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El discurso de Cristina en el Congreso

 

“La presidenta sorprendió con algunos párrafos que –cosa inédita– provocaron que todos, oficialistas y opositores, se levantaran de sus bancas para aplaudir. Fue cuando instó a que se sancionara una ‘ley de convivencia ciudadana’ para evitar desbordes sociales similares al que se registró esta semana en Villa Lugano” (La Nación, 2-3-14)

 

El 1° de marzo Cristina Kirchner inauguró las sesiones ordinarias del Congreso. El centro de su discurso estuvo en el llamado a la unidad nacional en “defensa de la democracia” (la gobernabilidad) y del ajuste económico que está implementando. La representación simbólica de esto fue cuando, al finalizar su alocución, se tiraron pétalos de rosa desde las barras K sobre las bancadas opositoras, en señal de concordia. Lejos quedaron las amenazas de los jefes de los bloques opositores de retirarse de la asamblea si el kirchnerismo los “agredía”.

 

Un tiempo precioso

 

El discurso de Cristina llegó en un contexto distinto al de dos meses atrás. A mediados de enero, cuando el kirchnerismo decidió aplicar la devaluación más grande del peso en una década, su gobierno pareció zozobrar. La escalada del dólar y los precios tuvo tal aceleración que el oficialismo pareció perder el control de la economía. Las reservas del Banco Central caían día a día y no encontraban piso. Inclusive, algunos sectores de la oposición patronal aceleraban sus calendarios por si Cristina no llegaba al 2015, y organizaciones de izquierda como el PO definían que lo que estaba en marcha era un “golpe de Estado”, amenazando con confundir todos los términos de la coyuntura política.[1] 

Dos meses después, la coyuntura económica se ha calmado hasta cierto punto. ¿Cómo se explica esto? Sencillo: hasta el momento ha funcionado la labor mancomunada del gobierno, la burocracia sindical y la oposición patronal de ganar tiempo dejando pasar el punto más álgido de la crisis cambiaria mientras Cristina aplica el ajuste económico.

Como parte de esta labor, la burocracia aprovechó a fondo la coartada del lanzamiento del ajuste en enero. Bajo la excusa del período de vacaciones, y una vez acordado tácitamente con el gobierno que lo peor era poner en cuestión la realización de las paritarias (el gobierno había hablando de postergarlas en bloque para la segunda mitad del año), se orientó a negociar paritaria por paritaria, siguiendo su calendario “natural” y evitando hablar de cualquier medida de conjunto.

La tranquilidad de Cristina en su discurso refleja lo que venimos diciendo: en los últimos meses el gobierno ganó un tiempo precioso que, desde ya, no resuelve ninguno de los problemas de fondo ni su debilidad más estructural, pero que le ha permitido recuperar gobernabilidad e iniciativa política al menos en la coyuntura, así como avanzar pasos de gigante en el saqueo al salario y el nivel de vida de los trabajadores.

 

Aplaudiendo de pie el giro derechista

 

Es obvio que Cristina no se iba a referir en su discurso a la devaluación, al brutal ajuste que está descargando, o a su pretensión de imponer salarios a la baja. Sí quiso vender el nefasto acuerdo con Repsol como “un acto de soberanía”, en el cual Kicillof habría luchado “como un león” para defender los “intereses del país”… ¡con un costo de miles de millones de dólares en los próximos años como indemnización a la multinacional española!

Pero más allá de esto hubo un momento significativo cuando la oposición se paró y aplaudió de pié: fue cuando Cristina señaló que no podía ser que “diez personas interrumpieran el tránsito en las calles y las rutas” y propuso una “ley de convivencia ciudadana” para “respetar los derechos de todos”, lo que no es más que un burdo intento de criminalizar las luchas de los trabajadores.

En la misma línea, no fue casual que Cristina defendiera la aplicación del presentismo docente, una medida antisindical. Se tiró por enésima vez contra los docentes afirmando que “no podía ser que cada comienzo de año tomen como rehenes a los estudiantes y las familias”, e insistió en que su paritaria debería ser llevada a junio de manera tal de evitar una de sus más fuertes medidas de lucha: el no inicio de clases. Es obvio que de esta manera busca tirar la sociedad contra los docentes y sus luchas.

En su conjunto, se trata de un giro a la derecha del gobierno kirchnerista, ya en su ocaso. Un final de ciclo donde los K ratifican su vocación capitalista llevando adelante la agenda necesaria para entregar en orden su mandato al próximo gobierno, “sincerando” la economía, y, al mismo tiempo, tratando de asestarle un golpe a las luchas de los trabajadores (ahora buscan una lección ejemplificadora con la escandalosa condena a los compañeros de Las Heras). Son esas luchas las que vienen caracterizando al país a lo largo de la última década y uno de los ejemplos más claros de la “anormalidad” del país.

 

El verso de la “democracia”

 

No fue casual otra mención en el discurso de Cristina: cuando reivindicó a la UCR y su supuesta vocación de “defensa de la democracia”. Esta reivindicación tiene varios sentidos. El primero, insistir en que el calendario electoral debe ser respetado y no piensa dejar el gobierno antes del último día de su mandato.

Pero hay más: se trata del renovado intento de apuntalar el maltrecho bipartidismo, en crisis por lo menos desde la salida anticipada de Alfonsín a finales de los años 80, y remachado por la salida anticipada de De la Rúa y las jornadas del 2001.

Al servicio de la idealización de la UCR se puso toda esta falsa historia de su “vocación democratica”. Parece que Cristina no recuerda cómo la UCR participó en el golpe de 1955 contra el mismísimo Perón, o cómo en 1976 Balbín (a la sazón jefe de la UCR) señaló que “no tenía soluciones”, habilitando el golpe de Videla.

Parece que sólo importa el llamado a que la oposición cierre filas en torno del gobierno y el ajuste  que está implementando para garantizar que se llegue al 2015; un operativo que bajo la excusa de la “defensa de la democracia” busca imponerle a los trabajadores el ajuste capitalista más brutal en una década.

Señalemos que la raíz ideológica de esta apelación tiene que ver con la excusa encontrada por muchos de los gobiernos “progresistas”: la democracia (capitalista) como supuesto “valor universal”. Como se trata de un gobierno votado en elecciones generales para un plazo determinado, cualquier medida que tome debe ser “respetada”, incluso si de lo que se trata es del paquete de medidas antiobreras y antipopulares más brutales en años. La maniobra aquí es evidente: detrás de la “defensa de la democracia” ¡lo que se defiende realmente son las ganancias y el sistema capitalista de explotación del trabajo ajeno!

 

Una alternativa de dirección a la burocracia

 

En este contexto se inserta el conflicto de los docentes, la primera lucha en regla contra el ajuste. Al cierre de esta edición, la CTERA ha mantenido la convocatoria al paro nacional de 48 horas, al tiempo que SUTEBA en la pProvincia de Buenos Aires confirmó el suyo por 72. A partir de aquí, las cosas no están claras. El gobierno se ha mantenido firme en la provocación del 22% en un año y los 3.000 pesos de presentismo. A decir verdad, ha empeorado la propuesta al agregar un 9% más para la primera mitad del 2015. ¡Pretende que la paritaria se firme por un año y medio mientras las inflación vuela por los aires y las especulaciones más bajas para el año en curso rozan el 40%!

Si el presentismo es una medida abiertamente antisindical, las propuestas del oficialismo están lejísimos de los 10.000 pesos de inicial o los 6,000 pesos al básico que se reclama desde las bases. Incluso están lejos del 42% al inicial que exige supuestamente CTERA, y el 62% del resto de los gremios docentes nacionales.

Sin embargo, si alguien espera una conducción consecuente de la lucha por parte de estas burocracias, se va a llevar un fuerte desengaño. La realidad es que CTERA no pretende una lucha nacional, sino todo lo contrario. Ha autorizado a sus filiales locales de Córdoba, Santa Fe y Capital Federal a arreglar de manera separada aumentos en torno del 30%, atomizando desde el vamos la lucha nacional. Además, tampoco ha aclarado calendario alguno luego del paro de 48 horas, de manera tal que el viernes 7 muchos distritos comenzarán las clases.

Por su parte el SUTEBA, más condicionado por las opositoras gremiales dirigidas por la izquierda como las de La Matanza,  La Plata, Quilmes, Escobar y Tigre, entre otras, tampoco ha dicho esta boca es mía sobre los pasos que dará luego del viernes. En el caso provincial, la propuesta de Scioli es un calco de la del gobierno nacional, sólo que agregándole uno o dos puntos más.

Desde la oposición se llevó adelante una reunión nacional semanas atrás, así como un importante plenario de delegados en la provincia de Buenos Aires que contó con la participación de unos 600 compañeros y compañeras, que al calor de la lucha podrían transformarse en una alternativa de dirección en la medida en que se desarrolle profundamente.

A esto debemos apostar, sin desconocer que hasta el momento CTERA y el SUTEBA dirigen el grueso de los docentes en el país. La tarea es lograr la masificación de la lucha y el desborde de la burocracia sindical, logrando que las opositoras se transformen en una referencia de dirección alternativa de conjunto y evitando que las burocracias docentes entreguen la lucha.

 

Todos a Atlanta

 

En este marco, se realizará el próximo encuentro de Atlanta, convocado por una mesa que incluye al Perro Santillán, el Pollo Sobrero, Poke Hermosilla y nuestro compañero Jorge Ayala, entre otros compañeros y compañeras.

Se trata de la primera iniciativa de conjunto que se toma desde la izquierda para organizar la lucha contra el ajuste, al menos de sectores de la amplia vanguardia. Aquí sólo repetiremos lo que venimos señalando desde hace dos meses, cuando el FIT se negó a tomar cualquier iniciativa de conjunto en el momento más álgido de la crisis cambiaria, facilitando en los hechos el trabajo que hizo el gobierno, la oposición y la burocracia sindical de ganar tiempo.

Desde ya que vendrán nuevos momentos de crisis, y están en curso luchas de enorme importancia, como ahora la de los docentes. De ahí la importancia del encuentro de Atlanta, así como las demás manifestaciones de lucha contra el ajuste: la marcha del día internacional de la mujer este viernes 7, la movilización a la Plaza de Mayo convocada por la CTA para el 12, y la marcha del 24 de marzo, instancias todas en las cuales participará nuestro partido.

En cualquier caso, la convocatoria del 15 en Atlanta se trata de la primera iniciativa independiente de cualquier sector de la burocracia sindical para tratar de ofrecer un punto de referencia antiburocrático a las luchas que se están poniendo en curso. Una iniciativa que tiene más valor que cualquier acuerdo táctico de frente único que se tome con sectores de la burocracia, porque apunta al doble objetivo de impulsar la lucha pero, también, a darle una alternativa de dirección combativa.



[1]
                        _ El PO también habló de un supuesto “Rodrigazo” olvidándose, entre otras cosas, de que fue no solamente una escalada brutal de los precios, sino un evento de la lucha de clases donde la clase obrera salió de conjunto –incluso con amplios sectores organizados en coordinadoras de manera independiente de la burocracia– a derrotar el ajuste económico implementado por Isabel, López Rega y Celestino Rodrigo.

 

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