Desde Paris, por Flora Kessler



 

 

La reacción de solidaridad hacia los miles de refugiados que llegan a Europa no debería sorprender. Desde 1996 al menos, hemos visto grandes manifestaciones en Paris en solidaridad con los inmigrantes sin papeles que habían decidido ese año salir de la clandestinidad. Durante meses, miles de personas los han acompañado en su lucha. Y también, en ciertos momentos, desde una u otra empresa, sindicatos como la CGT apoyan, tímidamente, la regularización de los trabajadores inmigrantes. Pero estas acciones permanecen aisladas, sin ligazón con los otros sindicatos y no sobrepasan el cuadro local.

En Alemania, numerosas manifestaciones han forzado a Angela Merkel a tomar medidas que van en el sentido de la ayuda a los refugiados. Ella aprovechó las circunstancias para intentar mejorar un poco la imagen de Alemania,  cuando el imperialismo alemán, frente al pueblo griego había mostrado claramente su carácter dominador  y explotador.

En los países por los cuales pasan las rutas de tránsito hacia los destinos a los que los refugiados buscan llegar, las acciones de solidaridad y  de apoyo de parte de las poblaciones se han desarrollado ampliamente: ha sido este el caso de Austria, y mismo de Hungría, donde sin embargo la extrema derecha progresa desde hace años. Existe una tradición de solidaridad en numerosos países europeos, resultado de la experiencia de la época de crisis, guerras y revoluciones, así como del “internacionalismo proletario” de principios del siglo XX cuando entre los trabajadores europeos existía una pujante corriente de simpatía, mismo de adhesión a las ideas socialistas.

Esto contrasta con la campaña del gobierno del PS, la derecha y la extrema derecha, quienes formulan afirmaciones tendenciosas, que pretenden que no hay dinero para recibir a los inmigrantes, que “Europa no puede recibir toda la miseria del mundo” [1], o que el pueblo francés rechaza a los inmigrantes. Sin embargo hay dinero en la caja del Estado, billones de euros, disponibles cuando se trata de gastos militares, de invadir países[2]. Pero el gobierno y la derecha buscan justificar sus ataques constantes contra las regulaciones que protegen aun aunque sea un poco las condiciones de vida de los trabajadores franceses.

Es por esto que se esfuerzan en hacer aparecer a los trabajadores inmigrantes así como a los desempleados, los viejos o a las conquistas de los trabajadores en general, como responsables de la crisis económica provocada en realidad por los mecanismos de búsqueda de ganancias inherentes al sistema capitalista. Una gran parte de los refugiados se niegan a venir a Francia, ya que saben que el gobierno del PS rehúsa regularizar incluso aquellos que sufren de enfermedades graves: las mujeres aisladas, por ejemplo, deben probar que son victimas potenciales de violencias para tener el derecho de asilo.

En el contexto actual, los líderes de la burguesía está tratando de establecer una distinción entre los inmigrantes: existirían por un lado los refugiados de guerra, que podrían ser recibidos, y los inmigrantes económicos que sólo buscan el “lujo Europeo”. Entre los refugiados de la guerra y quienes huyen de la pobreza puede haber una diferencia de grado, pero no de naturaleza. Todos son víctimas de un mismo sistema neoliberal globalizado, que causa desastres en todas partes. Incluso en los países como Colombia, miles de personas son desplazadas como resultado de la violencia ejercida por los terratenientes, apoyados por el gobierno y por el imperialismo de los Estados Unidos.

No es exclusivamente la insoportable imagen de Aylan Kurdi, el niño que se ahogó en las costas de Turquía, lo que sensibilizó a la sociedad. Este verano un considerable impacto fue provocado por los sucesivos acontecimientos, la muerte de miles de inmigrantes tratando de cruzar el mar Mediterráneo, huyendo de la pobreza, empujados a reacciones de desesperación como producto de situaciones de las que son responsables precisamente las empresas, las fuerzas económicas dominantes de Europa, en África y Asia, en la era de la globalización neoliberal.

La marea de refugiados de este verano, la mayor desde la II Guerra Mundial, ha creado una nueva toma de conciencia de la gravedad del momento. Sin embargo, la gente en general no ve ninguna solución, y de hecho no hay ninguna solución posible en el marco de la Europa imperialista, mal llamada “Comunidad Europea”. Sólo la construcción de una sociedad verdaderamente socialista, al menos a escala europea podrá solucionar totalmente esta crisis.

Algunos activistas de la extrema izquierda dicen que “la respuesta del movimiento obrero no está a la altura”. Pero ante todo debemos preguntarnos: ¿quién constituye el movimiento obrero? Hay que decir claramente que los burócratas sindicales de la CGT, de SUD, de la CFDT y de la FSU no hicieron gran cosa para expresar su solidaridad con los refugiados, y aún menos para organizar una verdadera campaña de apoyo.

Pero incluso en contra de esta parálisis deseada, la solidaridad sigue abriendose paso: miles de personas tomaron las calles de Europa en las últimas semanas; activistas políticos, sindicales o asociativos se dedican a la ayuda hacia los refugiados; activistas feministas y LGBT también han expresado su solidaridad con los inmigrantes[3].

Muchos jóvenes y no tan jóvenes, miembros de partidos como el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), que impulsó la iniciativa de la movilización del 4 de octubre, y otros grupos se organizan para concretar su solidaridad y buscar una respuesta colectiva, para un mejor futuro en una Europa genuinamente humana, es decir, verdaderamente socialista y libre de cualquier forma de opresión.

[1] Frase de Rocard, dirigente socialista histórico.

[2] Como lo demuestra por ejemplo este articulo de Le Monde, 23/09/2015 : « Ces promesses qui se chiffrent en milliards » http://www.lemonde.fr/politique/article/2015/09/23/en-huit-mois-le-gouvernement-a-fait-des-milliards-d-euros-de-promesses_4767797_823448.html

[3] http://www.slate.fr/story/107261/faciliter-accueil-refugies-lgbt.

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