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Alguno, o muchos, de los lectores podrán creer que no existe similitud alguna entre Adolph Fischer, Albert Parsons, George Engel y August Spies y por otra parte Carlos Fuentealba, Mariano Ferreyra, Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Los primeros cuatro nombres pertenecen a los activistas ahorcados el 11 de noviembre de 1886 por el “democrático” gobierno de EEUU, mientras que los restantes cuatro son algunos de los casos más actuales de militantes caídos bajo el fuego de un sistema explotador y opresor que no duda en derramar la sangre de los trabajadores para defender sus privilegios. Todos ellos tienen algo en común. Cayeron luchando por un mundo más justo, bajo distintas metodologías, algunas que compartimos como la de Carlos Fuentealba, otras con las que tenemos desde pequeñas hasta profundas diferencias, pero todos son compañeros de lucha en el camino por un mundo más justo.

Esta nota no trata de realizar un obituario de los militantes caídos en la lucha por el fin de la explotación, tampoco intenta realzar las diferencias metodológicas entre los caídos. Esta nota intentará realizar un análisis por un lado, sobre el significado de las luchas de Los mártires de Chicago, cuya gesta dio origen al 1° de Mayo y por el otro, sobre la necesidad de volver a discutir la conciencia de clase que tenían, ellos y los obreros de la época, y que los llevaba a luchar por el socialismo. Conciencia que acompañada de un fin estratégico, todos los trabajadores actualmente deben tener para poder cumplir su tarea histórica que es terminar con la barbarie capitalista y construir un mundo libre de explotación.

 

 La situación de los obreros a fines del siglo XIX

 

Para comenzar, cabe realizar un breve repaso sobre la coyuntura histórica sobre la que actuaban los obreros a finales del siglo XIX. Al respecto debemos decir que el movimiento obrero de entonces si bien no era homogéneo, debido a nacionalidades, religiones e ideales políticos, sí tenía una plena conciencia de clase, surgida de la politización con la que los convidaban los partidos obreros de la época y un gran entendimiento de la necesidad del internacionalismo como política proletaria. Para entonces el anarquismo y la socialdemocracia (no confundir con los partidos socialistas actuales, quienes han hecho virajes salvajes hacia la conciliación de clase, que comienzan más o menos para esa época con las ideas de Berstein) eran ideologías políticas con metodologías diferentes pero con un fin en común: acabar con el sistema capitalista e instaurar el socialismo. No es menester en esta nota marcar las grandes diferencias entre el socialismo revolucionario y el anarquismo, más sólo nos resumiremos a decir que una de las mayores diferencias residía en la discusión sobre la toma o no del poder político (y el Estado) por parte de los trabajadores.

Para entonces la clase obrera crecía a la par del crecimiento constante de las fábricas y del avance del capitalismo en toda la urbe. Pero sin embargo era en los países más industrializados donde el movimiento obrero daba las batallas más colosales y por lo tanto más sangrientas.

Cabe mencionar que entonces los sindicatos eran marcadamente clasistas y no sólo perseguían reivindicaciones básicas (como las 8 horas) sino que por el enorme peso ideológico de los partidos que actuaban en ellos tenían programas que excedían la mera reivindicación y apuntaban a la construcción de una sociedad sin clases. Por otra parte, debemos recordar que la clase obrera venía de la experiencia de la Comuna de París, donde, pese a la derrota, había sacado como rédito la desconfianza total en el capitalismo y la conciencia de su poder de gobierno.

Es en este contexto que la burguesía, preocupada por el avance del clasismo, decide dar un nuevo escarmiento a los trabajadores. Es en el EEUU, “cuna de la libertad”, donde se asesta un duro golpe a la clase obrera en los hechos conocidos como “La Masacre de Chicago”.

 

Los obreros no escarmientan, luchan… (La revuelta de Haymarket)

 

El 1° de Mayo de 1886 se producen los graves acontecimientos que darían origen al Día Internacional de los Trabajadores. Ese día se realiza en la Plaza Haymarket de Chicago una gran manifestación obrera contra la empresa McCormick –fabricante de maquinaria agrícola– en demanda de la jornada de ocho horas de trabajo, ya que en algunos casos las jornadas llegaban hasta las 18 hs. diarias. La policía contesta el pedido reprimiendo a los manifestantes, dejando como saldo varias personas muertas y heridas.

En respuesta a la represión se convocaron varias protestas para los siguientes días, tanto en las puertas de las industrias McCormick, fábrica que seguía funcionando gracias a los rompehuelgas, así como en otros puntos de la ciudad. En una de esas protestas, el 2 de mayo, la policía dispara contra los huelguistas que habían entrado en la fábrica, matando a dos personas e hiriendo a decenas más.

Lejos de retroceder, al siguiente día, 80.000 obreros/as seguían protestando en Chicago. En la protesta convocada para el 4 de mayo (4to. día de lucha ininterrumpida), la policía vuelve a entrar en acción matando a un número indeterminado de personas e hiriendo a otras 200.

Es entonces que una bomba lanzada por alguien entre las filas de los huelguistas mata a siete agentes de policía. Automáticamente las autoridades culpan a August Spies, Samuel Fielden, Oscar Neebey, Michael Schwab, George Engel, Adolph Fischer, Albert Parsons y Louis Lingg (obreros de filiación anarquista) quienes son detenidos y juzgados bajo el cargo de asesinato y conspiración para cometer asesinato. Todos son condenados a la horca en un juicio que se caracterizó por ser un burdo montaje. Finalmente Fischer, Parsons, Engel y Spies fueron ejecutados el 11 de noviembre de 1886 mientras que Lingg apareció muerto en su celda (los tres restantes fueron perdonados en 1893 al no encontrarse pruebas contra ellos).

Tres años mas tarde el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, celebrado en París, instaura el 1° de Mayo como el Día internacional de los Trabajadores como una jornada reivindicativa y de homenaje a los “Mártires de Chicago”.

 

La necesidad de reabrir el debate estratégico en el siglo XXI

 

Como decíamos anteriormente, estos obreros lejos estaban de luchar solamente por las 8 horas, sus perspectivas estratégicas eran mayores. Y si bien la clase obrera nuevamente era golpeada, su nivel de politización, su clasismo y su internacionalismo le permitían levantarse nuevamente. Así, con la experiencia de la Comuna encima llegaría al poder en 1917 en Rusia y pondría en jaque al capitalismo como sistema hegemónico con levantamientos en toda Europa durante largos años, guerras mundiales mediante.

Ya es sabido que el papel de la socialdemocracia en Europa (ya separada de las ideas revolucionarias) y luego del estalinismo en la URSS y también en el resto de Europa, asestarían un duro golpe a la más genuina experiencia histórica que tuvo la clase obrera.

En consecuencia en la actualidad muchos nos dirán que el socialismo es irrealizable, que ya fracasó, pero los socialistas revolucionarios no estamos llamados a llorar sobre la sangre derramada, ni la de los caídos, ni la de las experiencias históricas. Debemos reivindicar el accionar de aquellos que lucharon por un mundo mejor y aprender de sus experiencias colectivas sabiendo que la construcción de un mundo sin explotados no sólo es posible sino absolutamente necesaria. Hoy, el mundo sigue dirimiéndose entre socialismo y barbarie, debemos entonces reabrir el debate estratégico en la izquierda y la clase obrera sobre este tema no dejando que las políticas sindicalistas y electoralistas nos alejen del verdadero objetivo.

Por otra parte, quizá con menos malicia, otros podrán decirnos que aquella clase obrera de fines de siglo XIX y principios del XX ya no existe, que “hay que inventar algo nuevo”. Nada más alejado de la realidad. Si bien es cierto que la burguesía perfeccionó sus armas incluyendo las ideológicas, donde ideas posmodernas y/o derrotistas bombardean la cabeza de los trabajadores, también es cierto que los trabajadores seguimos siendo una amplia mayoría de la sociedad, que seguimos siendo explotados y  que seguimos siendo la única clase con un programa capaz de construir un mundo a nuestra imagen y semejanza, sin explotados ni explotadores. Sabemos que el capitalismo no se va a caer por su propio peso, y como en consecuencia estamos llamados a derribarlo, no es casual que desde el Nuevo MAS y la corriente internacional SOB le demos tanta importancia a la construcción de la conciencia de clase de los trabajadores y a la posibilidad concreta de la construcción del socialismo.

Alguno genuinamente, y dotado de una mala interpretación del marxismo, podrá preguntarse, por último: ¿si es el socialismo inevitable, para qué luchar? Tomando en cuenta las palabras de León Trotsky ante la comisión de defensa frente a los cargos hechos en los Juicios de Moscú, podemos decir que en la medida que nuestras bases para el socialismo pueden ser destruidas por una catástrofe cósmica, el socialismo no es inevitable. Sin embargo si el progreso humano es inevitable, el socialismo es inevitable, por lo tanto estamos llamados a construir el progreso humano construyendo el socialismo.

 

Diego B

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