Por José Luis Rojo



El sábado 15 se realizó en el miniestadio de Atlanta un enorme encuentro político-sindical de sectores combativos de los trabajadores. Convocado por cuatro “componentes”: el “Pollo” Sobrero, el “Perro” Santillán, el PTS y nuestro partido, logró reunir más de 3.000 personas, indiscutiblemente parte de lo más granado de la vanguardia de los trabajadores de nuestro país en estos momentos.

 

Un poco de historia

 

Que recordemos, hace muchísimo tiempo no se realiza un encuentro así. Durante el Argentinazo de 2001 se llevó adelante la Asamblea Nacional de Trabajadores realizada en La Matanza en agosto de 2001 por un frente único entre la CTA, el FTV, la CCC y el Polo Obrero. Tuvo dimensiones mayores que este Encuentro, pero su representación de fuerzas orgánicas de los trabajadores era muchísimo menor. Se trataba de corrientes que agrupaban, mayormente, sectores del movimiento piquetero. Luego de la ruptura de esta experiencia, y bajo el paraguas del Bloque Piquetero (que llegamos a integrar desde la FTC hasta que se nos expulsó), estos encuentros si bien se encontraban a la izquierda del de La Matanza, era de una capacidad de movilización menor.

Paralelamente, en esa misma época se intentó llevar adelante algunos encuentros de fábricas recuperadas, así como un “fallido” encuentro entre el MST, el PTS y nuestro partido en la Facultad de Filosofía y Letras. Allí el cual el MST se retiró vergonzosamente por no estar dispuesto a someterse a votación alguna del plenario; el PTS y nuestro partido permanecimos, le dimos conclusión, votamos un conjunto de resoluciones en apoyo a la pelea de Brukman y en la perspectiva de la unidad de clase de ocupados y desocupados, pero su “poder de fuego” era muy limitado y quedó en la nada.

También recordemos el encuentro realizado a iniciativa de los compañeros del Subterráneo de Buenos Aires cuando su conducción todavía era independiente de los K. Se trataba de la iniciativa, muy progresiva, por impulsar una campaña nacional por la reducción de la jornada laboral a seis horas, y que fue en gran medida boicoteada por el PO y el PTS porque se trataba de iniciativas que le competían (luego de este fracaso, Pianelli enderezó el barco hacia la CTA).

 

Un encuentro del activismo obrero y trabajador

 

El Encuentro de Atlanta ha sido otra cosa. Su punto de referencia absoluto ha sido la clase trabajadora; es decir, ha tenido una “calidad social” incomparablemente superior a los antecedentes señalados. Si los municipales del SEOM y los ferroviarios de la Bordó fueron los que se hicieron presentes con sectores de base real,  de todas maneras las diversas agrupaciones de las corrientes políticas presentes, sus dirigentes obreros, sus militantes insertos en la clase obrera industrial, sus docentes, el conjunto de lo más granado del activismo obrero y de trabajadores de otros grupos y corrientes también participantes, fueron los que le dieron la composición al Encuentro: una composición de clase obrera muy valiosa.

Está claro que no se trató de un congreso de delegados con mandato, una instancia que nadie en la izquierda puede convocar hoy (sólo podría hacerlo la burocracia sindical, pero nunca le va a interesar). En todo caso, una instancia así se pondría a la orden del día en caso de desarrollarse un gran ascenso de la lucha de clases que desborde a la burocracia.

Sin embargo, el encuentro político-sindical de los sectores combativos y antiburocrático que acabamos de realizar tiene el enorme valor de ser, eventualmente, una instancia preparatoria para desafíos mayores. En todo caso, no se trata solamente de la primera iniciativa contra el ajuste que proviene desde la izquierda. Se trata del primer paso en el intento de reagrupar en un mismo ámbito, en una misma experiencia, el conjunto del activismo de la izquierda, una instancia superadora a cualquier frente único por arriba con sectores de la burocracia como la que defiende el PO.

 

El PO privilegió su acuerdo con el michelismo

 

Ya cuando se entraba en Atlanta se podía observar el desastre de la política que tuvo el PO hacia el Encuentro. Esta catástrofe política tiene una doble base. Por un lado, una orientación oportunista que contrapone su acuerdo por arriba con la CTA Micheli a una instancia que tiende a dar un ámbito de organización por la base, con los métodos de democracia obrera, al activismo, a un conjunto de corrientes políticas y sindicales de la clase obrera. Ya esta ubicación es un desastre total.

Pero a este desastre se le suma otro: el pretender reducir todas las relaciones políticas y sindicales al estrecho ámbito del FIT. Parece que sus componentes se dedicaron todo el verano a debatir si el FIT convocaba a algo o no. Pero aquí hay un problema profundo. De ninguna manera esta “cooperativa electoral” (porque es eso, y asumido así por sus propios integrantes) puede resumir en su seno el conjunto de las tendencias antiburocráticas del movimiento obrero. Y menos que menos inhibir desde un mero frente electoral la posibilidad que se ponga en pie una instancia de otro tipo, intentar poner en pie un polo de referencia de dirección alternativa a lo más granado de la burocracia.

El frente único del PO con el michelismo de ninguna manera puede ser una alternativa de dirección: ¡es un frente único con un sector de la burocracia que, por otra parte, no ha desarrollado hacia abajo ninguna instancia de democracia de bases! Es un acuerdo de aparatos que, eventualmente, puede permitir impulsar movilizaciones parciales, pero de ninguna manera levantar una alternativa de dirección bajo los métodos de la democracia obrera.

Otra corriente vinculada al michelismo, pero ya de manera orgánica, es el MST. Tampoco asistió al encuentro, lo mismo que la CCC. El encuentro es una instancia de frente único pero que, en los hechos, fue más allá que un ámbito limitadamente “combativo”. La realidad es que asumió rasgos de encuentro antiburocrático, si bien no clasista porque no asumió un programa de fondo. Sin embargo, que haya sido antiburocrático, que se haya posicionado en la convocatoria y en la intervención de sus cuatro principales oradores (Sobrero, Santillán, Godoy y Ayala) contra todas las fracciones de la burocracia, ha sido sumamente progresivo y explica por qué el MST y la CCC no estuvieron: para sumarse, deben romper con el michelismo.

 

Hagamos una gran jornada de lucha el 9 de abril

 

Lo anterior no quita que en el seno de los que participamos del Encuentro no se haya dado un rico debate, que pasó, básicamente, en dos cuestiones: el carácter de la jornada del 9 de abril y la propuesta que hizo nuestro partido que el Encuentro fuera el encargado de convocar a un acto unitario el 1° de mayo.

Señalemos que se votaron por acuerdo (o consenso de los cuatro convocantes) un conjunto de resoluciones vinculadas a llamar a sumarse a la mesa provisoria a aquellas fuerzas que, como el PO, no lo han hecho, así como el apoyo a la lucha docente y demás que están en curso, convocándose de manera unificada a la jornada nacional del 9 de abril.

Al respecto, nuestra delegación votó a favor, planteando sin embargo un debate que quedó, de alguna forma, abierto, pero que es de matices. Insistimos en que la jornada debía convocarse, en primer lugar, contra el ajuste económico del gobierno K y con la exigencia a la burocracia de que convoque a la huelga general. Junto con este eje, y en segundo lugar, planteábamos que se sumara el planteo por la absolución de los compañeros de Las Heras, cuya condena a perpetua es, efectivamente, una aberración, un ataque por elevación contra el derecho a la protesta del conjunto de los trabajadores.

La polémica, en este sentido, se centró en que no consideramos, como lo hace el PTS, que la pelea por la absolución deba ser levantada de manera aislada o separada del resto de la pelea contra el ajuste; que la izquierda no puede dejarle la bandera política de la lucha contra el plan económico del gobierno a la burocracia (que, además, no está dispuesta a pelear consecuentemente), sino que tiene que tomarla firmemente en sus manos y, a partir de ese eje, enlazarla con la lucha democrática por la absolución de los compañeros.   

En cualquier caso, en la resolución que se votó quedaron combinados ambos ejes. De ahí que la votáramos favorablemente, y que la militancia del Nuevo MAS se va a jugar con todas sus fuerzas para hacer exitosa la jornada del 9.

 

El debate sobre el 1° de mayo

 

Junto con lo anterior, y de manera destacada, nuestra delegación planteó el problema del acto del 1° de mayo. No se trata de una mera “efemérides” como dijeron algunos. Desde hace tres años el FIT viene realizando actos estrictamente electoralistas que dejan afuera al resto de las corrientes. Nos preguntamos: ¿cómo se podrá invitar al Perro Santillán a un nuevo acto electoral del FIT? ¿Es correcto volver a realizar un acto puramente electoral en momento que crecen las luchas y en que el 1° sería una enorme oportunidad para consolidar el enorme encuentro obrero que acabamos de realizar?

Desde nuestro punto de vista, esto sería un despropósito oportunista que atentaría contra el desarrollo del Encuentro, al que todavía hay que consolidar, ya que es la primera oportunidad en muchos años de poner en pie una instancia antiburocrática de estas características.

Estamos en un año de lucha contra el ajuste, no en un año electoral. Si el Encuentro no convocara, iría contra su propio desarrollo en beneficio de un frente electoral, que, de todas maneras, no se va a disolver porque por ahora es “exitoso” y cuyas tareas específicas este año, en tanto que mera “cooperativa electoral”, no son de importancia (salvo participar en elecciones locales).

 

Los métodos de la democracia obrera   

 

Nos queda una reflexión final. Desde la mayoría de la mesa se nos insistía en que “no pusiéramos a votar” lo del 1°. Nuestra delegación insistió y se fue a votación. Sabíamos que íbamos a perder, debido a que tres de los cuatro convocantes estaban en contra de decidir esto en el Encuentro. También que había matices entre ellos; algunos están de plano en contra de que el Encuentro convoque al 1°, otros dicen que su opinión “dependerá del desarrollo de la lucha de clases”. Efectivamente, el desarrollo de las luchas facilitará o no convocar a un acto superador, unitario, de lucha, no electoralista.

Pero de todos modos, el debate realizado en las comisiones y la votación en el pleno profundizaron la calidad y el valor del encuentro mismo. Que hayamos apelado a la democracia obrera de manera completamente fraterna, sin mayores tensiones, apelando a que los compañeros y compañeras voten, para nada debilita el Encuentro sino que lo fortalece muchísimo.

Desde ya que en aquellos puntos donde hay acuerdo se debe avanzar. Pero cuando de lo que se trata es de la maduración política a partir de los debates, saldarlos a mano alzada no tiene nada de malo; al contrario, se pone en práctica el método más preciado de los socialistas revolucionarios en el seno de nuestra clase: la democracia obrera.

La tarea inmediata es salir ahora, de manera unificada, a garantizar una gran jornada el 9 de abril contra el ajuste, en memoria de Carlos Fuentealba y por la absolución de los compañeros de Las Heras, al tiempo que vamos desarrollando la discusión hacia el 1° de mayo y nos preparamos para intervenir unificadamente como Encuentro ante cualquier convocatoria que la burocracia pueda realizar.

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