Por José Luis Rojo



La elección de la izquierda en CABA

 

 

“En el juego de las comparaciones, el FIT también perdió votos: obtuvo la mitad de los votos del 2013, cuando Altamira fue candidato” (La Nación, 28-04-15)

 

Como señalamos en nuestro editorial, la izquierda en su conjunto sufrió un retroceso el domingo pasado. Es verdad que hay un atenuante: siempre son más complejas las elecciones locales que las nacionales. Es posible, así, que la izquierda se recupere en las PASO de agosto (tanto el FIT como nuestro partido); incluso que el Frente de Izquierda haga una mejor elección el 5 de julio al haber quedado sólo cinco listas. Pero esto tampoco es seguro, en la medida en que dichas elecciones ocurrirán en un escenario de gran polarización. 

De todas maneras, no puede dejar de señalarse que uno de los datos de la votación –y de su carácter corrido a la centroderecha–es que la izquierda cayó a la mitad de los votos obtenidos en el 2013. Tomando como referencia al FIT, este obtuvo en agosto de dicho año 78.000 votos (4,18%) y en las generales de octubre de ese año 105.000 votos (5,60%); en esta oportunidad apenas arañó los 40.000 votos. El FIT ha proclamado obtener “el cuarto puesto”, lo que matemáticamente es verdad. Pero hay una lectura política que hacer de los resultados: se trata de un cuarto puesto lejísimos de las tres principales fuerzas burguesas, lo que podría dificultarles consagrar nuevamente legisladores.

Nuestro partido también cayó, y en mayor proporción que el FIT, si se toman los datos de las PASO del 2013: en ellas habíamos obtenido 18.000 votos (0,95%) y caímos a 6.000 (0,30%); recordemos que en octubre de dicho año, yendo con boleta corta y sin espacios gratuitos, habíamos retrocedido ya a 8.500 votos.

El FIT señala que esta comparación con el 2013 es incorrecta; que la adecuada sería con las elecciones a jefe de la Ciudad del 2011, cuando habían obtenido escasos 17.000 votos. Pero esto no es tan real, porque en ese caso el FIT recién se lanzaba, no tenía la instalación de hoy, razón por la cual no se puede negar que hizo una votación modesta. Si tomáramos ese parámetro para nuestro partido, tendríamos que estar diciendo que crecimos un 100%, porque en dicha votación obtuvimos escasos 3.000 votos.

De cualquier manera, es evidente que en nuestro caso la caída está muchísimo más justificada, si se quiere, porque de todos modos el FIT realizó una campaña millonaria y nuestro partido se caracterizó por su ascetismo en materia de gastos electorales (¡ni hablemos del MST, que tiró la casa por la ventana para obtener un más que modesto resultado!).

 

Una millonada para no decir nada

 

Lo más grave es, quizás, que el FIT haya invertido esas sumas para no decir gran cosa. El centro de su campaña (¡con carteles multimillonarios, incluso en el techo de los edificios!) fue autoproclamarse “la izquierda en la Ciudad”; los resultados no corroboraron ese aserto. A pesar de todo, Zamora conserva un perfil de izquierda más allá de que haya dicho menos que el FIT todavía y que no haya hecho prácticamente ninguna actividad militante, sólo pegar algunos carteles.

Hay que explicar al voto a Zamora: la Ciudad tiene un alto promedio de edad y Zamora conserva prestigio entre importantes franjas de la izquierda por cuenta de la tradición del viejo MAS y la propia de no haberse vendido a ningún sector burgués o burocrático,aunque ese prestigio que conserva contiene ya muchos elementos conservadores y no se vuelca a ninguna actividad militante. Es un apoyo “introspectivo” de gente que lo vota como a una suerte de figura “estoica” que se mantiene independiente (lo que es bueno), pero que no espera ninguna actividad organizada para modificar la realidad (¡lo que es muy malo!). Ese es el sentido de esa especie de “voto cautivo” que mantiene.

Luego está el problema de cómo evaluar la dinámica y el contenido del voto al FIT. La realidad es que, nacionalmente, las votaciones de dicho frente vienen desinflándose: no lo decimos nosotros, lo marcanlos hechos. Ya hemos señalado que para trazar una dinámica de conjunto (desinfle electoral, consolidación o crecimiento) es muy pronto; sería algo irresponsable que no vamos a hacer, ni un sentido ni en el otro.

Habrá que evaluar entonces con los resultados puestos de conjunto. Y también con los cargos que logre obtener (o renovar) el FIT, que podrán apuntar (o no) a cristalizarlo como frente.

Como contrapeso a la reducción electoral en Salta, Mendoza y ahora en CABA (¡aunque atención que aún faltan las elecciones generales en cada caso, en las que competirán con menos adversarios!), está la elección en Neuquén, donde lograron consagrar dos legisladores provinciales.

Esto también enseña algo. Porque en Neuquén también tuvieron una reducción en los votos (ver balance específico en esta misma edición), pero aun así, dada lagran cantidad de listas presentadas en la categoría de legisladores, pudieron consagrar dos representantes.

Así las cosas, se trata de distintas variables que combinadas de diversas maneras pueden dar lugar a resultados disímiles. Y esto a partir del alto piso electoral logrado por el FIT en el 2013, lo que amortigua la caída. Así y todo, está ocurriendo una caída electoral: un desinfle que está vinculado (aunque no mecánicamente) al bajón coyuntural en la lucha de clases, a la chatura que caracteriza el año en esa materia, al desplazamiento del eje electoral de la centroizquierda hacia la centroderecha.

 

La pelea por la conciencia de los trabajadores

 

Más allá de la evaluación de los resultados, hay algo mucho más grave en la campaña del FIT: su rebajado contenido. Quizás esa pueda ser una explicación para el eventualmente bajo grado de retención de votos que puede caracterizarlo; una falta de leso marxismo revolucionario si recordamos cómo Lenin y Rosa Luxemburgo insistían en que la principal tarea de la participación electoral era ayudar en la educación política de las masas.  

Nos explicamos. Comparando con otras experiencias históricas, el contenido del voto era más ideológico, marcado por una adhesión más profunda del votante a la alternativa elegida y, entonces, el mismo podía –obvio que hasta cierto punto– seguir al partido “en las buenas y las malas” por así decirlo; poseía mayor fidelidad política-electoral.

Pero el voto al FIT no es socialista desde ningún ángulo que se lo mire; no solo por las condiciones más objetivas (que pesan evidentemente), sino inclusive por el tipo de campaña que desarrolla el FIT.

Delimitemos dos cosas: es verdad que el grado de conciencia de los votantes es mucho menor hoy haciendo una comparación histórica, algo que es producto de las condiciones objetivas, no de la política del FIT. Pero también es verdad que el grado de despolitización de las campañas del FIT, de su propaganda masiva, la ausencia de toda referencia socialista, su carácter ya ni siquiera reivindicativo sino más bien autoproclamatorio y autorreferencial, en nada contribuyen a revertir la eventual “labilidad” del voto al FIT.

No queremos exagerar: existe sin duda alguna una amplia porción de la vanguardia y un sector minoritario de masas que en su identificación con la izquierda sabe a qué se atiene: somos vistos como los que estamos con los trabajadores, con las luchas, contra el gobierno y los de arriba, contra la patronal.

Esto no es poco; pero es insuficiente. Como dijo Manuela en el debate con C5N, si somos de izquierda debemos proponer otra sociedad; sólo convenciendo a franjas crecientes de los trabajadores y la juventud de que la pelea debe ser por otra sociedad, haremos del voto político de izquierda un voto más sólido, más consistente, dando la pelea, realmente, por la cabeza de los explotados y oprimidos.

El FIT se niega rotundamente a hacer esto; no forma una conciencia histórica de clase y socialista. Será tarea de nuestro partido encontrar la forma pedagógica de batallar por este perfil para agosto próximo como parte del conjunto de nuestra política electoral.

 

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