Por Luís Paredes



 

 

 

Obligado por el fallo adverso de la Sala X del pasado 26 de febrero (que le dio la razón a la empresa respecto a los despidos), y también por la presión del activismo obrero y nuestro partido acerca de la necesidad de avanzar en el balance de la lucha de Lear (pelea que continua hoy por la reinstalación de los compañeros que se han negado a arreglar[1]), el PTS se ha visto obligado a publicar un largo texto donde presenta un primer balance: “Apuntes para un primer balance. Lear, una lucha ejemplar contra viento y marea”.

El texto llama la atención por varias cuestiones. La primera, por su carácter general descriptivo en el cual no se saca enseñanza alguna y se hacen muchas afirmaciones indemostrables. La segunda, cómo el texto se las arregla para sobrevolar los meses decisivos del conflicto (junio, julio y agosto), acerca de los cuales no se balancea nada. Llama la atención que a los meses centrales de la lucha se les dedique sólo una décima parte del largo escrito. El autor hace esto para pasar a la velocidad de un rayo a lo que el PTS considera el punto “fuerte” de su balance, que es la campaña política posterior a la destitución de los delegados. Lo tercero que llama la atención, aunque es característico en el PTS, es el carácter autoproclamatorio del texto, donde se autotitulan como la “única corriente para la cual el centro de su actividad es la lucha de clases”. Lo cuarto, es que en un texto dedicado casi enteramente a nuestro partido (que le hizo un contrapunto permanente a su estrategia sobre todo en los momentos calientes de la lucha), el PTS intente ocultarlo y por razones de conveniencia elije nombrar solamente al PO (incluso en un recuadro reciente del diario Clarín esto aparece así): ¡un blanco fácil, porque el PO viene con una dramática deriva electoralista, no se volcó a la lucha de Gestamp y cuando dijo algo de Lear, nunca fue para cuestionar la estrategia del conflicto!

Nuestro partido se jugó el todo por el todo en el conflicto de Gestamp (la responsabilidad estaba, centralmente, en nuestras manos), y también tuvo un vuelco importante a la lucha en Lear en sus momentos más decisivos. También nos esforzamos por sacar pormenorizadas conclusiones estratégicas de ambas luchas con un sendo boletín, por lo que no repetiremos aquí todo lo dicho. Sólo anotaremos nuestros “apuntes” al texto de balance del PTS, a modo de incorporar más elementos para este debate que sirva a los objetivos de la recuperación de los métodos históricos de pelea de nuestra clase.

 

Una descripción no es un balance

 

El texto presentado por Jonatan Ros se caracteriza por su carácter descriptivo. No posee enseñanzas, siquiera demuestra lo que afirma. Se caracteriza por un conjunto de afirmaciones “contra fácticas” que tienen el problema de ser indemostrables. En las ciencias sociales en general, y en el marxismo en particular, las afirmaciones de este tipo son consideradas como no científicas, precisamente porque no sirven para afirmar lo que se pretende: el mérito de lo que uno quiere demostrar tiene que estar en los hechos mismos y no ponerse a discurrir sobre qué hubiera ocurrido sobre si tal cosa o tal otra…

El problema general del texto, sobre todo en sus partes más polémicas, es que coloca afirmaciones como si fueran demostraciones cuando lo que ocurre es lo contrario: no se logra explicar porque las cosas fueron como fueron y no de otra manera.  

Un ejemplo entre muchísimos es el siguiente: “El bloqueo de portones buscaba el mismo efecto que la toma o el paro total, pero con diálogo con la base, ya que una toma hubiera sido solo del activismo, sin la base, y, por lo tanto, impotente, el camino más rápido a la derrota”. Pero el PTS no puede demostrar lo que afirma, sencillamente porque no se siguió ese camino y es imposible saber qué hubiera resultado de él. Esto termina siendo algo falaz sobre todo cuando el PTS se dedicó a afirmar, taxativamente, de la boca de uno de sus principales dirigentes nacionales y a lo largo de semanas, que el conflicto se ganaba “desde afuera”…

El PTS describe que la base se perdió, pero no logra explicar porque: ¿por qué esto ocurrió esto? ¿qué hubiera podido hacerse para evitarlo?, no les interesa: “(…) el 20 de agosto se organiza una nueva asamblea trucha, donde la burocracia lleva a la patota, que ostensiblemente filma lo que vota cada trabajador cuando formulan la ‘moción’ para destituir a los delegados (…) en esta situación, uno podía retirarse y abandonar la lucha o bien determinar que, como se puede ver, era imposible una lucha rápida que definiera el conflicto de manera favorable y buscar más alternativas de lucha”.

No había que retirarse y estaba planteado seguir la pelea por la reinstalación de los compañeros despedidos. Pero este “balance” no explica por qué se llegó a esta situación, por qué no se pudo evitar que la interna combativa fuera destituida, por qué se perdió la base, qué más se hubiera podido hacer para que esta etapa decisiva del conflicto no tuviera este desenlace. ¡Y no lo explica porque el texto tiene por objetivo barrer bajo la alfombra ese balance!

 

El ejemplo de Volkswagen en Brasil

 

Repetimos. Si uno busca algún elemento de balance de lo actuado durante estos tres meses, no los va a encontrar. El texto encierra una maniobra polémica: toda la carga de la “prueba” de cómo “lucha” el PTS está en la campaña llevada adelante a partir de… septiembre. Desde estas páginas hemos señalado que esa campaña estuvo muy bien. Que el PTS puso todos sus recursos (parlamentarios y financieros) para que esto fuese así[2], para que las tareas auxiliares de la lucha se llevaran adelante.

Pero si hay algo que el PTS no responde y escamotea a lo largo de todo su “balance” es justamente lo actuado en esos tres meses; y esto ocurre porque de manera evidente, es el punto débil de su posición, en el que podría haberse dado un desenlace distinto en el curso del conflicto.

Queremos ilustrar aquí otro ángulo de nuestra argumentación. No vamos a repetir lo dicho acerca de que el PTS no fue hasta el final en la pelea, que no explotó todas las posibilidades de la lucha recurriendo, incluso, a la ocupación. Sí nos interesa recurrir a dos recientes ejemplos de Brasil, que son de enorme importancia para la experiencia en curso de la recomposición obrera en nuestro país, y que ilustran nuestra posición general acerca de la importancia estratégica que tiene el recuperar los métodos históricos de pelea de nuestra clase.

Hubo dos conflictos importantísimos este verano contra despidos en la industria automotriz de dicho país: uno en Volkswagen (dirigido por la burocracia de la CUT) y otro en General Motors (dirigido por el CONLUTAS bajo inspiración del triunfo en VW); ambos se saldaron son sendos triunfos.

¿Cuál fue el carácter distintivo de los mismos? Que por primera vez en más de una década (ver artículo específico en esta misma edición), la palanca para el triunfo fue que todos los trabajadores (efectivos y despedidos), se metieron en la planta para pelearla desde adentro. Hubo circunstancias de semiocupación con todos adentro, y dada la unidad y fortaleza demostrada por la base, la lucha se gano.

Desde ya que hay muchísimas consideraciones concretas que hacer, que en Gestamp y Lear la burocracia era parte activa de nuestros enemigos, que las condiciones eran distintas, etcétera. Pero lo que resta es la moraleja de la cosa: ¡que por primera vez en años en Brasil la burocracia de la CUT se debió allanar a un conflicto adentro, lo que fue clave para el triunfo!

 

La tradición de lucha del nuevo MAS

 

Luego está el insoportable carácter autoproclamatorio del texto: el PTS se vende como el “único partido cuyo centro es la lucha directa entre las clases”. Esta es una redonda mentira. Dentro de las corrientes de izquierda del trotskismo en nuestro país, es verdad que el PO viene teniendo una acelerada deriva electoralista que lo muestra fuera del eje de la lucha de clases, sin responsabilidades concretas en las luchas obreras principales del 2014 (Gestamp y Lear).

Pero cuando habla de nuestro partido (aun sin nombrarnos), el PTS debe lavarse la boca antes de decir pío: el nuevo MAS estuvo en la primera fila en la pelea del 19 y 20 de diciembre del 2001 cuando se tirada abajo a De la Rua (con una columna formada, principalmente, por jóvenes compañeros y compañeras). Posteriormente, cuando la jornada de lucha en el Puente Pueyrredón donde cayeron Kosteky y Santillán, estuvimos en la primera fila de ese enfrentamiento con el FTC (aun cuando en la Asamblea Nacional de Trabajadores de semanas antes, habíamos votado en contra de esa movilización, disciplinándonos a la misma en razón del respeto a la democracia obrera; que sepamos, el PTS no participó de dicha movilización). Posteriormente, protagonizamos el conflicto más duro del diario Crónica en la última década, cuando compañeros y compañeras integrantes de nuestro partido fueron actores centrales de la ocupación del edificio central de dicho matutino por varios días.

En el 2007 y 2008 el nuevo MAS fue protagonista de los conflictos más duros del neumático en década y media, donde se recuperó la seccional San Fernando, se echó a Pedro Wasiejko literalmente a las trompadas cuando quiso avasallar una asamblea de base, y le disputamos palmo a palmo la dirección del gremio en el conflicto más histórico del neumático de las últimas décadas.

Como parte de nuestra tradición de lucha, tuvimos la baja de nuestro compañero Carlos Fuentealba en Neuquén. Posteriormente, fuimos protagonistas de la reinstalación de más de 15 compañeros en FATE, una dura campaña que demandó años de esfuerzos, y luego de tres años de esfuerzos casi en soledad, logramos la reinstalación de Maximiliano Cisneros en Firestone. No por nada los abogados de nuestro partido (integrantes del ALI) tienen algunas de las causas con jurisprudencia de la CSJ en materia de reinstalaciones.

Posteriormente al ciclo de luchas del neumático, nuestro partido cumplió un rol muy importante en la lucha de los obreros de Pilkintong, que se saldó con un triunfo a partir de la decisión impulsada en gran medida por nuestra organización (que colaboró de manera práctica en la misma) de que los compañeros se metieran dentro de la planta (medida que como no podría ser de otra manera, era rechazada por el PTS).

En el 2014 hemos sido protagonistas del histórico conflicto de Gestamp y su gesta del puente grúa, que sentó bases para la recuperación de los métodos históricos de lucha de nuestra clase, un combate a muerte dónde la joven generación de nuestro partido se jugo el todo por el todo durante casi dos meses y que llegó a paralizar la industria automotriz obligando a que Cristina en cadena nacional afirmara que los tiempos de la “toma del Palacio de Invierno habían quedado atrás” (esto sin dejar de subrayar que actuamos de manera implacable y de cara a toda la vanguardia expulsando del partido a Damian Calci cuando fue al arreglo con la patronal cuando las brazas de la lucha todavía ardían).

Y a esto le podemos sumar otras tantas batalles de clase y por la emergencia de la nueva generación obrera que viene dando nuestro partido desde su fundación. Por ejemplo, nuestro rol de vanguardia en los piquetes de los últimos dos paros generales, por no olvidarnos del orgullo que sentimos por nuestras compañeras de Las Rojas, la organización más consecuente y luchadora del movimiento de mujeres hoy.  

Que el PTS baje, entonces, sus ínfulas y se allane a discutir seriamente el balance de las luchas de Lear y Gestamp con organizaciones que como la nuestra se caracterizan por su consecuencia en la lucha y no hacen parte de una cooperativa electoral que el año pasado no fue capaz de emitir una simple declaración de apoyo a los paros generales y, menos que menos, convocar a un encuentro obrero en común por el triunfo de Gestamp y Lear.

Sobre esto último podríamos agregar que el PTS se manejó con un sectarismo y oportunismo criminal, primero cuando el encuentro obrero en zona norte en torno a Gestamp negándose a que participe el PO (¡y dándole un atajo a la directiva de FATE para lavarse las manos!), y segundo cuando junto con Izquierda Socialista se negaron a convocar al Encuentro de Atlanta a mitad de año, que podría haber tomado en sus manos la lucha de Lear dándole una proyección mayor

 

El método de los revolucionarios

 

Por último, está el balance triunfalista del PTS de finales de diciembre pasado cuando el fallo de la Sala X. Comparemos dos métodos: con su inveterado legalismo, el PTS lo anunció como “un triunfo histórico de la lucha”… En nuestro caso, cuando los compañeros se bajaron del puente grúa con la conciliación obligatoria en la mano (¡y el triunfazo de que no les quedara ninguna causa penal!), dijimos que era un paso adelante pero que el triunfo había que concretarlo con los compañeros adentro. El PTS aduce en su defensa que, de todas maneras, siguió llamando a medidas de lucha (cosa que también hicimos nosotros en Gestamp, consecuentes, por los demás, con nuestra definición de que el conflicto no estaba saldado hasta que entraran los compañeros. ¿Qué hizo el PTS? ¡Se dedicó a boicotear la actividad programada para el lunes posterior cuando había que empujar para que los compañeros entraran a la planta!).

Pero la diferencia es que el PTS anunció “un triunfo histórico” donde no estaba y eso esta mal, deseduca y confunde a los compañeros, y allana el camino a la desmoralización (y el antipartidismo, como ya se está viendo entre muchísimos ex activistas de la Celeste) cuando, finalmente, esos grandes triunfos, tan anunciados, no se concretan.

Como digresión agreguemos que el PTS señala en su “balance” que la propuesta de tomar el punte grúa fue realizada por un “independiente” (señalando que fue correcta esa acción). Pero lo que no explican es por qué durante larguísimas tres semanas batallaron en contra de esta medida, y que si la misma se llevó a cabo, fue porque nuestro partido la defendió incondicionalmente como intento de encontrar una vía de acceso hacia el conjunto de los trabajadores que estaban adentro sometidos a la militarización de la planta.

Es hora de mirar la realidad de frente, dejarse de maniobras y subterfugios y enfrentar hasta el final el balance de lo actuado para sacar las lecciones del caso mientras siguen adelante los esfuerzos por la reinstalación de los compañeros despedidos que se mantienen firmes por ese objetivo.

 

 

 

[1] El PTS miente en su “balance” cuando dice que todas las demás tendencias de la izquierda publicaron la carta de los compañeros que fueron al arreglo en diciembre pasado; nuestro partido los entiende y los respecta luego de tantos meses de pelea, pero jamás opinamos que fuera correcto ir al arreglo en vez de a la resintalación y, por dicha razón, no se podrá encontrar en nuestras páginas dicha carta. 

[2] Señalemos que más allá de las alharacas del PTS “de que se hubiera volcado con igual intensidad a cualquier conflicto”, esto no es verdad: en el caso de Gestamp volcó sólo a su regional norte, no fue esta lucha histórica un eje nacional de su actividad, como si lo fue en el caso de nuestro partido.

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