Como parte de la transmisión de experiencias políticas y constructivas y sin pretender hacer de ellas un “modelo” a imitar en forma acrítica, traemos a las páginas de SoB algunos andariveles que fueron parte de una actividad militante impuesta por las circunstancias de la lucha de clases, pero creemos que son útiles para la comprensión global de las etapas y los métodos de construcción de un partido revolucionario.

 

Los sostenes de una estructura militante

 

Si decíamos que para los compañeros represaliados el rol de la familia fue decisivo, para los de “afuera”, el apoyo de la familia también lo fue. De la familia, que era parte de una amplia red de amigos y simpatizantes incondicionales que nos cubría las espaldas.

Incondicionales con mayúscula. Capaces de aguantarse allanamientos, apretadas, tiros (al papá de una compañera de Rosario a la que fueron a buscar a la casa lo hirieron en la pierna al abrirles él la puerta), así como de recibir en su casa con todos los honores a cualquier compañero, aun sin conocerlo, solamente avisándole por teléfono que iba a ir un amigo a pasar unos días… o unos meses.

Fueron soldados de una retaguardia feroz, que no se achicó ante nada. Para citar sólo dos ejemplos de los muchos que nos rodearon, traigo éstos al papel.

Jorge, presidente del un centro de residentes españoles, que tenía una hija desaparecida perteneciente a Montoneros y que Enrique Broquen le había tramitado el hábeas corpus. Era dueño de una pequeña imprenta. Además de ayudarnos en la edición de rifas para los compañeros presos u otros trabajos, nos prestaba el salón del centro para reuniones. Nos servía un bufete como si estuviésemos de festejo. Él se quedaba por ahí con sus papeles, no aceptaba quedarse en la reunión por más que lo invitáramos. Nos daba un aporte mensual, pero ante una emergencia económica, cuando salía un compañero en libertad y había que alquilarle un departamento, una fianza, corríamos a verlo. Su respuesta era siempre la misma: “¿Cuánto necesitan?”. Y nos daba todo lo que podía.

Otro era un compañero obrero, ya grande (para nosotros en esa época que éramos unos niños). Trabajaba en Ducilo, fábrica textil de zona Sur, provenía de la corriente del PSA de Juan Carlos Coral, que se fusionó con el PRT (La Verdad) y de allí surgió el PST. Vivía en un chalecito en un barrio de Quilmes. Recibió en su casa a “prófugos” de todas las latitudes sin preguntar nunca nada, ni quién era el compañero ni por qué lo perseguían.

Era muy conversador, pero cuando íbamos nosotros a charlar con el compañero que albergaba, nos dejaba el mate y se iba.

Sin esa periferia el partido no hubiera podido subsistir en las condiciones que se nos impusieron. O, mínimamente, no se hubiera mantenido como un partido de vanguardia, cuando la guerra de Malvinas nos sacudió y salimos nuevamente a las calles con una columna en Plaza de Mayo.

 

Las campañas internacionales: caja de resonancia en el exterior

 

El otro sostén político y de infraestructura fundamental para el sostenimiento y actividad del partido era el apoyo de organismos y personalidades internacionales.

Organismos y personalidades, fundamentalmente que no excedían su concepción democrática-burguesa, pero que cumplieron una función de difusión en el exterior de la situación del país y de apoyo a las campañas por los compañeros presos y desaparecidos.

También lo fueron en aspectos muy concretos, como cuando los militares empezaron a conceder algunas libertades vía la “opción” de cambiar la residencia a otro país, en esos casos fueron fundamentales. Porque no era que te largaban y te daban un pasaje en primera clase y una bienvenida con alfombra roja en el país que te recibía y plata para que te mantuvieras hasta que consiguieras trabajo, además de un curso acelerado para aprender el idioma del país, si no era de origen latino.

No había posibilidad de ejercer ese “derecho” de asilo si no había una familia que ejerciera de “padrino”, te recibiera en su hogar, te mantuviera y te ayudara a sobrevivir en otro país, no sólo con distintas condiciones de vida, sino hasta de idioma. Vía la embajada del país receptor, se gestionaba este trámite, que demás está decir que era engorroso y delicado. Cualquier falla, aunque fuera administrativa, un número de documento equivocado, un papel “arrugado”, podía hacer fracasar el “operativo”. Una compañera que estaba abocada a esa ardua y fatigosa tarea, entre otras, fue la artífice de los logros que conseguimos en ese terreno.

Uno de ellos fue el del compañero Víctor. Víctor era trabajador de Cristalux. Fue secuestrado en noviembre del 75. Sus compañeros realizaron un paro total de actividades hasta que Víctor apareciera con vida. Víctor apareció en la cárcel. Aunque no lograron su libertad, estamos convencidos que sus compañeros le salvaron la vida.

Estuvo en la Unidad 9 de La Plata. Fue uno de los compañeros que salió con derecho a opción a Alemania. Nos alegramos profundamente de su libertad y de su posterior regreso al país, pero no podemos dejar de pensar en el doloroso peregrinar de ese compañero obrero que después de estar encerrado, tuvo que emigrar a un país extraño, lejos de todo lo que lo había acompañado en su vida.

Esta tarea comprendía otros muchos aspectos. Vamos a señalar y testimoniar algunos. El trabajo, por ejemplo, con la organización internacional Amnesty Internacional consistía en mantener relaciones políticas permanentes, vía informes sobre la situación en el país, la de nuestros compañeros, los trámites realizados. Ellos atendían nuestras solicitudes de la mejor manera posible, no sin inconvenientes producto de la represión, como que nos cerraran una casilla de correo y nos secuestraran las cartas y la documentación recibida allí. Éstas iban desde que hubiera adherentes a esta entidad que “apadrinaran” a nuestros compañeros e hicieran campañas públicas en sus países, hasta ayuda económica para colaborar con familiares de menores recursos.

Cuando nos referimos a “nuestros” presos no lo hacemos en este caso sólo refiriéndonos a los compañeros de nuestro partido, sino que incluimos a otros que eran defendidos por Enrique Broquen u otro compañero abogado que trabajara posteriormente con él. Nos referimos a dirigentes obreros como Alberto Piccinini, de Villa Constitución, que fue otro de los que salió con opción del país o a compañeros desaparecidos de otras organizaciones de la izquierda revolucionaria o peronista.

Ardua también fue la tarea que realizaron los compañeros con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos dependiente de la OEA. Organismo supremo del imperialismo que, bajo la administración del presidente Carter, se puso el “disfraz” de los derechos humanos, visitó el país y provocó, además de revuelo y repudio en los círculos militares, un informe negativo que fue útil para continuar la campaña de denuncia, además de ayudar a tomar magnitud de la represión dentro del país. Magnitud que hasta el día de hoy se cuestiona, barajando cifras de la cantidad de desaparecidos como si se tratara de una partida de truco.

Transcribimos párrafos de una entrevista concedida por Patricia Derian, quien fuera secretaria de Derechos Humanos y Asuntos Humanitarios del ex presidente estadounidense James Carter, quien visitó el país en tres oportunidades entre 1977 y 1979 durante la dictadura y durante el gobierno de Ricardo Alfonsín como testigo en el Juicio a las Juntas. Aunque en la carta mecanografiada no figura la fecha, entendemos que fue durante el año 1977.

Entrevista con Patricia Derian. La entrevista tuvo lugar en la Embajada Americana. Las medidas de seguridad eran extremas. La mayoría de los presentes habían conseguido la entrevista a través de conexiones con la embajada o por intermedio de R. Cox, el director del Herald (se refiere al diario Buenos Aires Herald). Entre las presentes se encontraban tres madres que venían en representación del Movimiento de Familiares que se reúne todos los jueves en Plaza de Mayo, la esposa del ex ministro Taiana y la madre de Federico Álvarez Rojas (compañero desaparecido del PST físico destacado de la Comisión Nacional de Energía Atómica).

Patricia Derian: ¿Viene a título personal?

US: Vengo en representación del Dr. G. E. Broquen, abogado que tiene a su cargo los casos de los cuales le voy a hablar y que a su vez es miembro del Movimiento Socialista (5).

PD: ¿Por qué no vino personalmente?

US: Hace poco tiempo que fue secuestrado y luego dejado en libertad a los nueve días, de modo que no está en condiciones de hacer presentaciones públicas.

PD: Por supuesto, y mucho menos de venir a la Embajada Americana en estas circunstancias. Para su seguridad le diré que hemos extremado todas las medidas para proteger la identidad de las personas que han venido a vernos, de modo que no tiene nada por qué preocuparse. Bien, ¿puede decirme qué tipo de actividades realiza el Movimiento Socialista?

US: Por el momento nos dedicamos a agrupar a los familiares de nuestros detenidos y desaparecidos, a brindarles ayuda económica y de todo tipo, pero aspiramos a mucho más. En estos momentos nuestros familiares están editando un boletín de información acerca de la situación actual de los derechos humanos en Argentina, actividades que se pueden realizar, lugares a los que se puede recurrir, e información más general, por ejemplo, el Vocero por los Derechos Humanos es la única publicación que tradujo el informe de Amnistía Internacional sobre Argentina.

PD: ¿Tiene ese material aquí?

US: Le fue entregado a sus secretarios esta mañana, junto con una lista completa de los detenidos y desaparecidos de nuestro movimiento.

(…)

PD: Nosotros no hacemos ninguna diferencia con las organizaciones que vienen a vernos.

US: El 80% de los miembros del PST son obreros. Ahora, si ud. quiere saber si el PST es parte de la Cuarta Internacional, tengo que decirle que sí, y que durante los últimos diez años hemos llevado a cabo una lucha incansable contra la tendencia que quiere imponer la guerra de guerrilla como estrategia para América Latina.

(…)”

 

Unidad de acción hacia el movimiento obrero y sus organizaciones

 

Con el despuntar de las primeras luchas obreras en el 79 y la formación de la CUTA (Central Única de Trabajadores Argentinos) (1) se incorpora en el programa de esta central sindical la lucha por los presos y desaparecidos. Cuestión no menor para unificar las peleas en curso.

En este caso, cuando estábamos contra las cuerdas, la táctica de la unidad de acción fue privilegiada. De la misma no hay que enamorarse, pero tampoco despreciarla. En situaciones límites, es una palanca necesaria e imprescindible para poder pelear y derrotar al gobierno y sus seguidores. De ésta nos valimos para poder unificar, en una situación de retroceso y persecución, la resistencia a la dictadura. Por supuesto que entre las filas de la vanguardia hubo quienes estuvieron en contra. En algún caso, por políticas obsecuentes con la dictadura, como fue el caso del Partido Comunista Argentino, que apoyaba a Videla. En otros, por errores sectáreos, que las separaban del movimiento de masas, como fue en su momento el caso de las Madres de Plaza de Mayo.

Transcribimos párrafos de estos textos en los cuales se desarrolla la polémica instalada:

“Las organizaciones como la Liga (2) y la Asamblea (3) que como ya te dije, influenciadas por algunos sectores partidarios muy interesados en la Convergencia Cívico-Militar, hacen que condicione el apoyo explícito a la CUTA, ya que esto implicaría un ataque directo al régimen militar y sólo hacen llamados abstractos a la clase obrera. Te doy dos ejemplos. La Comisión de Familiares (4) (o sea la LADH) hizo un plenario al que llamó a los sindicatos a que fueran a defender a sus presos y desaparecidos. Obviamente ningún sindicato acudió a la reunión y el único que lo hizo, ferroviarios, planteó que la única manera de conseguir el apoyo de la clase obrera era acompañarla en su lucha y sólo cuando ésta consiguiera su objetivo de derrocar al gobierno militar se conseguiría la libertad de los presos sin proceso, la aparición o el esclarecimiento de la situación de los desaparecidos, y el fin de la represión. Por supuesto ésta es también nuestra posición. (…) No podemos ir a los sindicatos que en este momento están amenazados con la destrucción a plantearles a los obreros, queremos que dejen todo y vengan a ayudarnos, nuestro planteo tiene que ser el opuesto. Venimos a ayudarlos en su lucha por su sindicato, por las obras sociales, por mejores salarios, porque sus delegados puedan dirigirlos sin el temor de ser detenidos y torturados, y además, venimos a ayudarlos porque ustedes y nosotros tenemos un punto en común, el punto 5° de su programa en el que aparece nuestro problema, los detenidos y desaparecidos. Los venimos a ayudar porque sabemos que defendiéndolos a uds. estamos defendiendo a nuestros familiares detenidos y desaparecidos. Los ayudamos porque sabemos que nuestros objetivos sólo se cumplirán con la caída del régimen militar, y los únicos que los han resistido consecuentemente desde su instalación hace ya casi cuatro años han sido ustedes. (…) (Carta enviada desde el estudio de Broquen el 22/12/79)

 

Ana Vázquez

 

  • A partir del golpe militar de 1976 y el terrorismo de Estado muchos de los dirigentes de la CGT y sus militantes de base fueron desaparecidos. Los grandes sindicatos son intervenidos y sus dirigentes encarcelados o desaparecidos. La CGT es primero intervenida y luego legalmente disuelta. Pese a ello el sindicalismo se reorganizó en dos sectores: a) un sector “confrontacionista” con la dictadura, llamado primero “los 25” y luego CUTA y CGT-Brasil; y b) un sector “dialoguista” con la dictadura llamado primero CNT y luego CGT-Azopardo.
  • Liga Argentina por los Derechos del Hombre, dirigida por el Partido Comunista.
  • Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, integrada por representantes de los partidos burgueses fundamentalmente como el radicalismo, la Democracia Cristina y también el PC. Ricardo Alfonsín, Graciela Fernández Meijide fueron algunos de sus miembros.
  • La Comisión de Familiares de Detenidos y Desaparecidos, aunque dirigida férreamente por el PC, era un organismo que reunía en forma semanal a los familiares que se acercaban a pedir ayuda y que querían integrarse a la lucha. Tenía la virtud que congregaba a familiares de distintas procedencias y se establecían relaciones entre ellos, combatiendo de esa forma el tremendo aislamiento. Allí participaban compañeras y compañeros del PST.
  • Eufemismo para referirse a la organización política que, al estar ilegalizada, no se la podía reconocer como tal por su nombre, ni menos reconocer su actividad política.

 

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