Medio millón de personas en la Plaza de los Dos Congresos

 

Al cierre de esta edición estamos retornando de la impresionante movilización en la Plaza Congreso. Se trató, realmente, de una concentración histórica porque se movilizaron medio millón de personas alrededor de un reclamo tan sentido popularmente como el rechazo hacia la violencia hacia las mujeres.

Una movilización popular

Hay varias cosas que decir para caracterizar esta movilización.

Lo primero es que se trató de una acción que se expresó a lo largo y ancho de la Argentina: más de cien puntos de concentración hubo en todo el país, en muchos casos mediante marchas y concentraciones que desbordaron por su asistencia: como los 50.000 que se concentraron en Córdoba y Rosario, las 20.000 personas en La Plata y cifras por el estilo en todas las latitudes del país (ver crónica en las páginas centrales de esta edición).

Claro que la concentración más multitudinaria fue la de la Plaza Congreso donde, realmente, se concentraron 500.000 personas si no más. No se trata solamente que la plaza estaba literalmente colapsada; por Avenida de Mayo hasta 9 de Julio y más allá, por Callao y Entre Ríos en sus dos sentidos, por todas las paralelas a la plaza y por todas las verticales, multitudes se acercaron para ser protagonistas de esta jornada histórica.

Un elemento llamó muchísimo la atención y, en definitiva, es lógico que así sea (debido al peso de este flagelo de la violencia familiar): se trata de la composición popular de la movilización, de las mujeres y familias trabajadoras que se dieron cita en la Plaza Congreso desde muy temprano, por no olvidarnos de los gremios y sectores de trabajadores, incluso organizados, que participaron.

Esta composición social, a la que se agregaron enormes contingentes de estudiantes de todas las latitudes de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, así como sectores de la clase media progresista, desmintió radicalmente la sucia campaña que el kirchnerismo había deslizado por lo bajo de que se trataría de un “cacerolazo gorila” como el de Nisman.

Nada más alejado de la realidad: se trató de una movilización realmente popular, mil veces progresiva, y que, además, se caracterizó por su carácter independiente.

Este fue otro elemento de importancia, incluso contra algunos que tuvieron reflejos sectarios hacia la concentración: el acto duró escasamente una hora. Pero a nadie le importó la duración del acto mismo: la concentración tuvo un carácter hasta festivo, de alegría, de lucha, de expresión de los reclamos de las mujeres y de rechazo de la violencia hacia ellas que no solamente fue muchísimo más allá que las convocantes; en realidad, a nadie mucho le importó mucho quién convocaba: en la convocatoria encontraron simplemente un canal para expresarse y expresar sus reclamos.

De ahí que desde mucho antes de las 17 hs. fueran llegando multitudes a la plaza y que cuando desde el palco (a las 18 hs.) se invitara a “desconcentrar”, no sólo la inmensa mayoría no se dio por aludida, sino que seguía afluyendo gente a raudales. Eran las 21 hs. y todavía había gente en la plaza.

Los problemas de las mujeres se instalan en la agenda nacional

Mucho se habló y se dijo en la previa acerca de qué “quedaría” luego de la movilización. En realidad, este fue un planteo de los propios K, que querían quitarle decibeles a una movilización que no podían controlar.

Incluso desde sectores de la “izquierda” se pretendió condicionar el apoyo a la concentración por cuenta de lo “limitado” de su programa. Pero, como dijo ya el viejo Marx un siglo y medio atrás, ¡todo paso real de los explotados y oprimidos vale más que cualquier programa!

Por otra parte, toda movilización multitudinaria como esta se instala, definitivamente, como un hecho objetivo de la lucha de clases. Esto hace que más allá de su programa expreso, o de lo que vayan a hacer los circunstanciales “dirigentes” de la movilización, el hecho enormemente progresivo de esta enormemente progresiva movilización es que ha dejado instalado (podríamos decir que definitivamente), la agenda de las mujeres en la escena nacional.

No porque lo hayamos vivido deja de ser significativo y sorprendente algo que se mueve en las profundidades de la sociedad alrededor de los problemas de esta índole (como de otros, en esta Argentina donde las relaciones de fuerzas creadas década y media atrás siguen presentes).

Desde ya que ayudó que periodistas y personalidades del espectáculo (los “famosos”) hayan salido a convocar; que era casi “políticamente correcto” pronunciarse por “ni una menos”. ¡Pero que esto sea así es enormemente progresivo! ¡Que algo tan progresivo como el rechazo a la violencia hacia las mujeres sea tan masivo y concite tal adhesión, no deja de ser realmente revolucionario!

La actitud del gobierno con la marcha fue, por decir lo menos, vergonzante (o vergonzosa). Cristina empezó a hablar del tema por Twitter recién el martes 2 por la noche, y en uno de sus tantos discursos por cadena nacional al mediodía del 3 hizo algo así como un “llamado” a apoyar la convocatoria de hoy.

Pero el gobierno no pudo esconder que desconfiaba de la movilización; que por intermedio de algunos de sus voceros había salido a cuestionarla como un “cacerolazo” reaccionario; que incluso planteaba que había que marchar a Tribunales y cosas por el estilo.

Esta ubicación del gobierno, combinada con el hecho de que la movilización no tuviera “dueño”; que fuera una movilización popular de masas colocada en los hechos a la izquierda del espectro político, le otorgaron un carácter independiente a la jornada.

Por otra parte, el oficialismo pretendió imponer la idea de que la violencia de género se trata de un problema “educativo”, “cultural”, que ninguna autoridad y ninguna de las instituciones tienen responsabilidad sobre ella.

La multitud que se expresó hoy en todo el país no lo siente así. De ahí también que la marcha haya tenido ese carácter independiente, que el gobierno haya debido participar de manera vergonzante, que tampoco la oposición patronal haya podido montarse en ella.

La expulsión de Piombo de las universidades y el poder judicial marcó lo opuesto y trazó un camino: las autoridades tienen responsabilidad sobre la violencia. El gobierno tiene responsabilidad de “mirar para otro lado”. Los jueces y funcionarios que amparan a femicidas y violadores son responsables de este flagelo. Un flagelo que no es algo estrictamente del “ámbito privado” de las personas, sino un problema social y político de primer orden en el país. 

Entre la marcha de hoy y el paro general del 9, el gobierno tendrá en menos de diez días dos grandes expresiones de protesta que, quizás, no tenía planeadas en su marcha “triunfal” hacia las urnas.

Una participación histórica de Las Rojas y el Nuevo MAS

Es en este marco que se debe ubicar la participación de nuestro partido en la jornada. Tuvimos el acierto de ponernos a la vanguardia de esta convocatoria desde el primer minuto en que fue anunciada.

Sin ningún sectarismo y ni “prurito” (aunque con nuestras banderas), salimos a convocar con todas nuestras fuerzas y de ahí las columnas históricas que Las Rojas y el Nuevo MAS llevamos en varias partes del país.

En realidad, nuestro partido y Las Rojas se vienen extendiendo nacionalmente, y eso lo pudimos comprobar en la práctica hoy, llevando adelante participaciones muy importantes en varias provincias y capitales del interior, así como “apareciendo en sociedad” por primera vez en varias localidades.

No se puede decir lo mismo del FIT, que una vez más, como ante cada evento de la lucha de clases de este país, estuvo ausente. La nota vergonzosa la dio el PO, que prácticamente estuvo ausente (o con una delegación muy pequeña) en el acto en Congreso.

El PO y el PTS no tuvieron una participación común en esta jornada; ni siquiera fueron capaces de sacar una declaración común, algo que viene caracterizando cada vez más a esta “cooperativa electoral”, ahora frente a algo tan sentido como la violencia hacia las mujeres.

Enfrascados en una insoportable pelea por los “porotos” electorales, el FIT nuevamente faltó a la cita y no pasó la prueba.

Nuestro balance es exactamente opuesto: estuvimos a la vanguardia de esta jornada histórica en todo el país y así se expresó en nuestras columnas y en la posibilidad de ganar nuevas compañeras y compañeros para el partido en las próximas semanas.

El carácter multitudinario de la movilización significó también una ratificación de cómo se debe hacer política revolucionaria: se hace a partir de la lucha de clases, de un diálogo con ella; de ahí que cuando una organización revolucionaria piensa incluso en sus candidaturas para las elecciones, lo debe hacer partiendo de ese “diálogo” con la realidad.

Los problemas de las mujeres han pasado al centro de la agenda nacional, como así también los reclamos de los trabajadores (como se expresará en el próximo paro general del 9): con nuestra fórmula presidencial, Manuela Castañeira y Jorge Ayala, buscamos hacer una síntesis de estos procesos que emergen desde abajo, postulando una alternativa socialista frente a los candidatos del ajuste.

La tarea de la hora es abrir nuestros equipos en todo el país para incorporar nuevas compañeras y compañeros; prepararnos para participar con todo en los piquetes del paro general del 9 en todo el país y lanzar una enorme campaña presidencial por una alternativa socialista.

 

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