Temas: ,

Este año la discusión acerca de la pelea contra las redes de trata y de explotación sexual fue nuevamente fragmentada en dos talleres: “Mujer y Trata” y “Mujer y Prostitución”. Vale decir que esta separación es todo un guiño para quienes pelean por la reglamentación del “Trabajo Sexual”, al separar tajantemente el problema de la trata (ligada completamente a la imposición violenta) con el de la prostitución (donde cabría la posibilidad de elegir).

Las Rojas nos jugamos con todo en estos talleres para llevar la pelea abolicionista, junto a compañeras de AMADH, la Campaña Abolicionista, y otras organizaciones, más activistas independientes.

Pero no fuimos las únicas, también estuvieron las férreas defensoras de la regulación del “Trabajo Sexual”, presentándolo como un oficio más para las mujeres. Los argumentos que se escucharon de la mano de Georgina Orellana dirigente de AMMAR[1], fueron variados, pero todos contenían algo en común: la negación constante del patriarcado. Si bien aclaraban todo el tiempo que “es obvio” que la prostitución es machista, saltaban rápidamente a dar cuenta de cómo una mujer empoderada puede desarmar las relaciones opresivas entre varones y mujeres. Así nos increparon como preguntas como “¿se creen que somos tan tontas que nos oprimen en todos lados, en todos los aspectos?”, o explicaron que “obviamente la prostitución siempre es producto de las relaciones de clases y eventualmente de género”. Como si la opresión fuese un problema de ser más o menos tontas, como si dependiese de la voluntad individual de cada una de nosotras ser más o menos oprimidas por un varón violento.

Desde una misma perspectiva igualaban constantemente a la prostitución con cualquier otro trabajo en el que se vende el cuerpo como ‘fuerza laboral’: “ustedes le ponen precio a sus manos, nosotras a nuestras vaginas”. Este argumento lo respondieron con total claridad mujeres que han sido explotadas por diferentes redes de explotación, contando los riesgos concretos a los que se exponen cada vez que se encierran en una habitación con un prostituyente que paga para alquilar esos cuerpos.

Así, negando la existencia de las relaciones patriarcales que implican la enajenación del cuerpo y la sexualidad de las mujeres para el servicio de los varones, la explotación sexual puede ser rápidamente convertida en una simple relación laboral. Y al no ser la prostitución producto de unas relaciones sociales, sino el resultado de una interacción individual, nos proponen entonces regular el “trabajo sexual” para quienes lo elijan, y abolirlo para quienes son empujadas por condiciones materiales y subjetivas a tales redes.

Esta negación implica otra: la negación del Estado proxeneta y consecuentemente del rol del Gobierno nacional amparando el funcionamiento de las redes de trata y explotación sexual. Frente a nuestra posición de que este gobierno ha garantizado la explotación de niñas, mujeres y trans, no sólo con impunidad, sino con sus funcionarios locales como parte de las propias redes, y también sin ninguna política seria para las mujeres, una voz se alzó para recordar que Cristina no sólo hizo mucho para las mujeres en general sino que trabajó por las mujeres en situación de explotación y que la AUH “de alguna manera es una política contra la trata” (sic). No pudieron explicar por qué funcionarios K como Alperovich, Contreras, el intendente de Salvador Mazza, garantizaron las redes de explotación en sus localidades o provincias, ni tampoco por qué no hay programas de inclusión laboral, de vivienda, educativos, de asistencia para las mujeres víctimas de las redes.

Pero el toque de color lo dieron las compañeras de Pan y Rosas que fueron al taller a decir que el movimiento de mujeres puede hacer… nada! Aparentemente para estas compañeras, como la explotación sexual es producto de un Estado de clase, cualquier pelea que demos en este momento (por trabajo genuino, por cárcel a proxenetas, etc.) es “depositar confianza en el Estado” en que va a solucionar nuestros problemas. Lo curioso es que para estas compañeras la fuerza del movimiento de mujeres para arrancarle y garantizar el cumplimiento de nuestras reivindicaciones tiene peso nulo: o confiamos en el Estado, o no hacemos nada. Parece que Pan y Rosas elige lo segundo.

Las Rojas, desde una perspectiva feminista socialista, planteamos que sólo la lucha en las calles del movimiento de mujeres va a garantizar arrancarle a este Estado patriarcal y capitalista todas nuestras reivindicaciones, en el camino de pelear por la total emancipación de las mujeres y de la sociedad en su conjunto.

 

[1] AMMAR sindicato de trabajadoras sexuales enrolado en la CTA también tuvo su ruptura junto con la de la Central, siendo las participantes de estos talleres las que quedaron dentro de la CTA Yasky.

Dejanos tu comentario!

  • IzquierdaWeb