La idea del decreto de quiebra es que se proceda rápidamente a la venta de los bienes para salvar las fuentes laborales mediante la continuidad de la explotación comercial. Durante los últimos años, estos remedios pocas veces se aplicaron. Antes de que se decrete la quiebra, en la mayoría de los casos, los trabajadores tomaban las plantas, constituían una cooperativa de trabajo y frenaban los procedimientos judiciales. Luego venía un sistema de subsidios, pedidos a los proveedores de servicios para que no cobren las facturas y una situación de hecho que en varias oportunidades se prorrogó por años. Otras veces, los acreedores se enredaron en los vericuetos de los expedientes, los empleados perdieron su trabajo y los bienes fueron vendidos años después como chatarra.”

Diego Cabot, La Nación, martes 22 de diciembre de 2015

Tras varios días de acampe, el martes 23 se cerró una etapa en el conflicto de Cresta Roja cuando los trabajadores dejaron la protesta que venían realizando en la autopista Ricchieri justo en la entrada del Aeropuerto Internacional de Ezeiza.

La misma se produjo tras el dictado de la quiebra de la compañía y el ofrecimiento por parte del gobierno de entregar un monto de $ 6.000 en enero, bolsones de comida para pasar las fiestas y en garantizar que algún grupo económico compre la empresa y se haga cargo de los trabajadores.

Este fue el cierre de una etapa de un conflicto que viene de larga data.

Es que Cresta Roja era una empresa que se beneficiaba plenamente haciendo negocios con los K y el gobierno venezolano que le compraba gran parte de la producción. Eso hizo incrementar la cantidad de operarios de la planta pero las ganancias que iban obteniendo con este negocio fabuloso mientras duró la bonanza del precio del petróleo, no se vio reflejada en una innovación tecnológica que le permitiera a Rasic producir de otra forma, como es lógico dentro del sistema capitalista. Es decir, que pese a las ganancias fabulosas y ser cada vez más grande la planta, el trabajo seguía siendo a destajo y las condiciones de los trabajadores horribles.

En medio de todo esto, se caen los acuerdos con Venezuela y la cantidad de plata que ingresaba a través de los distintos subsidios que le otorgaba el gobierno K a los Rasic se vio disminuida; Cresta Roja comenzó a ser vaciada por los empresarios.

De esta forma desde hace varios años la avícola comienza a despedir gente con la oposición de los trabajadores que se iban movilizando para frenar eso; a pesar de conseguir la reincorporación de muchos compañeros, otros fueron cesanteados de su fuente de trabajo.

Por todo esto, el cambio de gobierno encuentra a una Cresta Roja vaciada, en concurso de acreedores, y con los trabajadores en pie de guerra por la situación de la planta.

Los anuncios de la quita de retenciones a los sectores agrarios que exportaban trigo y harina, las retenciones eran de aproximadamente 800 millones de dólares por año que eran destinados en mayor parte al sector avícola, junto a los molinos y las lecheras, cosa que Scioli también anunció que haría durante su campaña electoral. No lograron tranquilizar a los trabajadores, sino al contrario, ya enardecían viendo cómo los Rasic los dejaban prácticamente sin trabajo pese a la enorme entrada de dinero proveniente de los subsidios que tuvieron durante años.

Vale destacar que durante todo este tiempo los trabajadores ganaron en organización. Empezaron a salir a la calle para reclamar su situación, desplazaron a la comisión interna anterior votando delegados que reflejaban más la lucha, mientras la empresa se seguía vaciando, se llegaba a producir solamente uno o dos días por semana, y en el camino mataron infinidad de pollitos por “no tener plata” para su crianza. De esta forma la patronal arrasaba con toda posibilidad de producir ya que destrozaron toda la materia prima.

En ese contexto los trabajadores deciden radicalizar la protesta y realizan marchas en distintos puntos para instalar su conflicto esperando que alguien los atienda, a tal punto de realizar importantes marchas a Plaza de Mayo.

Pero como el conflicto no se solucionaba y estando éste ya instalado nacionalmente, deciden cortar la Ricchieri en la entrada del Aeropuerto, contando con la solidaridad de todos los que tenían que ver con la zona, ya que mucho del personal del Cresta Roja es vecino del barrio, y en esas zonas, todos conocen por lo menos a alguno de los casi 5.000 empleados de la avícola.

La protesta tenía la simpatía de todos, todo el barrio y el aeropuerto era sensible con la causa de los trabajadores de Cresta Roja. Camioneros, colectiveros, turistas, vecinos, ponían plata para el fondo de huelga, tocaban bocinazos de apoyo, y rodeaban de afecto a los trabajadores. Los trabajadores también remarcan: “hasta la Policía de Seguridad Aeroportuaria está con nosotros, si hasta frenó el avance de la Gendarmería cruzando sus camionetas para evitar el avance de los gendarmes”, nos decía uno de los operarios durante el acampe.

Es que no era menor ese apoyo. En tiempos en que el gobierno macrista quería correr la protesta de la Ricchieri porque atenta contra el país “normal” que quieren instalar.

Por eso fue que el lunes por la noche, los gendarmes comienzan a avanzar en recuperar la autopista para la circulación corriendo el corte y liberando un par de carriles. Acción que prosiguió por la mañana del día siguiente cuando liberó toda la autopista.

En ese interín, ya con los trabajadores al costado de la ruta, es que empieza toda una ronda de negociaciones con funcionarios del Ministerio de Seguridad, que terminan derivando en la reunión con Triaca, mientras en ese mismo momento la jueza dicta la quiebra de la empresa y ordena la militarización de las plantas con el supuesto interés de que nadie saque nada de allí. Pero una mirada más para el lado de los laburantes marca que su interés estaba en impedir una posible toma de la planta como radicalización de la lucha, pero esta opción fue descartada por los delegados, que si bien pensaron en esa medida, la tenían en cuenta, pero sólo como una última instancia, ya que ellos siempre apostaron a confiar en las negociaciones que realizaban frente a los dos gobiernos, tanto con el entrante como en su momento la tuvieron con el saliente.

En ese contexto, se produce una segunda represión, donde la Gendarmería arrojaba chorros de agua y balas de goma hiriendo a varios manifestantes pero sin nunca pasar hacia el pastizal, quedándose donde termina la ruta. O sea, fue una represión frente a una acción irresponsable que no sólo dio excusas a un nuevo accionar represivo sino que generó división entre trabajadores, la cual llegó hasta golpes entre ellos tras el anuncio por parte de los delegados acerca de la presencia de la izquierda dentro del acampe.

O sea, que un rato antes de que el ministro de Trabajo recibiera a los delegados, se había producido cierta conflicto entre los que apoyábamos la lucha, el desgaste de varios días en acampe, la represión de Gendarmería, la militarización de las plantas y por si fuera poco, el anuncio del dictado de la quiebra. En esas condiciones se fue al Ministerio de Trabajo y se acepta la propuesta con la que comenzamos la nota, sin que ningún trabajador se pronuncie ni a favor, ni en contra, con algunos aplausos en el momento en que los delegados informaron la propuesta gubernamental y algunas preguntas sobre distintas situaciones. Los delegados seguían alimentando la esperanza de que algún grupo capitalista se quede con la empresa y preserve los puestos de trabajo.

En ese contexto, queremos alertar sobre la necesidad de no confiar en promesas, ni en una eventual venta de la empresa, ya que eso no soluciona el problema de las fuentes de trabajo, sobre todo si se avanza en el plan de desguazar la empresa y conformar varias, ya que de esa forma los distintos grupos que compren la misma podrán despedir más fácilmente. Es necesario resguardar todas las fuentes de trabajo: para eso entendemos que se debe tratar de imponer la estatización de Cresta Roja bajo control de sus trabajadores. En estos momentos, debemos estar muy atentos y tener bien en claro que la única forma de garantizar los puestos de trabajo es la movilización de los trabajadores, ya que la movilización de los trabajadores fue la que le torció el brazo al gobierno y lo obligó a negociar lo que nunca quiso negociar, que es el saldo más positivo que dejó hasta ahora el conflicto.

Remarcamos la importancia que tiene que el gobierno se haya sentado en una negociación porque ese no era el plan inicial del macrismo. El gobierno de Macri no estaba interesado en mediar políticamente, esperaba que el problema se solucione de la forma en la que la gobernadora Vidal lo dijo: en las relaciones normales de libre mercado sin la intromisión gubernamental. Esto marca un cambio abrupto con respecto al gobierno anterior en la forma en que el Estado interviene en los procesos donde las empresas cierren. El gobierno de Macri no tenía la más mínima intención de intervenir. Terminó interviniendo por la presión de la movilización de los trabajadores, por más que su intervención en el conflicto sea para buscar una salida por la vía empresarial, pero se vio obligado a dar cuotas del Plan RePro y bolsones de comida para frenar el conflicto, cosa que no estaba en sus planes. Porque estaba claro que a lo que estaba dispuesto el gobierno nacional era a sacar la protesta de la ruta. Por eso la noche del lunes avanzó contra los trabajadores, por eso el martes a la mañana los sacó por completo de la ruta dejándolos en el pastizal y como consecuencia de eso, y de lo mal que cae en la sociedad, aun hoy día, todo lo que tenga que ver con represión, se vio obligado a recibir a los trabajadores e intervenir para destrabar el conflicto.

De ahora en adelante se trata de estar atentos, de seguir en asamblea permanente deliberando todos los pasos a seguir para lograr la real y definitiva preservación de todas las fuentes de trabajo, y no confiar en los espejos de colores que proponen el gobierno y la patronal y prepararnos para salir a luchar contra este gobierno que viene a topar todas las conquistas, por más tramposas que sean, conseguidas por los trabajadores.

Adrián Peryam

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