La burocracia mira para otro lado

“En ningún momento se habló de realizar medidas de fuerza, buscamos preservar la paz, proteger el trabajo y defender los derechos de nuestros representados y de los jubilados” (Abel Frutos, dirigente del gremio Panadero, de la CGT Moyano, días antes de la corrida cambiaria).

El juego de comparaciones del que hablábamos al final de la nota de la página 3 no termina allí. Estamos en una crisis en curso que es difícil anticipar hasta dónde va a llegar. Lo primero a seguir es la evolución de sus factores dinámicos: la pérdida de reservas y la escalada de los precios. Si el gobierno, cediendo día a día reservas, no lograra sostener el precio del dólar a 8 pesos, tendría que convalidar una devaluación mayor aún que la que ha hecho hasta ahora, lo que volverá a presionar sobre los precios de la economía. Junto con esto, el otro índice crítico del momento: el traslado a los precios. Esto ya está ocurriendo desde la semana pasada de manera general (lo único que todavía no parece haber aumentado es la carne). Los diarios informan que sobre los aumentos que venían ocurriendo desde la segunda mitad de noviembre, en la última semana se ha sumado entre un 15 o 20% más. Si este aumento se proyectara, tal cual, a todo el año, ¡daría una inflación del 80%! Pero aun no proyectándose mecánicamente a todo el año, o suponiendo que el gobierno lograra calmar en algo las aguas las próximas semanas, de todas maneras se especula un aumento del 40% para el 2014. Es decir: parte de la crisis general es que la inflación ha quedado, irremediablemente, en un escalón superior. Otro escalón más ya sería un descontrol económico casi total.

Lo segundo es la evolución de la situación social y de las luchas. Por ahora la crisis cambiaria se viene desarrollando en “frío”; no hay aún grandes luchas. Es difícil saber en qué porcentaje la realidad se llevó puesto al gobierno, y cuánto pudo “anticiparse” y/o tratar de “manejar los tiempos” el oficialismo. De todas maneras, esto es secundario: el sacudón cayó en enero, antes de que comience formalmente el “año político”. De esto se está aprovechando la burocracia sindical para mirar para otro lado. Con la excusa de que “no hay precios en la economía” y que es “imposible calcular la inflación futura”, no están moviendo un dedo. Hay que “esperar a las paritarias”, dicen. Pero, al mismo tiempo, no quieren que se les ponga fecha… Mientras tanto, no hay “nada que hacer”.

En el ínterin, el gobierno está especulando con dar alguna miserable “suma fija” y postergar las paritarias. Pero esto es una maniobra, no solo económica, sino política. Gobierno, empresarios y sindicalistas se aprovechan del mecanismo institucional de las paritarias como el ámbito formalmente establecido para sustanciar los reclamos. Se busca naturalizar que se lucha cuando hay paritarias, y cuando no las hay, no se lucha. Las paritarias revelan su costado reaccionario al tratar de impedir la irrupción directa, desde abajo, de la lucha; esto agregado al hecho de que es la burocracia la que las controla.

Como una chispa en la pradera

Este desarrollo en “frío” de la crisis cambiaria podría cambiar rápidamente. Más allá de “reventones sociales” tipo saqueos, revueltas populares por la luz, etcétera, desde el lado de los trabajadores el “calendario” pone la primera paritaria: la de los docentes. La misma está en manos de la burocracia más chupamedias del país: la de la Ctera de Yasky y Maldonado. Parte de esta “troupe” es Baradel, secretario general del Suteba, gremio docente de la provincia de Buenos Aires, el más importante de la docencia a nivel nacional. ¿Cuánto reclama Baradel? 4.500 pesos. ¿Quién se va a tragar semejante miseria después de que la cana se alzó con aumentos hasta del 100% (8.000 de básico), y de la corrida cambiaria que arrasó con los precios?

El interrogante aquí es cuál es el estado de ánimo entre la docencia a nivel nacional. La burocracia docente va a maniobrar, dividir provincia por provincia, apelar a todo tipo de mecanismos tramposos para evitar una verdadera lucha nacional. Desde el activismo y la izquierda hay que prepararse para, si las propuestas son muy provocativas (inevitablemente lo van a ser), empujar por poner en pie un conflicto como el histórico “maestrazo” de 1988. Si esto ocurriese, sería un enorme aporte al conjunto de los trabajadores del país para quebrar la inercia actual frente al ajuste; una chispa para un ascenso general de las luchas obreras que hoy todavía no están, pero que podrían colocarse en un horizonte próximo bajo el hierro de la crisis. Para esto también debe prepararse la izquierda revolucionaria, y es la primera tarea planteada para la militancia de nuestro partido.

 

Tomemos la iniciativa

 

La izquierda clasista se alzó con más de un millón de votos (el FIT y el Nuevo MAS) en la última ronda electoral; incluso los primeros han obtenido parlamentarios nacionales y provinciales quedando en el centro de las expectativas de amplios sectores. Siempre dijimos que no había que hacer una traslación mecánica entre los votos obtenidos y una radicalización más de conjunto de franjas de trabajadores. Pero también planteamos que en condiciones de una lucha de clases incrementada, una radicalización que le dé un contenido mayor al voto se haría más posible.

Esto no ocurrirá por un desarrollo automático de las cosas. Claro que la izquierda aún dirige poco; la que dirige a los grandes contingentes de trabajadores es la burocracia en sus diversas expresiones.

Sin embargo, esto no quita que el FIT se haya mostrado, en general, carente prácticamente de iniciativas. Lo más que logra, cuando lo logra (ver la huelga policial, entre otros hechos del último período), es sacar declaraciones políticas. Ahí termina toda su acción común. Cuando la crisis de los cortes de luz, sus propuestas se limitaron a pedir que “se abra la legislatura” o a “vamos a presentar un proyecto de ley nacional”; a ninguna de sus fuerzas se le ocurrió poner el centro en propagandizar y extender el incipiente proceso asambleario abierto. 

El PO y el PTS están hablando ahora de la posible realización de un encuentro de delegados de base. Nos parece muy bien; desde el nuevo MAS estamos dispuestos a participar de toda propuesta que tenga bases reales, más aún cuando podrían avecinarse grandes luchas. Pero esto hay que organizarlo, prepararlo, ponerse de acuerdo para convocarlo (son inevitables elementos de frente único de tendencias para llevar adelante hoy una iniciativa de este tipo; ninguna corriente tiene peso por sí misma para llevar adelante una convocatoria así).

Mientras tanto, nos parece que desde la izquierda debemos tomar inmediatamente una iniciativa política. No estamos hablando de las declaraciones que puedan dar algunos de sus parlamentarios en la TV (el monopolio lo tiene Altamira), sino de algo muy distinto. La izquierda revolucionaria debe ser la primera que salga a la calle contra el brutal ajuste que está descargando el gobierno y la patronal, y que la burocracia está dejando pasar.

No tenemos la llave, aún, para desatar grandes luchas. Pero mientras tanto, es obligación participar con una política correcta, militante, no parlamentarista, en las que ya están ocurriendo, y tomar la iniciativa de convocar a una movilización política contra el brutal ajuste K para que no siga pasando en “frío”.

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