Resolución de Amnesty International apoyando la despenalización de la prostitución

 

Amnesty International es una fuerte institución creada en julio de 1961 por Peter Benenson, del Reino Unido, con el objetivo de proteger los derechos humanos en el mundo, presente en más de 150 países y con más de 3 millones de miembros y un sinnúmero de colaboradores. Su acción y reconocimiento mundiales son inobjetables. Son “lo más” en la materia.

Aunque se declaran “independientes de toda ideología política, interés económico o religión” su aparición no fue inspirada por “amor al prójimo más que a sí misma”. Fundada y amparada con el respaldo de los principales Estados del mundo para crear una vía de escape institucional a los horrores más abyectos engendrados por el capitalismo: represión, torturas, opresión contra las mujeres y los niños, formas de esclavitud. En nuestro país, fue la primera receptora de denuncias de las desapariciones cometidas por la dictadura militar del 76. Hizo su visita al país entre el 6 al 15 de noviembre de ese año y elaboró la primer lista pública de personas secuestradas. Su intervención, como lo demuestra la historia, no paró el genocidio, pero sí fue una caja de resonancia, sobre todo en los países europeos, de denuncia permanente y de apoyo a los organismos de derechos humanos argentinos y las organizaciones de izquierda que luchaban en soledad. Hecho que fue decisivo y valiosísimo para hacer campaña internacional, en un momento en que las condiciones de derrota y represión creciente en el país impedían cualquier acción que trascendiera a familiares y directamente afectados.

Lo que queremos significar es que es una institución con mucho renombre y trayectoria y su pronunciamiento del 12 de agosto pasado, en su reunión en Dublín, Irlanda, con la presencia de 400 delegados representando a 70 secciones nacionales, pronunciándose a favor de la despenalización de la prostitución, es un punto de referencia mundial. Precisamente, en un contexto internacional donde la trata y la explotación sexual de mujeres y niños es un flagelo que ningún gobierno de Occidente u Oriente pueden tapar ni disimular, esta resolución le viene, en un sentido, como anillo al dedo, al conjunto del sistema.

En su “Borrador sobre la política sobre trabajo sexual” “…se recomendó que Amnistía Internacional desarrolle una política que apoye la plena despenalización de todos los aspectos del comercio sexual consentido. Thomas Schultz-Jagow, director de comunicación de Amnistía, sostuvo que el objetivo es ‘establecer un marco jurídico en el que todas las actividades del comercio sexual se despenalicen’.(…) En el texto se afirma que la organización internacional realizará a partir de ahora ‘campaña para que no se persiga a las prostitutas, ni tampoco a los clientes o a los proxenetas y administradores de burdeles que no fuercen a las mujeres’, en lo que es el punto que ha provocado más sorpresa.”(1) (Negritas nuestras)

Con la pantalla de defender los derechos humanos de las trabajadoras sexuales, esconden el rol de los empresarios y todo el aparato estatal del que se nutre. Lamentablemente, esta organización decana de los derechos humanos, no va hasta el final contra los que auspician y promueven el secuestro, comercio y explotación de las mujeres.

¿Cómo puede considerarse libre una mujer que vende su cuerpo, su integridad, su salud para poder sobrevivir o mantener a su familia? El primer derecho humano que se le debe conceder para que empiece a ser libre es un trabajo genuino que la independice de la tutela del explotador y todos sus cómplices.

Cuando el grupo Boko Haram secuestró a 232 niñas nigerianas el 14 de abril del año pasado, las denuncias de las organizaciones no gubernamentales indicaban que seguramente iban a ser vendidas como esclavas sexuales en distintos países.(2) La misma Amnesty no cuestionaba esta afirmación. Denunciaba en ese momento: “Sobre el secuestro de las niñas, Amnistía ‘exige su liberación inmediata’, denuncia que se están ‘violando flagrantemente sus derechos’ e incide en que las actividades de Boko Haram, iniciadas en 2003, ‘tienen indicios suficientes para que puedan calificarse como crímenes de lesa humanidad’, con ‘una violación del derecho humanitario y de los derechos humanos en toda regla’.” (2)

¿Esas niñas necesitan el derecho de prostituirse sin tutela en los países adonde fueran o fueron enviadas o el derecho de volver a sus hogares y luchar por un trabajo genuino y una vida digna? Porque esa es la cruel y trágica historia de las trabajadoras sexuales, no en el de la “libertad” disociada de la sociedad en que viven y mueren. Mujeres empujadas por la miseria y las condiciones de vida extremas, secuestradas, amenazadas, desvalidas frente a un comercio internacional que da suculentas divisas al sistema capitalista. Porque la explotación sexual en este siglo XXI no es un negocio “menor” de unos pocos, es una fuente de ingresos non sancta pero sí contante y sonante en las arcas capitalistas.(3) Y AI, como fiel institución democrática fiel a este sistema, proclama en abstracto los derechos humanos de las mujeres en situación de prostitución, pero le rinde pleitesía a quienes los vulneran, al aislarlos de las situaciones de trata y sometimiento y no cuestionar su objetivo de ganancia de la burguesía y sus Estados.

Nos sumamos al repudio desde una perspectiva socialista revolucionaria

Desde distintas ópticas, diversas personalidades y organismos han coincidido en rechazar esta declaración.

Una de ellas, la Coalición contra el Tráfico de Mujeres (CATW), difundió un comunicado con la firma, entre otras personalidades, de Meryl Streep y 8.500 adhesiones más, donde acusa a la organización humanitaria de que “se pone más del lado de los explotadores que de los explotados”.

Asimismo, desde la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (Protex), adhirió a un documento que se opone a la última declaración que busca despenalizar la “explotación de la prostitución ajena”, es decir, el proxenetismo. La presentación lleva la firma de varias organizaciones nacionales e internacionales vinculadas a la defensa de los derechos humanos y sobrevivientes de prostitución. Afirman: “Es insostenible que una organización de derechos humanos de la estatura de Amnistía esté fallando en reconocer a la prostitución como causa y consecuencia de la inequidad de género. La principal manera de proteger los derechos humanos de las personas explotadas sexualmente es proveer servicios integrales y estrategias de salida, de forma de poder optar por dejar la prostitución y hacer a sus explotadores responsables.”(4)

Desde estas páginas, nos sumamos a este enérgico rechazo desde una perspectiva revolucionaria, abogando por la abolición del trabajo sexual como parte indisoluble de la opresión patriarcal del capitalismo hacia las mujeres, en cuyo sistema no hay “proxenetas buenos” y “proxenetas malos”, ni trabajo “autónomo” que valga para romper las cadenas de su dominación.

Llamamos a luchar contra la trata y la explotación, por trabajo genuino y por la unidad del movimiento de mujeres con los trabajadores y la juventud no para “remendar” esta sociedad de privilegiados y sometidos, sino para “dar vuelta la tortilla”.

(1)          Página 12, 12/8/15.

(2)          La presidenta de la ONG Women’s Link Worldwide, Viviana Waisman, afirma que “existe una posibilidad muy real” de que muchas de las más de 200 adolescentes secuestradas en Nigeria acaben en España víctimas de las redes de trata de mujeres con fines de explotación sexual y pide a las autoridades que estén alerta. (Europa Press, 12/8/15)

(3)          99 billones de dólares al año, según Protex.

(4)          Protex, 12/8/15.

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