Por Ale Kur



 

 

El día de hoy (24/11), un avión de combate ruso fue derribado por la aviación de Turquía, en la frontera entre dicho país y Siria. No está claro si esto ocurrió dentro o fuera del espacio aéreo turco (ese sería el pretexto para el derribamiento).

En cualquier caso, se trata de una jugada peligrosa por parte de un país que es miembro de la OTAN, y que aumenta fuertemente las tensiones entre dicho bloque y Rusia.

Turquía y Rusia ya se enfrentan de hecho al interior de Siria, pero no de manera directa sino a través de “proxies”, es decir grupos locales apoyados por cada parte. Rusia sostiene al gobierno sirio de Bashar al Assad, y además golpea con su propia fuerza aérea a sus enemigos (y especialmente, a los civiles de las zonas donde se encuentran). Por el contrario, Turquía apoya financiera, armamentista y logísticamente a los grupos rebeldes islamistas que combaten a Al Assad –un amplio espectro que incluye a Al Qaeda, al Estado Islámico, a jihadistas locales y a brigadas islamistas “moderadas”.

Ninguno de ambos contendientes militares de la guerra civil siria representa nada progresivo, ni en su programa ni en sus métodos. Ambos masacran civiles, miembros de los grupos étnicos-religiosos contrarios, destruyen infraestructura necesaria para la vida, etc. El gobierno de Al Assad (al igual que Rusia) pelea por la supervivencia de su propia dictadura, por el mantenimiento del poder en manos de una camarilla mafiosa de millonarios que controla todos los resortes del Estado. Los rebeldes islamistas pelean en sus diferentes matices por el establecimiento de la “Sharía”, la Ley Islámica, que en la concepción de muchos de ellos es incompatible con la democracia (además de implicar una profunda opresión de la mujer, de los trabajadores, etc.).

Tanto Rusia como Turquía juegan en Siria un rol reaccionario. El mismo avión militar ruso derribado por los turcos estaba yendo a realizar bombardeos contra los rebeldes en Latakia, zona donde ni siquiera se encuentra presente el Estado Islámico. Bombardeos que habrían tenido un alto costo en vidas civiles y no hubieran contribuido en lo más mínimo a resolver el conflicto. Turquía, por su parte, utilizó para su derribo a los mismos aviones con los que bombardeó a los ciudadanos kurdos en su propio país. Es además el mismo Estado que le abrió sus puertas al Estado Islámico para que se instale y realicé desde allí sus ataques.

Se trata claramente de dos potencias reaccionarias, que no solo chocan entre sí por sus propios intereses sino que además arrastran a la región y al mundo a una aventura muy peligrosa. La única salida para Medio Oriente requiere la irrupción de un sujeto político que sea plenamente independiente de estos dos bloques.

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