 2000 asume como ministro de Economía y Finanzas, dejando su cargo dos años después como resultado de la presión de protestas sociales por la privatización de empresas eléctricas.

Su curriculum propatronal también se desarrolla en el ámbito privado como miembro del directorio de diversas empresas en el exterior: la minera África Occidental, Compañía de Acero del Pacífico, Toyota Motor, Siderúrgica Argentina, entre otras, llenas de peces gordos como el Grupo Bildergerg[1].

Las propuestas de este señor no son más que aplicar un brutal ajuste, al mejor estilo Macri en Argentina y Temer en Brasil, o el mismo Fujimori, quien privatizo empresas de electricidad, telefónicas, ferroviarias y hasta la banca nacional. Pero en vez de las Fuerzas Armadas, pretende aumentar el número de policías y sus sueldos para que repriman tranquilos con los bolsillos llenos. Por último, este gran defensor de la democracia afirmó: “firmaré una ley para que Alberto Fujimori cumpla su pena en su casa”.

Ante este escenario, los trabajadores se ven obligados a tomar una decisión difícil. El Frente Amplio (FA), una fuerza de centro izquierda proveniente de viejas corrientes stalinistas, llegó a sacar el 18.78%. Un gran sector “progresista” depositó en ellos sus esperanzas. Pero ahora el FA en la segunda vuelta es un tímido y vergonzoso llamado a votar a PPK, enmascarado en el lema “no vote nulo, no vote a Keiko”. La Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP)[2], por su parte, cumplió el fiel rol de burocracia sindical traidora, reuniéndose personalmente con Kuczynski para brindarle su apoyo.

Frente a la tensión política que generó la posible reaparición del fujimorismo en Perú, sectores de la juventud y grupos obreros de distintas regiones levantaron la pancarta de “Fujimori Nunca Más”.

Esto dio lugar a una primera marcha nacional el 5 de abril. Tuvo su repetición mucho más masiva el 31 de mayo, a cuatro días de la elección definitiva.

La marcha del 31 movilizó miles de personas en todo el país, La juventud, los estudiantes, trabajadores y mujeres pusieron el grito en el cielo de “Keiko no va más”. Los grupos sindicales y de izquierda levantaron las pancartas por los asesinatos cometidos por la dictadura fujimorista. Los grupos feministas se opusieron a esta candidata mujer, que siendo primera dama de su padre, fue cómplice y partícipe de la esterilización forzada a 30.000 mujeres. Y, también, de la persecución y cercenamiento de los derechos de lesbianas y homosexuales.

A su vez dejó vislumbrar varios aspectos del debate político en la izquierda. Si bien a nivel mediático se le dio lugar a las traidoras palabras de Verónica Mendoza (FA), que finalizó con un discurso amistoso hacia PPK, por miedo a tomar una posición de independencia de clase, los sectores más radicales se hicieron oír con bombos y banderas, llamando a votar en blanco.

Vale destacar que en las primeras jornadas electivas, un 18,19% del padrón no asistió a votar, un 22,1 % lo hizo en blanco; es decir que un 40,20% de la población se mostró disconforme con el régimen “democrático” y sus candidatos. Es por esa misma razón que resulta inaceptable la postura del Frente Amplio.

Hoy más que nunca se vuelve de suma importancia la lucha en las calles, gane Keiko o PPK, Con la fuerza de la movilización del 31 hay que salir a enfrentar el ajuste que se viene.

Notas:

1.- El grupo Bilgerger reúne anualmente a los 130 empresarios y miembros de gobiernos más influyentes del mundo. En el 2009 la reunión se realizó en Atenas, para discutir los planes económicos a aplicar en Grecia, España y Portugal ante el estallido de la crisis económica.

2.- La CGTP es el gremio con más afiliados de todo el país.

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