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La Santa Sede y la Conferencia Episcopal Argentina no podían quedar tan descolocados ante la opinión pública. Todos los archirreaccionarios se corrieron tan a la izquierda, que la jerarquía eclesiástica quedaba sola a la derecha. ¡A la derecha del mismísimo Presidente de la Nación y su invitado de honor, el Presidente de los EEUU!

Ellos y lo más granado de la burocracia sindical eran los actores políticos y sociales de primer orden que quedaban fuera del “clamor” unánime contra el golpe militar del 76. A 40 años del golpe militar en la Argentina y cuando el presidente Obama visita a Cuba, “la isla del diablo llamado comunismo”, y Macri y sus ministros se deshacen en gestos y condenas antigolpistas, quedaban solos sin decir nada, lo cual es decir demasiado. Es decir demasiado cuando, en un clima de unidad nacional política-empresarial de apoyo al gobierno, todos dicen “Nunca más” y ni la jerarquía eclesiástica nacional ni la del Vaticano titubeaban unas palabras de repudio.

Mientras el debate mediático es entre el giro de los EEUU, la ambigüedad en el sometimiento económico y el compromiso de desclasificación de nuevos archivos, la Iglesia salió al cruce para decir una vez más desde hace años (¿cuántos ya?) que va a aportar la información bien guardada en los sagrados archivos vaticanos. Que, como lo vienen repitiendo desde la creación del mundo… “llevará su tiempo”. Y no es porque su “tiempo” lo tienen ocupado en hacer una campaña mundial contra la tragedia de los inmigrantes asesinados y hacinados en campos de refugiados en Europa.

Si tardaron diez siglos en desempolvar los archivos sobre los crímenes provocados por la Inquisición, para terminar pidiendo perdón ante tantas atrocidades (aunque los analistas designados a la tarea concluyeron que “tampoco era para tanto”), ¿qué apuro tienen los familiares, las víctimas sobrevivientes, los trabajadores y el pueblo argentino?

 

Este 24 avancemos en la movilización para juzgar a responsables y encubridores

 

Desde los primeros secuestros, los familiares se acercaron a las puertas de la Iglesia argentina y al Papa en Roma. Durante la dictadura, después de ella, con todos los gobiernos radicales y peronistas siguieron consecuentes con su pedido en las audiencias, en las declaraciones públicas, en los juicios a represores.

“Luego de las visitas de la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, al papa Francisco en el Vaticano, el Sumo Pontífice se comprometió a ordenar la apertura de los archivos secretos de la Santa Sede para ayudar en la búsqueda de datos de personas desaparecidas durante la última dictadura militar.” Perfil, 11/11/14

“El papa Francisco le garantizó a Ángela Boitano, presidenta de Familiares de Detenidos-Desaparecidos por Razones Políticas, el compromiso de la Iglesia Católica de aportar la información disponible en sus archivos sobre el terrorismo de Estado en la Argentina. ‘Ya lo estamos haciendo. Y a medida que vayan pidiendo, lo vamos a hacer’, fueron las palabras del ex cardenal Jorge Bergoglio, según reconstruyó Lita Boitano. (…) De origen italiano, madre de dos desaparecidos, Boitano reclama sin suerte desde 1976 que la Iglesia colabore con información. (…) Por consejo de su primo, el aviador naval Ángel Martín, fue a ver al capellán del Ejército Emilio Graselli. ‘Dígale a su primo que fueron los militares’, le advirtió Graselli. (…) En 1979 intentó sin éxito que Juan Pablo II la recibiera en la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano que se reunía en Puebla, México. (…) Convencidas de que ‘el Papa era el único que podía hacer algo por nuestros hijos’, viajaron a Roma. ‘Nos colamos entre la gente y le dijimos a Juan Pablo II que éramos madres de desaparecidos. Nos preguntó si eran muchos. Le dijimos que ellos habían recibido muchas denuncias y le pedimos una entrevista. A los tres días nos avisaron que no iba a poder ser’, recordó. ‘Siempre pensé que el Vaticano tenía el archivo más completo de los desaparecidos, dado que todos enviamos allí las denuncias’, reflexionó en 2013 ante los jueces, y agregó que ‘todavía estamos esperando’ la autocrítica de la Iglesia.” Página 12, 24/4/15

Promesa tras promesa, desilusión tras desilusión, bronca acumulada, pero aun aquellos familiares que continúan (un poco o mucho) confiando en las palabras de la Iglesia, siguieron y siguen luchando. Una vez más, los gestos y las promesas continúan, pero entre ellos y los hechos hay un abismo.

Pero las pasadas y las nuevas generaciones seguiremos luchando, como lo demostraremos este 24 de marzo, denunciando las mentiras “ilegales”, así como pidiendo castigo a sus ideólogos más destacados, sean éstos militares, civiles o eclesiásticos.

 

Ana Vázquez

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