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Redoblar la lucha en las calles por el NO a los acuerdos con la Troika

 

Como señalamos en nuestra declaración luego de la victoria del NO en el referéndum, esta fue una nueva derrota para el imperialismo europeo y los ajustadores, propinada por los trabajadores y el pueblo griego. En ese sentido, se trató de un fenómeno enormemente progresivo, que se trata de profundizar para hacer del NO en las urnas el puntapié de una gran lucha contra la austeridad y por una solución de fondo al servicio de los trabajadores griegos.

Pero también señalábamos que el gobierno de Syriza llevaba a Grecia a un callejón sin salida, y que utilizaría la victoria del referéndum para volver a la mesa de negociaciones, como sus propios dirigentes lo habían explicitado. Esto es efectivamente lo que sucedió: Tsipras pretende confiscar la voluntad popular expresada el 5 de julio para ponerla al servicio de una nueva capitulación.

 

El gobierno de Syriza sigue buscando una capitulación

 

Tan solo le bastaron 24 horas a Tsipras para traicionar abiertamente al pueblo griego. La misma noche de la victoria del referéndum, Tsipras habló en televisión sosteniendo la idea de que en el referéndum “no hubo ni vencedores ni vencidos” y que “el mandato que [le] han dado (…) es fortalecer nuestro poder de negociación”.

Hablar de una situación “sin vencedores ni vencidos” es una ridiculez. Está claro a los ojos de todo el mundo que la Troika, los grandes medios comunicación privados, los partidos ajustadores como el Pasok y Nueva Democracia hicieron una furiosa y terrorista campaña por el SÍ: la mañana misma del referéndum, el presidente del Parlamento europeo decía lisa y llanamente que una victoria del NO significaba la salida de Grecia del euro.

De ahí que esta tropa de imperialistas, partidos burgueses, capitalistas locales y extranjeros sean los vencidos del referéndum, a manos de los trabajadores griegos. Hablar de “ni vencedores ni vencidos” no es sino una concesión al campo del SÍ, los más furiosos pro-austeridad, en vez de apoyarse en la victoria para barrer de una vez a esta banda de parásitos.

Si quedaba alguna duda, la decisión de Tsipras al día siguiente del referéndum dejó todo claro: convocó al conjunto de los partidos de oposición, a excepción de Amanecer Dorado, a una reunión en vistas de obtener su apoyo, de construir la “unidad nacional” para reforzar las negociaciones con la UE.

Sin duda, esto es un reflejo del reforzamiento de Tsipras, que ha “obligado” al resto de los partidos, muy golpeados luego del referéndum, a plegarse detrás del nuevo “héroe nacional” y a sostenerle la escupidera en sus negociaciones con la UE. Pero si se trata de una “hábil táctica” de Tsipras para las negociaciones, no deja de pintar de cuerpo entero el carácter de las propias negociaciones y la estrategia de Syriza.

Como hemos dicho, el llamado a esta reunión, en sí mismo, es aire fresco para los ajustadores derrotados en el referéndum y se realiza bajo la idea de la unidad nacional, es decir unidad entre los capitalistas y los trabajadores. Pero el contenido del comunicado final es igualmente una capitulación. En él se señala que “el mandato del pueblo griego es la negociación y no la ruptura”…

De ahí que Grecia ya haya aclarado que va a pedir un nuevo rescate. Sus contornos aún no son claros, puesto que no hay una propuesta clara presentada por el gobierno, y los líderes europeos se han dado hasta el domingo para llegar a un acuerdo. Pero lo que está claro es que, traicionando la voluntad popular, el gobierno de Grecia se encamina hacia un nuevo memorándum.

Aun si hay todavía cierta indefinición en torno al acuerdo, las fuentes europeas señalan que se trataría de uno muy similar a la propuesta del treinta de junio. Es decir que, con algunas reformas cosméticas, lo que parece delinearse es un acuerdo donde el gobierno griego acepte lo esencial de las demandas de la Troika, como ya había hecho antes del referéndum: aumento del IVA, reforma de jubilaciones, continuación de las privatizaciones. Las últimas informaciones parecen confirmar esto: el gobierno griego estaría dispuesto a aplicar las reformas de manera inmediata, cuando antes del referéndum pretendía algunos meses adicionales para llevarlas adelante.

Es muy difícil sin embargo dar un pronóstico unívoco por adelantado. Podría darse el escenario en que nuevamente cada una de las partes considere el acuerdo del otro como imposible de hacer aceptar en sus propias filas. Aun si la propuesta griega es muy similar (en algunos puntos incluso peor)  a la pre-referéndum, está en el tintero la voluntad de Grecia de exigir una reestructuración de la deuda, como los dirigentes de Syriza vienen señalando.

Se trata además de un proyecto que parece abrirse paso entre sectores de la burguesía: así lo refleja el informe del FMI que preconiza que habría que reducir al menos en un 30% la deuda griega y parecería que uno de los puntos de desacuerdo entre EE.UU. y Alemania seria precisamente este. Es significativo por ejemplo que el New York Times, vocero del imperialismo estadounidense, se enoje contra la “hipócrita” Alemania que “se olvida” de que a ella también se le perdonó deuda en 1953: para el NYT, esto no solo demuestra la hipocresía de Alemania sino también el hecho de que “se ha lidiado de manera correcta con estas situaciones en el pasado”, es decir, perdonando deuda.

En ese sentido, la cuestión de la reestructuración podría ser un punto de bloqueo de las negociaciones. En verdad, se trata de una contrapartida que la parte griega busca desde hace tiempo, que le permitiría facilitar la aceptación del acuerdo en su propio país. Sin embargo, el propio pedido de Grecia incluye también un retroceso en este plano. En la carta enviada al Mecanismo Europeo de Estabilidad pidiendo el rescate, la parte griega “agradece una oportunidad de explorar potenciales medidas que puedan ser adoptadas para que la deuda vinculada al sector público sea sostenible y viable a largo plazo”; imposible poner más condicionales en esa frase para edulcorarla.

El otro elemento que podría dificultar un acuerdo es la propia presión interna en Grecia. Es difícil medir ya los efectos del referéndum, aún más a la distancia. Sin duda ha reforzado a Tsipras, le ha permitido volver a una mesa de negociaciones que el imperialismo presentaba como cerrada, y arrastrar tras de sí los restos maltrechos de los dirigentes políticos griegos. Pero al mismo tiempo, la aplastante victoria del NO ha puesto en movimiento a sectores amplios de la sociedad griega, con un fuerte elemento de clase y juvenil, ya que en las regiones obreras y entre la juventud el NO se impuso con más del 70%.

De ahí que la firma de un acuerdo no esté clara, o que en caso de darse pueda tener graves consecuencias. El propio Costas Lapavitsas, diputado de Syriza que forma parte de la Plataforma de Izquierda, lo define en estos términos: “El referéndum tiene su propia dinámica. La gente hará una revuelta si [Tsipras] vuelve de Bruselas con un acuerdo pobre”. Plataforma de Izquierda, que había amenazado con votar en contra del último acuerdo de Tsipras, ¿estará dispuesta a votar una versión apenas modificada de este acuerdo luego de la victoria del NO?

En todo caso, no se trata de hacer futurología, sino de constatar que la situación está abierta, y de deducir las conclusiones y las tareas políticas que se plantean. La primera conclusión es que, como sostuvimos durante el desarrollo del referéndum y luego de conocerse su resultado, el gobierno de Syriza tiene como único norte la negociación de una capitulación que no cambiará en nada esencial la política aplicada a Grecia durante los últimos años. Durante el referéndum, la dirección de Syriza socavó el NO, a través de llamados constantes a la negociación con la Troika y por su falta de una alternativa consecuente; ahora, intenta “confiscar” el triunfo, desviarlo de su verdadero sentido y utilizarlo para su estrategia de negociación.

La segunda conclusión es que hay una pelea abierta para impedir la capitulación de Syriza, cualquier acuerdo con la Troika y para avanzar en un NO a todos los planes de austeridad. La batalla alrededor del referéndum fue contradictoriamente un paso adelante en ese sentido, que debemos continuar y profundizar.

 

El referéndum: una batalla de clase que debemos continuar

 

Tal vez uno de los elementos centrales a señalar acerca del balance del referéndum es que este constituyó una verdadera batalla de clase. Los datos demuestran claramente que lo que se expresó detrás del SÍ y del NO son dos sectores fundamentalmente opuestos de la sociedad, elemento que ya se había expresado alrededor de una polarización creciente y de la composición de clase de las movilizaciones.

En ese sentido, el voto por el NO (que obtuvo un 60%), se eleva a 85% para las personas entre 18 y 24 años, y a 72% para aquellas entre 25 y 34. Entre los empleados del sector público, los del sector privado y los desempleados, el porcentaje de aquellos que votaron NO es del 70%. El análisis geográfico de los resultados refleja que los distritos de mayor concentración obrera se inclinaron por el NO en un 70%.

Otro elemento significativo es la movilización que se realizó en torno al referéndum. Lejos de ser un acto puramente pasivo como es habitualmente el ejercicio de la democracia burguesa, el referéndum griego dio lugar a una importante dinámica. Las impresionantes movilizaciones del NO (más de 100.000 personas en Atenas el viernes previo al referéndum) fueron el corolario de una verdadera dinámica por abajo en la que sectores amplios de la sociedad, y en particular las corrientes de izquierda, tomaron en sus manos la campaña por el NO para infligir una derrota a la Troika.

Por otra parte, la pelea en torno al referéndum también ha sido una enorme oportunidad para la intervención de la izquierda revolucionaria. Los militantes anticapitalistas de Antarsya desarrollaron una amplia campaña en torno al referéndum, ligándose a sectores del anarquismo y el anarco-sindicalismo que habitualmente llaman al boicot. Callinicos, del SWP ingles, señala que activistas de Syriza y de Antarsya llevaron adelante también acciones comunes en torno al referéndum. Este sirvió también para demostrar la política estéril del KKE (Partido Comunista Griego): la mayoría de su base electoral hizo caso omiso de la política de la dirección (que llamaba a la abstención) y se inclinó por el NO.

Esta intervención esta llamada a continuar y reforzarse en los próximos días. Los militantes anticapitalistas de Antarsya prevén la realización de nuevas movilizaciones contra los posibles acuerdos de Tsipras. El espacio para estas movilizaciones, y más generalmente para el desarrollo de una política anticapitalista y revolucionaria, parecen haber crecido en las últimas semanas, y la existencia de organizaciones independientes de Syriza será un elemento determinante en el desarrollo de la situación.

 

La única salida es la movilización independiente

 

El gobierno de Syriza está decidido a “confiscar” el NO, a desviarlo de su verdadero contenido de ruptura y de lucha, a transformarlo en una carta más a jugar en el pantano de las negociaciones. Los llamados a la unidad nacional van en este sentido: hacer creer que el NO es un “mandato para negociar” y no para romper, esto de la mano de lo más rancio del viejo régimen. Además, se trata de un intento de reducir la polarización social que caracterizó a Grecia en los últimos días, de evitar que se vaya a un enfrentamiento mayor entre las clases, eventualidad que podría poner en cuestión al propio gobierno de Syriza.

De lo que se trata entonces es de dar la pelea para impedir esta confiscación, para dotar al NO de su verdadero contenido de ruptura y darle una continuidad que permita avanzar en las reivindicaciones más de fondo de la clase trabajadora. En ese camino, hay que seguir profundizando las brechas del sistema, impulsar una polarización de clases mayor, que solo podrá conseguirse en las calles. En efecto, si una eventualidad en principio inocua, como un referéndum, se convirtió en un gran terreno de batalla de clase, es precisamente por la tradición de lucha y de movilización de Grecia que se ha confirmado en los últimos años. La propia realización del referéndum fue una expresión distorsionada de esta combatividad, en la medida en que se evitó una capitulación directa de Syriza. Además, como señalan correctamente los compañeros de la OKDE-Spartakos griega, “La lucha de clases no se limitó al voto (…) se hizo carne en las calles, en los lugares de trabajo, en las universidades, en los barrios. Sin las enormes movilizaciones y concentraciones, el miedo se hubiera impuesto y el resultado de la elección hubiera sido diferente”.

La política del gobierno de Syriza lleva a un nuevo callejón sin salida, traicionando la voluntad popular del 5 de julio. Hace falta otra política, revolucionaria e independiente del gobierno de Tsipras, que haga concreta en las calles, lugares de trabajo, universidades y barrios la lucha por el NO a los acuerdos con la Troika, el NO al pago de la deuda, el NO a la Unión Europea imperialista. Es solo sobre la base de la movilización obrera independiente que podremos imponer las salidas de fondo que los explotados griegos necesitan: la nacionalización de la banca y del comercio exterior, el no pago de la deuda, la nacionalización de los sectores claves de la economía.

Hay que continuar la pelea por el NO, apoyarse en esa gran victoria para profundizar la radicalización y la polarización social que vuelve al centro de la escena en Grecia. En esta pelea, la construcción de organizaciones revolucionarias, independientes del reformismo de Syriza, que levanten un claro programa de ruptura con la UE y con el capitalismo apoyado en la organización de la clase trabajadora, será un elemento clave. La campaña desarrollada por el NO de parte de los compañeros de Antarsya y de las organizaciones trotskistas a su interior como la OKDE-Spartakos, que han logrado jugar un rol clave, y su propio programa alrededor del referéndum, son un gran punto de apoyo y auguran un futuro esperanzador para la clase trabajadora y la izquierda revolucionaria griega.

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