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A la luz de lo expuesto surge que hemos llegado a las Paso como un recurso último de defensa del Frente de Izquierda. Nuestro partido ha sido el único que ha señalado, más de una vez, las limitaciones del frentismo, que es su falta natural de homogeneidad política y de acción centralizada. Pero también hemos explicado que todavía no hemos llegado a esa situación. Un frentismo de lucha política de clase, con los métodos del frente único, sigue siendo la vía positiva y eficaz para separar a las masas de la burguesía, ampliar el campo de experiencias para una clarificación política y fortalecer el partido revolucionario” (Gabriel Solano, PO 1364).

En las últimas semanas se ha dado la crisis más aguda en el Frente de Izquierda desde su fundación. Aunque sus integrantes no lo digan abiertamente, lo que está en juego es hasta cuándo seguirá la cooperativa electoral que constituyen el PO y el PTS, una cuestión que depende, básicamente, de los resultados a obtenerse en la próxima ronda electoral.

En lo que sigue trataremos de explicar las razones de esta crisis y las perspectivas queentraña.

 

Un escenario electoral más adverso que el esperado

 

La primera condición a la que está sometida la continuidad del FIT tiene que ver con las perspectivas más de conjunto en este año electoral. Si bien el FIT está instalado en una franja minoritaria pero objetiva de los votantes,monopolizando el tradicional voto de izquierda e incluso la crisis dela centro-izquierda, el escenario parece estar corriéndose para el lado de unacontinuidad del kirchnerismo bajo una figura no K(Scioli).

Podría ocurrirtodavía un fenómeno distinto, como que el gobierno pierda votos por derecha e izquierda; o que por alguna razón que no parece la dominante hoy (a dos meses de las PASO), ocurra un voto castigo luego de 12 años de gestión y que una franja de dicho voto castigo se oriente hacia la izquierda siendo capitalizada por el FIT.

Hoy no parece ser este el escenario más factible. Más bien, como venimos señalando en estas páginas, todo hace suponer que si un sector importante de las clases medias se inclinará por una figura presidencial a la derecha del gobierno (Macri), el oficialismo se encaminaría a retener –o quizás aumentar en relación al 2013– los votos del grueso de los trabajadores e incluso de un importante sector de las clases medias progresistas. Se trataría de un voto conservador con la vista puesta en la comparación con las crisis del 2001.

Que se entienda bien: esto no quiere decir que no haya bronca entre los trabajadores por el deterioro del salario, el impuesto al trabajo, los ritmos de trabajo y demás. Hay una bronca creciente por estas razones y se va a expresar, casi seguramente, con contundencia nuevamente en el paro general del 9 de junio.

Pero a la hora de votar, lo más probable es que lo hagan por las candidaturas del oficialismo; al menos entre los sectores de masas de los trabajadores.

Cristina interpeló este sentimiento conservador cuando el 25 de mayo dijo “de qué cambio me hablan”, como dando a entender que cualquier cambio sería retornar al desempleo de masas de los años ’90.

Es esta posible modificación en las previsiones electorales para el año (el 2016 será otro cantar: el gobierno que asuma deberá aplicar un duro ajuste económico dando lugar a crisis, descontento e inestabilidad) el dato más objetivo que está golpeando las puertas al FIT.

Es lo que explica que venga retrocediendo en las elecciones llevadas a cabo en lo que va del año, si bien partiendo de un piso alto para las tradiciones de la izquierda en el país y lograndouna ubicación no marginal en el ranking de fuerzas políticas.

Sin embargo, hacia agosto y octubre las dudas crecen por cuenta de los elementos de polarización electoral, así como del arrastre que logre el gobierno visto como “progresista” por amplios sectores y de cómo se va a cuidar Scioli de explicitar su verdadero perfil (más conservador que los K), por lo menos hasta asumir eventualmente la presidencia.

La posibilidad de una reducción en el caudal electoral del FIT es el elemento más objetivo que presiona para el lado de una crisis en su seno.

 

Los límites de un acuerdo electoral

 

Dentro de ese marco, el segundo problema es el carácter mismo del FIT. Al ser un mero frente electoral, un frente único para intervenir en ese terreno, es evidente que los intereses divergentes de sus organizaciones lo deben llevar, tarde o temprano, a graves crisis y eventualmente a su disolución.

Nuestro partido siempre ha denunciado este carácter de mero acuerdo “porotero” (cada grupo integrante saca su tajada) como un elemento de fragilidad que preanuncia la eventual ruptura del frente mismo.

Pasa que ladinámica en una experiencia de este tipo puede ser de dos órdenes distintos, dependiendo de las circunstancias. Una podría apuntar a profundizar la experiencia, avanzando pasos en una eventual construcción común, en un llamado a otras fuerzas a sumarse, en ir hacia elementos de confluencia que permitieran dar una organicidad mayor a algo que es un mero acuerdo de tendencias para la intervención electoral.

Claro que esto que estamos señalando no depende de la voluntad de sus integrantes sino, principalmente, del propio desarrollo de la lucha de clases (que es en último término la explicación de todo)[1].

Porque si la lucha de clases se radicaliza, eso presiona para el lado de un avance mayor, o bien delimita las aguas con más claridad.

Pero el otro escenario, el de una división, es el más probable si no se profundizan las luchas: algo de esto es lo que ocurre hoy en nuestro país. Es decir: la cooperativa electoral permanece “estanca” como tal, sus integrantes no avanzan en pasos ulteriores, entrando en un momento determinado en contradicciones insalvables que terminan llevando al estallido del acuerdo[2].

Estos son los límites de un acuerdo que permanece de independencia de clase (en este sentido, ampliamente progresivo),pero que se caracteriza por una orientación y una política oportunistas y un método de “reparto de porotos” de lo más ciego y estrecho (¡completamente regresivo por decir lo menos!).

Son los límites del oportunismo y el poroterismo del FIT los que, combinados con unas circunstancias electorales eventualmente más complejas,están sumiendo en una grave crisis a dicho frente al punto que sus propios militantes comienzan a hablar de la necesidad de “salvar la unidad”…

 

¿Ruptura en puerta?

 

En el contexto anterior, veamos el núcleo de fondo de lo que está en discusión en el FIT: se trata de su continuidad.

Más allá de los avatares y las enseñanzas que se pueden desprender de la pelea entre el PO y el PTS alrededor de si PASO sí o PASO no, es necesario ir al fondo de la discusión: nunca como ahora ha estado más sobre la mesa la posibilidad del estallido de este frente. 

Desde ya que ninguno de sus integrantes quiere que se rompa: les viene dando beneficios en materia de representación parlamentaria a sus tres integrantes. Además, la vanguardia en sentido amplio lo considera progresivo y es así en la medida en que expresa un acuerdo electoral de independencia de clase (como hemos subrayado arriba).

Reiteradas veces hemos afirmado que no estamos a favor que se rompa el FIT: nuestras críticas atañen a su orientación y política oportunistas (amén de la lisa y llana exclusión burocrática de nuestro partido).

Pero más allá de nuestros deseos o apreciaciones y dado el carácter de sectas consumadas de sus integrantes, la realidad es la que es: marca una circunstancia de cálculos de hasta cuándo seguirá el FIT y cuánta tajada pueden sacar todavía sus integrantes[3].

Existe la siguiente especulación: el PO cuenta con que quizás, de la mano de IS, el Perro Santillán, la gente de Pueblo en Marcha y grupitos menores, si el PTS “se va” del FIT el costo no sería “tan grande”…

Al PTS se le revuelven las tripas por las imposiciones del PO y tratan de ir dando señales de que no serían ellos los que eventualmente “romperían” el FIT sino el PO el que los “echó”.

Si el FIT es un “negocio” para los dos (como nos lo definiera un alto dirigente del PO), en todo caso su duración dependerá de hasta cuándo dure tal negocio. Y eso depende de los votos que se obtengan.

 

En vez de fracturarse debería ampliarse hacia la izquierda

 

Desde2011 nuestro partido ha denunciado que el Frente de Izquierda se constituyó sobre un criterio sin principios, dejándonos afueray utilizando el mecanismo proscriptivode las PASO en contra nuestro.

Hoy el Nuevo MAS es la única organización con legalidad nacional que estáafuera del FIT, a pesar de quemuchas veces hemos coincidido, en términos generales, con las delimitaciones de clase con el PO y el PTS (¡recordemos que IS,al igual que el MST,vergonzosamente marcharon de la mano de Biolcatti y la Sociedad Rural en el 2008!).

También señalamos el carácter porotero de la cooperativa electoral,que ha sacrificado generalmente la formulación de una política electoral global al interés de la obtención de ganancias parlamentarias inmediatas.

Una y otra vez hemos afirmado que la ruptura del FIT no es nuestra política; nuestra política es nuestra integración en condiciones de igualdad con las demás fuerzas.

Consideramos que es entera responsabilidad de sus integrantes que estemos afuera del FIT, razón por la cual nos sentimos libres de llevar adelante nuestra política electoral independiente con toda la fuerza de nuestra joven y aguerrida militancia.

El FIT queda por ahora como un frente de independencia de clase. Sin embargo, es probable que comience a tener fecha de finalización. En ese caso será sobre sus integrantes en donde recaerá la responsabilidad de una eventual división procesada (para colmo) de manera aparatista,nunca sobre bases políticas claras. 

 

Luis Bermúdez

 

[1]Un ejemplo evidentemente a otra escala es cómo se fusionaron Lenin y Trotsky a la vera de la Revolución de Octubre. Incluso en este caso Trotsky argumentaba que el partido de Lenin se había “desbolchevizado” (lo que, evidentemente, no era así), así como Lenin señalaba que desde que Trotsky ingresara al partido “no había mejor bolchevique que él” (lo que resultó a la postre muy cierto). La moraleja de este ejemplo vinculado a los quizás más grandes revolucionarios que haya dado la humanidad es cómo incluso en su caso su confluencia en un partido común dependió, en última instancia, de la presión de la lucha de clases.

[2]Como enseña la dialéctica, todo es dinámico en la naturaleza y la sociedad: lo que no avanza termina retrocediendo.

[3]No está mal hacer cálculos con respecto a cuánto se puede beneficiar el partido con una u otra táctica; lo que está males que ese cálculo esté completamente independizado de los intereses generales de la lucha del proletariado, a los cuales dice atenerse el PO aunque no logre jamás demostrarlo: ¡ese interés parece ser siempre la mera construcción del propio PO!

 

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