Socialismo o Barbarie, Estado español, 23/12/2011



Los resultados de las elecciones del pasado domingo han destapado la caja de Pandora en el país, alterando drásticamente el escenario político. Una nueva situación política sin parangón se abre, marcada por una alta inestabilidad ya que existen reales y graves dificultades para asegurar la gobernabilidad. Quién y cómo gobernará es un interrogante abierto.

Con una participación del 73,20%, el PP ha ganado las elecciones con un 28,72% de votos y obtiene 123 escaños. Es decir, ha ganado las elecciones pero no puede gobernar, es el partido más votado pero con muchas dificultades para formar gobierno y para que Mariano Rajoy repita como presidente, al quedar muy lejos de la mayoría absoluta (176) a la que estaba acostumbrado y muy por debajo del 44,63% y los 186 escaños con los que contaba hasta el domingo por la noche como resultado de las elecciones de 2011.

El PSOE, en la peor elección de su historia, se mantiene como segunda fuerza pero con el 22% y 90 escaños. Es decir, retrocediendo notablemente respecto del 28,8% y los 110 diputados que tenía, a la vez que se posiciona a muy poca distancia del PP, pero con Podemos como fuerza emergente pisándole los talones. Lo cierto es que, después de casi cuarenta años, con estas elecciones el PSOE ha dejado de ser la única variante de oposición y el único competidor que le disputa el gobierno al PP.

La revelación de estos comicios sin dudas es Podemos, que se sitúa como tercera fuerza en confluencia con En Comú Podem en Catalunya, En Marea en Galicia y Compromís en la Comunidad Valenciana, y logra entrar en el Poder Legislativo con un 20,7% de votos y 69 diputados; un muy buen resultado, que concretamente representa más de 5 millones de votantes.

Ciudadanos, la otra fuerza emergente, se fue desinflando en el tramo final de la campaña y sólo obtuvo el 13,93% y 40 escaños. Esto es especialmente llamativo si tenemos en cuenta que al inicio de la campaña electoral las encuestas lo llegaron a posicionar como tercera fuerza, e incluso algunas como segunda por delante de PSOE. De esta manera, ha “perdido la interna” de las “fuerzas emergentes” con Podemos y tiene un peso casi nulo en la formación del nuevo gobierno (ya que sus votos no alcanzan para garantizar una investidura del PP).

IU con un 3,67% y 2 escaños, mantiene su presencia en el nuevo Parlamento pero no podrá formar grupo parlamentario propio. Hay que señalar que la ley de repartición de escaños ha sido especialmente dura con este partido que sacó casi un millón de votos, y cada escaño le costó, por lo tanto, casi medio millón de votos.

Lo que dejan las elecciones

El balance central de la elección es que estos resultados señalan el fin de las mayorías absolutas y dejan un Parlamento extremadamente fragmentado y plural. Abriendo una etapa donde los pactos, las negociaciones y los acuerdos serán necesarios para “salvar” la gobernabilidad y dar estabilidad. Dada la composición del nuevo Parlamento, ahora hace falta el acuerdo de más de tres partidos para llegar a los 176 escaños de la mayoría absoluta. Si este acuerdo no se alcanza en el plazo de dos meses habrá que convocar a nuevas elecciones.

En cuanto a las perspectivas post electorales, el primer dato a retener es que hay importantes posibilidades de que el PP no logre formar gobierno. Esto es así no solamente a consecuencia del derrumbe electoral del PP, sino también por el hecho de que su socio “natural”, Ciudadanos, ha alcanzado un número de diputados menos elevado que el previsto y sus votos no alcanzan para investir al PP. Como resultado de sus choques con los partidos “nacionales” del resto del Estado, como CIU y PNV, el PP cuenta con pocos aliados y muchas dificultades para continuar al frente del Estado. Un gran pacto con el PSOE en pos de la “gobernabilidad” no puede descartarse, pero las primeras señales de parte del PSOE van en sentido contrario, ya que caería muy mal a los ojos de su base social, un bocado difícil de digerir y un precedente duro de asumir para aquellos que votaron al PSOE en contra del PP.

Por su parte, el PSOE no la tiene tampoco nada fácil para consagrarse como reemplazo. Aunque un acuerdo con Podemos podría abrirse paso, la cuestión nacional es un punto de difícil solución. No sólo por el necesario apoyo de los partidos nacionalistas para lograr la investidura del PSOE, sino porque Podemos mismo concurrió a elecciones en forma de alianzas en varias Comunidades con sectores que reivindican mayores formas de autonomía que las que el PSOE está dispuesto a entregar. La perspectiva de una gran “coalición de izquierda” está por lo tanto lejos de ser evidente.

Esta situación, donde ninguno tiene nada asegurado, por lo que se imponen los pactos, pone en un brete político a cada partido. Porque no sólo se trata de un problema de números para alcanzar la mayoría: se trata de un problema político de cómo, con quién y con qué contenido se consigue esa mayoría para gobernar. Así, se abre un abanico de posibilidades que aún es difícil evaluar con certeza para qué lado irá, pero donde queda claro que entramos en un escenario completamente diferente a la estabilidad del bipartidismo precedente. Se abre un periodo de inestabilidad que podría terminarse con la convocatoria de nuevas elecciones generales.

Asimismo, estas elecciones son una constatación de la agonía cada vez más cercana a la muerte del bipartidismo. Los partidos tradicionales que se han turnado en el poder, perdieron en conjunto más de cinco millones de votos y si en 2011 17,8 millones optaron por uno o por otro, el domingo pasado sólo lo hicieron 12,6 millones.

Lo que expresan estas elecciones

El desplome del PP, el hundimiento del bipartidismo, el desinfle de Ciudadanos y el ascenso de Podemos son datos objetivos de estas elecciones, pero el significado político que tienen para nosotros no es el mismo que le atribuye la prensa burguesa.

“(…) El nuevo sistema determinado por las urnas no supone una revolución, pero sí un cambio importante. De entrada refleja los deseos de los españoles, que piden negociación y consenso, en buena parte hartos de los enfrentamientos sin salida a los que condujeron en el pasado las situaciones muy polarizadas. Hay que aprender a convivir en un escenario de minorías parlamentarias, que deben dar lo mejor de sí mismas para dotar de estabilidad al sistema. No hay duda de que habrá negociaciones complejas para formar Gobierno, pero es de esperar que los principales actores constitucionales aborden esta tarea con ánimo constructivo. En definitiva, después de cuatro años en los que el diálogo político ha brillado por su ausencia, los partidos tienen que retomar la vía de la negociación para acometer los problemas que tiene nuestro país. Esta es la mejor manera de responder al mensaje de las urnas.” (Editorial de El País del 21/12/11)

Para nosotros, lejos de expresar un “ánimo de discusión y negociación”, las elecciones reflejan, al contrario, de manera distorsionada, la oposición y el enfrentamiento que se han dado en las calles estos últimos cuatro años contra la política austericida y los recortes del PP. En ese sentido, estos datos expresan un giro electoral a la izquierda y el mensaje que salió de las urnas es el del voto en contra de las políticas de recortes y sumisión a la Troika encaradas por el PP, y de rechazo y castigo a los corruptos partidos tradicionales del bipartidismo. Por eso el PP se derrumbó y Ciudadanos se desinfló.

Es necesario comprender que por un lado está el análisis de lo que las organizaciones políticas defienden y por otro lo que la gente expresó al votar por las mismas.

No tenemos ninguna ilusión en el PSOE, que votó la reforma constitucional con la ayuda del PP para reducir el déficit público y que aplica la austeridad allí donde gobierna. Tampoco desconocemos el giro al centro de Podemos y de su dirección, su adaptación cada vez mayor a las “reglas del juego” del régimen del 78, razón por la cual consideramos que no era una alternativa de fondo en estas elecciones.

Pero estas consideraciones no pueden ocultar o minimizar el hecho de que subjetivamente, una parte importante de los trabajadores y los sectores populares votaron por estas formaciones para que se vaya el PP y se acabe la austeridad. Esto es un elemento esencial, porque hace a un balance correcto de las elecciones y ayuda a comprender los puntos de apoyo con los que contamos para las próximas peleas. A esto se suma el hecho de que, concretamente, el resultado electoral ha abierto un escenario de inestabilidad cuyas consecuencias aún están por verse.

En las próximas semanas, todo el escenario político va a estar dominado por la danza de las alianzas entre los de arriba, por las negociaciones interminables donde cada partido sólo busca salvar su propio pellejo y sacar la mejor tajada posible. Esto contribuirá a adormecer la situación y a seguir canalizando la indignación por las vías de la democracia burguesa. Lo que las elecciones han arrojado es que los trabajadores y el pueblo español están cansados de las políticas de austeridad, y de lo que se trata ahora es de defender y de conquistar esta perspectiva mediante la organización y la lucha en las calles.

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