Fútbol para socios: se alarga la cadena de favores de Macri

 

El gobierno de Macri continúa con su línea de respeto puntilloso a las promesas electorales, transparencia, institucionalidad y combate a la corrupción: privatizó de hecho y por decreto, en beneficio de los dos mayores grupos mediáticos del país, la difusión televisiva del fútbol. Pese a que había prometido mantener Fútbol para Todos (después de haber prometido sacarlo, es verdad), en total secreto, sin licitación ni información pública previa, entregó la transmisión de los partidos de Boca, River, Independiente y Racing por la muy módica suma de 180 millones de pesos. ¿A quién? A El Trece (Clarín) y Telefé (Telefónica).

Causa gracia googlear el tema y ver titulares como de La Nación del 19 de diciembre: “Fútbol para todos, gratis y despolitizado”. El mensaje es que todo seguía igual, con la ventaja de no tener que soportar propaganda oficialista antes, durante, entre y después de los partidos. Bueno, con el anuncio posterior, queda claro que no. Es una privatización de hecho, y además a precio vil.

Por lo pronto, se ve que el fútbol sigue siendo cuestión de Estado prioritaria, porque FpT quedó en la órbita de la Secretaría General de la Presidencia. Se designó al frente de FpT a Fernando Marín, personaje que los hinchas de Racing conocen muy bien: su gerenciamiento (así se llamaba) con Blanquiceleste SA no dejó a la Academia muy floreciente que digamos.

 

Cambiemos: de la propaganda K al curro para Clarín

 

Macri se apoya en un elemento real: el hartazgo que generó en muchos el uso que hacía el kirchnerismo de la transmisión de fútbol para hacer propaganda oficial. Bajo ese paraguas, sin embargo, lo que tenemos ahora es verdaderamente escandaloso. El presupuesto de Fútbol para Todos es de unos 1.900 millones de pesos, que durante la campaña electoral los medios y políticos gorilas criticaban por excesivo y por no tener casi financiamiento privado. Ahora bien, ni hace falta decir que el centro del negocio son los partidos de los equipos grandes, los que más rating tienen y los que más dinero pueden generar por publicidad. ¡Y Macri les da a Clarín y Telefónica ese núcleo del negocio, cuatro de los cinco grandes, incluidos Boca y River, por menos del 10% de lo que cuesta FpT!

Aclaremos que, como denunció el periodista e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes Santiago Marino, “nadie vio un solo papel de la transacción” entre el Estado y sus nuevos socios. Tan turbio es todo que no se conocen “detalles” básicos, como si el acuerdo incluye compartir publicidad o queda todo para los privados (lo más probable), o si la producción del programa va a seguir a cargo de La Corte (productora pagada por el Estado).

Se trata, en el fondo, de una brutal transferencia de ingresos y negocios al sector privado y amigo: si los canales pagan 180 millones de canon y venden publicidad por mucho más, es plata que el Estado pierde y las empresas ganan sin contraprestación alguna. El amigo es sobre todo el Grupo Clarín, desde ya; sucede que como El Trece y Telefé pelean cabeza a cabeza el rating todos los años, era demasiado grosero darle todo al canal del solcito. Y de paso, se le lamen un poco las heridas a otro grupo (Telefónica) que está que trina por los cambios a la ley de medios (ver SoB 364). Canal 9, con poco rating y pasado pro K, y América, del Grupo Vila-Manzano, quedaron fuera de la torta. A Vila le ofrecieron, a modo de premio consuelo, los partidos de San Lorenzo. Respondió amenazando con hacer juicio por no haberlo ni notificado del negocio, en el que por supuesto no hubo licitación ni nada.

Los demás equipos chicos o del interior, que juegan en otra categoría en cuanto a rating y pauta publicitaria, quedarán, casi como residuo, en la Televisión Pública y Canal 9. Lógica macrista pura: lo que importa son los grandes, que son los que generan el verdadero negocio. Dicho sea de paso, con esto se afianza la posición ya dominante que tienen los canales grandes, y la distancia en todo sentido (rating, ingresos y capacidad de producción) va a ensancharse en beneficio de los más poderosos. Lo que nos lleva al tema siguiente: ganadores y perdedores.

 

Magnetto campeón; los clubes y el público, al descenso

 

Desde ya, el primer perdedor en todo esto es el público: que la transmisión la hagan Telefé y El Trece significa, en concreto, que a muchos lugares del interior no va a llegar… salvo que paguen cable, negocio principal de Clarín. Algunas voces macristas intentan atajarse diciendo que “donde no haya posibilidad de transmisión de las señales de Telefé y Canal 13, los partidos serán retransmitidos por la TV Pública, para garantizar el alcance nacional y la gratuidad de los partidos” (La Nación, 21-1-16). Se trata de un problema incluso legal, ya que entre las modificaciones que hizo Macri por decreto de la ley de medios NO figura el artículo que obliga a que los contenidos “de interés público” sean transmitidas por TV abierta para todo el país (idea tomada de la legislación de la Unión Europea en la materia). Pasa que como para este gobierno todo eso es discutible (o trampeable), y como no existe documento escrito conocido, nadie sabe tampoco cómo se resolverá este “detalle”. Pero es de suponer que Macri no hará demasiada fuerza para defender los derechos de los televidentes del interior en detrimento del negocio de su socio político (y ahora comercial).

Como dijimos, pierden también los canales chicos y en general todos los operadores que no sean Telefé o El Trece, porque, como dice, el citado Marino, “se les da el contenido más visto a los canales más vistos. Esto manifiesta una lógica estrictamente comercial. Esos canales van a salir a comercializar la publicidad para el resto de su programación con un promedio de rating que crecerá con estos contenidos” (yahoo.noticias.com.ar).

Y, en particular, pierden como loco los clubes. Recordemos que de esos 1.900 millones de presupuesto de Fútbol para Todos, una parte muy importante iba directamente a los clubes en concepto de derechos de televisación. Esto tenía una serie de problemas. Primero, el Estado no controlaba (cosa que podía y debía haber hecho) que los clubes, que son asociaciones civiles sin fines de lucro, gasten esa plata de manera socialmente útil, empezando por sanear sus finanzas y terminando por desarrollo deportivo y social que le sirva a la comunidad. Segundo, justamente, que el manejo de los clubes, que ya no se distingue del de una empresa en casi nada salvo en el aspecto legal, no prioriza eso sino el curro de las transferencias turbias de jugadores y los negociados de publicidad y obras, entre muchos otros. Para un club hoy es más importante (porque es más lucrativo) hacerse amigo o socio de un representante de jugadores bien relacionado que construir canchas de básquet o de handball.

Pero ahora, el Fútbol para Magnetto es todavía peor para los clubes, que, cada vez más, a medida que avance el esquema de privatización que ahora comienza, deberán negociar menos con el Estado y más con empresas privadas. Uno puede criticar a la gestión K que no hacía lo que debía, pero se trataba del Estado, y por lo tanto, sujeto al escrutinio público. En cuanto la negociación del fútbol y los derechos de TV pasa a la órbita privada, es un asunto entre privados, y legalmente nadie tiene derecho a meter la nariz (como ocurrió durante años con la empresa Torneos y Competencias y el programa Fútbol de Primera).

En resumen: un negociado turbio, sin información, sin licitación, sin apertura a competidores, con dos beneficiarios excluyentes y a un precio ridículamente bajo, con total perjuicio para las arcas estatales, que traerá más concentración de medios, más desigualdad entre canales grandes y chicos, porteños y del interior, todo en detrimento de los clubes y del público, que verá seriamente amenazado su derecho a ver fútbol sin tener que pagarlo a precio de oro a un operador de cable que lo tiene cautivo. Por la forma y el contenido, por los que ganan y por los que pierden, una medida 100 por ciento macrista, químicamente pura y sin diluir.

Marcelo Yunes

 

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