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Mientras el gobierno divaga con sus “paquetes pro inversión” (blanqueo para evasores, subsidios a Mc Donald’s y cosas así), a la gente normal (y a los pobres también, diría Michetti) lo que le preocupa es que la inflación trepa y trepa. Tomemos los números nada generosos de la Ciudad de Buenos Aires: después del 6,5% de abril, la inflación del primer cuatrimestre acumula un 18,6%. El ministro de Producción, Francisco Cabrera, calculó que la famosa “inflación núcleo” de mayo va a ser del 3,2% (4% mínimo para el mes). A eso le sumamos el módico 2% que estiman para junio, y la inflación del primer semestre nos da… 26%. Prat Gay, un fenómeno para los pronósticos.

 

Justamente, llegó la primera autocrítica (o algo parecido) de Prat Gay. En referencia a sus delirantes números de inflación, se justificó diciendo que “pifiamos en un trimestre en el marco de cuatro años”. Por supuesto, le “pifió” por un semestre por lo menos, y lo de los “cuatro años” es todo cuestión de fe. Debe ser la “nueva política”: reemplazar el cálculo con un mínimo de seriedad científica por los números revoleados en plegaria a la Virgen Desatanudos Económicos.

 

Hablando de política religiosa, Elisa Carrió ahora quiere ser la Guillermo Moreno de Macri, ya que le copia hasta el exceso de celo que incomoda al Ejecutivo. Primero, desmintiendo toda la prédica liberal del gobierno, que considera la inflación un fenómeno puramente monetario en el que las conductas empresarias no tienen nada que ver, salió a denunciar a Arcor y Molinos Río de la Plata por “no bajar los precios” y hasta llamó al boicot a esas empresas (a la que se podría sumar Cencosud-Jumbo). También tiene en la mira a unas cuantas empresas “formadoras de precios” (pero ¿no era que sólo el mercado forma precios?), y ya tiene un proyecto de ley con controles y sanciones muy fuertes (si no fuera de ella, lo llamarían “ultra K) para las grandes compañías. El colmo es que se presenta como de “defensa de la competencia” y propone desguazar empresas con posición dominante (definido como abarcar un 40% del mercado). Nos apresuramos a tranquilizar a Magnetto y otros amigos de Carrió: el proyecto no tiene la menor chance de ser ley, y sólo será utilizado como arma en la negociación con los empresarios macristas que aman más a su bolsillo que al macrismo.

 

Seguimos con la sección “garcas disconformes con Macri”. Bueno, éste en realidad aplaude la política pero se queja de que miente un poquito. Ahora se trata de Eduardo Ganapolsky, que nos explica: “¿Qué nos dice implícitamente el BCRA? Primero, que las tasas altas y el ingreso de capitales van a presionar el tipo de cambio a apreciarse. Segundo, que esto inducirá a que la inflación baje, pero que a la economía real le costará arrancar. Es importante comprender lo que nos espera en esta transición para no generar falsas expectativas en el corto plazo. Así, el crecimiento volverá el año que viene, si y sólo si este año se verifica un ajuste real” (Ámbito Financiero, 12-5-16). Lo mismo que decía Moody’s. Claro, si piensan todos igual; la diferencia con el macrismo es que no tienen que engañar al prójimo porque no gobiernan. Otro que revela que el segundo semestre son los padres.

 

¡Empieza a llegar la lluvia de inversiones, por fin! Ah, no… son los de capitalistas de acá y de afuera que, asombrados ante lo que es el negocio más rentable y seguro del planeta, se matan por entrar. Se trata, por supuesto, de las Lebac, que siguen firmes pagando el 3% mensual en pesos (es decir, en dólares, ya que la divisa está planchada e incluso baja un poco) cuando en el resto del mundo hay que levantar baldosas para encontrar una inversión en deuda pública que pague un 3% anual. Pero esta “lluvia” es lo contrario de lo que necesita la economía: por ejemplo, sólo las empresas transfirieron más de 20.000 millones de pesos de plazos fijos a las Lebac, a los que hay que sumar 400 millones de “dólares golondrina”. Debe ser por eso que el blanqueo de capitales ascendió de rumor a proyecto y luego fue oficialmente anunciado por Prat Gay el 12 de mayo. En la ocasión, reconoció ante los empresarios que “pensé que íbamos a hablar de cómo acelerar la inversión. Pero no, me preguntan si habrá un blanqueo. Eso demuestra un poco la foto de la Argentina”. Sí, y demuestra mucho lo que es la clase capitalista local. Digamos que el gobierno aspira a traer 60.000 millones de dólares, cobrando un 10% al evasor/fugador que declare esos capitales. Según el ministro, ese porcentaje “es la manera moral de equilibrar la cuestión de que algunos pagan y otros no” (frase finalista para la PROtudez de la semana). Ya saben: la diferencia entre lo moral y lo inmoral es el 10%.

 

Frase PROtuda de la semana: en final reñido, elegimos ésta, referida al debate de la ley antidespidos.

“No hay crisis laboral, sino falta de demanda de empleo” (ministro de producción Francisco Cabrera, que debe quedarse tranquilo: lo que dijo no es una estupidez, sino una ausencia de despliegue de inteligencia).

M.Y.

 

 

 

 

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