Por Rafael Salinas


 

Venezuela y Ecuador, dos casos de pronóstico reservado

 

El 2015 viene siendo el año en que la crisis de los gobiernos “progresistas” de Sudamérica está llegando a niveles particularmente peligrosos para varios. Por supuesto, siempre hubo entre ellos diferencias de discursos y orientaciones políticas y económicas. Del “socialismo del siglo XXI” de que hablaba Chávez a los moderados gobiernos del PT en Brasil o del Frente Amplio en Uruguay había distancias… pero también un terreno común. En ese terreno, con los Kirchner, se ubica también la Argentina después del “argentinazo” del 2001/2002.

En lo esencial, estos “países emergentes” parecían acortar en el terreno económico las distancias que los separaban de los tradicionales “países centrales”; es decir los imperialismos de EEUU y Europa, en crisis y estancados. Asimismo, a nivel geopolítico, algunos tajantemente como Chávez y otros con muchísimo menos brío como Brasil, marcaban sin embargo la cancha esos imperialismos. Toda una novedad, dada la sumisión perruna a Washington que había caracterizado a los gobiernos precedentes.

Ahora, los “emergentes” están en crisis, en mayor o menor grado. Al igual que su ascenso en la década anterior, este declive tiene causas y denominadores comunes. El principal es el hundimiento de los precios de las materias primas (commodities) en el que se basaba fundamentalmente su ascenso.[1] Esto, a su vez, hace tambalear los edificios políticos que se habían construido sobre él.[2]

Más ampliamente, se acaba la fábula de que es posible “alcanzar” a los países centrales, imperialistas, manteniendo esencialmente la misma matriz productiva de materias primas. Se ratifica que es imprescindible un cambio revolucionario de ella, lo que es imposible sin una revolución política y social.

Por supuesto, cada caso es diferente y se combina con otros elementos sociales y políticos muy distintos en cada país. Las situaciones más críticas –hasta ahora– se están dando en Brasil, Venezuela y Ecuador. En esta edición de Socialismo o Barbarie, comentamos la situación en los dos últimos.

Para finalizar, un punto importante: Lo más peligroso es que la crisis desencadenada en los países con gobiernos “progresistas”, puede ser capitalizada por la derecha sirviente de Washington. Pero esto no se soluciona dando apoyo más o menos “crítico” a sus gobiernos. Lo decisivo es construir fuertes alternativas independientes a su izquierda, basadas en el movimiento obrero y popular, que sean también absolutamente enemigas de los opositores de derecha.

Notas:

1.- Sobre esto, ver: Marcelo Yunes, “El fin de la ‘década dorada’” ( http://www.socialismo-o-barbarie.org/?p=5028 )

2.- Claro que el derrumbe de las commodities no sólo pega en los países con gobiernos “progres” sino también en los que tienen lacayos de EEUU al mando, alimentando crisis políticas como en Chile, Perú o México.

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