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La iniciativa la tienen que tomar los trabajadores

La próxima reunión del Consejo del Salario fue anunciada como una gran concesión a los trabajadores, en el medio del tironeo por la ley antidespidos. El proyecto gubernamental anunciado para poner en discusión, además de la suba de los 6.060 pesos de mínimo actual y del seguro de desempleo, es la caída de la producción producto del ausentismo, en particular las molestas huelgas… y establecer normas al respecto. Como respuesta del gobierno a los conflictos en curso y a las movilizaciones masivas de los trabajadores y del movimiento estudiantil… es una buena amenaza.

El Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo, Vital y Móvil se creó en diciembre de 1991 a través de la Ley N° 24.013, con el fin de “mejorar la situación socioeconómica de la población”, y “promover la creación del empleo productivo a través de las distintas acciones e instrumentos contenidos en las diferentes políticas del gobierno nacional, así como a través de programas y medidas específicas de fomento del empleo”. Siempre pensando lo mejor para los trabajadores, Menem y Cavallo lo hicieron.

Fue instituido como un mecanismo de arbitraje entre la patronal y los dirigentes sindicales para mantener un piso salarial, en un momento de brusca caída del poder adquisitivo de los trabajadores. Es un instrumento para frenar un descenso en picada, sin fondo, no para conseguir un aumento que satisfaga las necesidades del trabajador. Si es “adecuado a la situación” beneficia al sector de menores ingresos. Pero generalmente es una ficción, ya que el sector de menores ingresos, que no se beneficia con una paritaria (aunque sea magra), generalmente está precarizado, en negro, y las patronales no tienen ni siquiera la obligación de cumplir con este piso salarial. Menem lo congeló cuando necesitó hacerlo y los gobiernos posteriores lo utilizaron para mantener un piso para los salarios más bajos, para poner un relativo freno a las caídas abruptas de los mismos.

El aumento del seguro de desempleo es la otra trampa para osos. Te dejan sin laburo, pero cobrás un seguro de desempleo que no te alcanza… ni para buscar laburo. Entonces changueás, entran a trabajar otros miembros de la familia, se reparte la miseria salarial que entra en la casa. A esta perspectiva se juega el gobierno: que la gente se aguante, se conforme con la miseria creciente. Porque quieren derrotarnos en nuestro nivel de vida y en nuestras legítimas aspiraciones.

Pero este gobierno, de la mano del ministro de Trabajo, trae un obsequio extra en la agenda. Pretende además imponer que no faltés, que no hagás huelga. Porque la caída de la productividad es culpa del trabajador que se enferma o sufre accidentes laborales y, peor aún, se atreve a luchar por sus derechos.

Como te atacan por todos los flancos, no podés defenderte sólo con cacareos, como hacen los dirigentes sindicales, desde Facundo Moyano hasta Roberto Pianelli del subte.

No sabemos cuáles de ellos concurrirán a la reunión. A lo mejor Luis Barrionuevo madruga para estar primero. Pero más allá de la concurrencia y de las palabras que expresen de rechazo al proyecto gubernamental, con eso sólo no se frena este intento de ataque a la libre organización y lucha de los trabajadores.

Hay que pararle la mano al tándem Macri-Triaca con una medida a la altura de la provocación. Debemos apoyar todas las luchas de los trabajadores, las mujeres y de la juventud, exigiendo a las direcciones sindicales que dejen de charlar y encorsetar nuestros reclamos y llamen a una jornada de paro general.

Es la única forma de derrotar la farsa del Consejo del Salario y sus intenciones propatronales y represivas.

Recuadro

No es el ADN, es el interés de clase

Muy comentadas en la prensa fueron las lágrimas del ministro de Trabajo, Jorge Triaca, en el Congreso, cuando criticaron la gestión de su padre al frente de SOMISA durante la presidencia de Carlos Menem. La defensa de su actuación se limitó a expresar que estuvo detenido durante la última dictadura militar.

Así es, como lo estuvieron el mismo ex presidente Menem, la ex presidenta Isabel Martínez de Perón, el secretario general de la UOM Lorenzo Miguel y otros representantes del poder sindical y político. En su caso estaba al frente del gremio del Plástico. Porque como bien sabemos, tanto como el actual ministro de Trabajo, fue un golpe militar en regla, que avasalló las instituciones del régimen democrático-burgués y por lo tanto se “llevó puesto” a varios de sus exponentes. Esa detención que repudiamos ayer y hoy, como todos los atropellos de la dictadura genocida, no tapa ni debe encubrir que el ex sindicalista y funcionario del gobierno burgués estuvo al frente de uno de los planes más antiobreros y recesivos del gobierno neoliberal de los 90, entre otras perlas. Porque de lo que estamos seguros es que las únicas lágrimas que brotaron de los ojos de los trabajadores hacia Triaca padre fueron de indignación y bronca.

La “cuna” no es lo que define la actuación de ningún dirigente político, aunque “la herencia recibida” tenga mucha incidencia. Los bruscos cambios de la lucha de clases o procesos profundos de radicalización política pueden provocar que hijos de burgueses, de altos funcionarios o jefes militares sean grandes luchadores o revolucionarios.

No es el caso al que nos estamos refiriendo. Pero nosotros no criticamos a Jorge Triaca hijo por lo que hizo Triaca padre, pero sí tenemos que decir que él está aplicando el mismo plan contra los trabajadores que su progenitor, no por su ADN, sino porque defiende a la misma clase: la gran patronal y sus aliados. Incluso pareciera que quiere superarlo, intentando restringir el derecho de huelga.

Sí, señor ministro: ud. defiende los mismos intereses de clase y por eso lo combatimos y queremos derrotar sus planes.

 

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