Arturo Cano, enviado, La Jornada, 27/01/2014



Los motivos de una rebelión

Los periodistas del diario mexicano La Jornada hicieron una labor destacada en lugares y situaciones peligrosas. Un contraste con el resto de los diarios mexicanos, más parecidos a boletines del gobierno o de la “oposición” asociada al PRI. Aquí, algunos fragmentos de reportajes y relatos.

Pueblo a pueblo se expanden las autodefensas

Tancítaro: “las armas no se entregarán y continuaremos avanzando”, aseguran

[…] Los comunitarios son de Tancítaro y todos tienen un agravio personal. Dos de ellos son hermanos y perdieron a un primo y un cuñado, secuestrados y asesinados aunque se pagaron sus rescates. Otro viene de una familia que sufrió el levantón de cuatro de sus integrantes, luego de que fueron a una fiesta en Apatzingán. Todos son muy jóvenes. Uno de ellos confiesa que antes del levantamiento ni siquiera sabía disparar.

Esperan convencer a los pobladores de San Juan [que se incorporen a la lucha], como lo han conseguido en otros lugares. Resume uno de los credos de las autodefensas: La neta es que sin la gente no somos nadie. Si no nos quieren, nos vamos a la chingada.

El jefe de la tenencia, Bernardo Magaña, toma la palabra… Dice que lo procedente es que el pueblo vote si acepta a las autodefensas y, de ser así, nombre un consejo que se hará cargo de la relación con los armados.

–¿Quieren que se queden las autodefensas?

–¡Sí! –es el grito unánime. Esta es la reunión más numerosa que recuerdan en mucho tiempo aquí, donde ayer ingresaron los grupos de autodefensas de Tancítaro.

Tancítaro, con sus 200 hombres armados que portan armas largas, vino a corresponder. El 16 de noviembre del año pasado los habitantes de ese municipio recibieron la ayuda de las autodefensas de Tepalcatepec, Buenavista y anexas.

Claro, los primeros que ganan con el pago del favor son los propios habitantes de Tancítaro, pues limpiando la zona logran un paso seguro a Uruapan, adonde las necesidades de sus negocios y de su vida cotidiana los obligan a ir.

“Me siento contento porque ya podemos pasar sin ningún pendiente”, dice Jesús Bucio Cortés, hombre de hablar sencillo y dueño, con sus hijos, de 60 hectáreas de aguacate.

A Bucio le corresponde dirigirse, megáfono de por medio, a la población de Jucutacato, para incorporarla. Explica las razones de sobra conocidas –el rosario de terror obra del grupo delincuencial, como dice el gobierno para no mentar nunca a Los caballeros templarios– e intenta desmontar los mitos sobre las autodefensas:  “no venimos a robar, no estamos con ningún otro cártel”. Resuelve la duda de los dineros con un dato: los que fueron despojados de sus huertas nos están dando 80 por ciento de las cosechas, al fin que las daban por perdidas.

Tras el voto a viva voz, los pobladores se reúnen por separado para elegir a sus representantes. Salen a relucir viejas rencillas, pero al final se nombra el consejo y la gente bromea sobre quién será el jefe de barricadas.

Por ahí sigue, a la espera de la decisión, el aguacatero Jesús Bucio, uno de los cuatro conspiradores iniciales de Tancítaro. Aguantó el secuestro de un hijo, el aumento de la cuota, la quema de dos empacadoras de aguacate, el acoso constante. Pero decidió levantarse en armas el día que encontraron el cuerpo de María Irene Villanueva Cuevas, una niña de 15 años, hermana de su nuera. La tuvieron secuestrada una semana. La violaron, la torturaron y luego de meterle cinco balazos seguían pidiendo rescate.

Nos defendimos de los delincuentes y decenas fuimos aprehendidos, lamentan en La Ruana

Fernando Camacho Servín, enviado, La Jornada, 24/01/2014

La Ruana, Mich.- Luego de soportar por más de 10 años las extorsiones, secuestros, robos y asesinatos de Los Caballeros Templarios, la comunidad michoacana de La Ruana decidió ‘‘alzarse en armas’’ contra el cártel en febrero del año pasado. Pero la respuesta de las autoridades fue aprehender a decenas de sus pobladores, acusarlos de delitos graves y enviarlos a penales de máxima seguridad de todo el país.

Sin poder entender la razón por la cual defenderse de los criminales es un delito, más aun cuando las autoridades los dejaron solos durante años, en esta localidad sus pobladores coinciden en un reclamo que: ‘‘Liberen a nuestros muchachos’’.

Los familiares y compañeros de los guardias de autodefensa organizados por Hipólito Mora relataron las historias de terror que vivían de forma cotidiana, las cuales los llevaron a superar el miedo a sus opresores y rebelarse con las armas en la mano.

‘‘Mi hijo entonces tenía 18 años y entró de autodefensa por amor de cuidar a su madre. Si nosotros tomamos las armas fue porque no teníamos gobierno que nos apoyara y no nos íbamos a dejar que nos mataran a la familia. Ahora se los llevan a la cárcel y yo pienso que no es de ai’’, reclama.

En medio de las voces que se alzan para –a veces en medio de llanto, pero también de gritos de enojo e indignación–, se escucha también la de un hombre que se identifica como Samuel, quien describió ‘‘el infierno de ver cómo todos los días (los templarios) mataban campesinos’’ por no aceptar las cuotas que les imponían los delincuentes.

Otro habitante de La Ruana se suma a sus vecinos para advertir enfáticamente: ‘‘Las armas no las vamos a bajar ni a entregar…  Respetamos al gobierno, pero pónganse a nuestro favor. ¿Por qué sólo protegen a los malandros? ¡N’hombre, no la chinguen!’’

Las extorsiones del crimen organizado, protegidas desde el estado

Fernando Camacho Servín, enviado, La Jornada, 24/01/2014

[…] En entrevistas por separado, Francisco Jiménez, de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala (CNPA), y Víctor Suárez de la ANEC, afirmaron que sin financiamiento y asolados por la extorsión del crimen organizado, muchos productores sólo cultivan para el autoconsumo, porque no están en riesgo la cosecha y la tierra, sino la vida.

Jiménez, integrante de la dirigencia nacional de la CNPA, señaló que no sólo la producción de limón y aguacate se ha visto afectada, el pago de cuota a los templarios se aplicó a toda la producción agrícola. Los jornaleros debían entregar 20 de los 80 pesos de su salario diario. Los dueños de la tierra pagaban 120 pesos por cada hectárea de cultivo al mes, además de un mínimo de mil pesos por hectárea de maíz, y las bodegas debían entregar al menos 100 pesos por cada tonelada de este grano.

[…] Jiménez señaló que la extorsión del crimen organizado no sólo afecta a los campesinos, sino a todas las ramas productivas. “Los templarios cobran 8 pesos por cada kilo de carne de res que se produce en el estado, y cinco pesos a los carniceros por cada kilo vendido. Se estima que de cada uno de los 113 municipios michoacanos obtienen 1.5 millones de pesos al mes por cobro de cuotas”, puntualizó.

 “Si los templarios vuelven, nos matan, pero ustedes van a ser esclavos”: autodefensas

Arturo Cano, enviado, La Jornada, 23/01/2014

El comandante Héctor Zepeda Navarrete habla con un muerto a cuestas, su hermano Julio César, asesinado apenas el pasado lunes 13: “Yo le digo al pueblo: ‘si los templarios vuelven, a nosotros (las autodefensas) nos van a matar, pero ustedes van a ser esclavos’”.

No se le quiebra la voz ni un segundo. Parece orgulloso de que la muerte de su hermano, mecánico y vendedor de refacciones, haya desembocado en el alzamiento de su pueblo en contra de Los Caballeros Templarios.

El mismo día que lo balearon, el pueblo se juntó en la explanada, frente a la presidencia municipal, y El Siete, jefe de plaza de los templarios, puso pies en polvorosa, con todo y sicarios.

Siguen cerca, en las orillas de los pueblos y en los cerros, como bien lo supieron los guardias comunitarios que el jueves fueron emboscados en el vecino Aguililla, donde cayó Alejandro López Pinto, de 18 años.

Los patrulleros de las autodefensas bajan a comprar refrescos en una tiendita. Por ahí cerca, quién sabe dónde, anda el jefe de los sicarios, de nombre Gerardo Covarrubias Landín, El Negro…. “Ese cabrón tiene pacto con el diablo”, le dice al comandante un hombre en la tiendita, sabedor de que lo han buscado por todos los cerros y brechas. El Negro estaba bajo las órdenes de El Siete, Carmelo Núñez Vargas, amo y señor en esta zona.

El alzamiento en la cabecera estaba cantado… Por eso, cuando la población de la cabecera se levantó tras el homicidio del mecánico, las casas de los templarios ya estaban abandonadas. En los días anteriores habían sacado a sus familias y muchas de sus cosas. Dejaron vacías unas 20 casas.

En este municipio los conspiradores eran unos cuantos. Iban a los municipios cercanos y ya bajo el control de las autodefensas para coordinar. Alguien los vio y les puso el dedo… A Julio César  –una persona derecha, un luchador social, define su hermano–  lo asesinaron delante de su madre.

Saquearon nuestras casas; no dejaron ni una cuchara

Arturo Cano, enviado, La Jornada, 25/01/2014

El Camalote, Mich.- Esta es la primera vez en un año y medio que los Bravo se paran por estas tierras. Vuelven a sus casas, abandonadas y saqueadas, en las que Los Caballeros Templarios no dejaron ni los cubiertos.

Lo primero que hacen Matías y Homero Bravo es colgarse al hombro listoncitos blancos que los identifican como policías comunitarios. Buscan tramitar sus credenciales, convencidos de que la colusión de los gobernantes con el crimen organizado no les deja otro camino.

“Los malandros dicen que ‘todo mundo tiene su precio’. Afortunadamente los comunitarios no tenemos precio. Por eso somos los únicos que vamos a poder acabar con el crimen organizado”.

La tragedia de los Bravo se repite en muchos lugares de Michoacán, donde centenares o acaso miles de personas han sido despojadas de vehículos, casas y terrenos de cultivo por el cártel. En el caso de los Bravo, las casas siguen ahí, aunque hechas una ruina.

La tragedia de esta familia comenzó el 17 de junio de 2012, cuando el viejo Matías recibió como regalo del Día del Padre el asesinato de su hijo Rafael.

La familia no pudo ni completar el novenario. Al tercer día, mientras rezaban en el rancho del viejo Matías, recibieron la noticia de que los sicarios habían entrado a sus casas y los andaban buscando. Once miembros de la familia huyeron por las brechas mientras sus casas eran saqueadas.

Al regresar llegar a la cabecera municipal de Coahuayana, la primera acción de los Bravo es inscribirse en las autodefensas: quieren tramitar sus credenciales de policías comunitarios.

Dueño de un taller mecánico, coordina tres grupos ‘‘en la trifulca, en la revolución’’

Arturo Cano, enviado, La Jornada, 20/01/2014

Carretera Apatzingán-Aguililla, Mich.- Es un hombre pequeño y lo conocen como Comandante Patancha. El corrido que compusieron en su honor suena en la enorme camioneta en la que llega. ‘‘Por un Aguaje libre’’, dice el letrero que la distingue.

Dueño de un taller mecánico y comercializador de fierro viejo, Patancha coordina tres grupos ‘‘en la trifulca, en la revolución’’, como él dice.

–¿Por qué decidió incorporarse a las autodefensas?

–Porque se quisieron burlar de mi familia. Querían llevarse a mi muchacha. Y yo tenía que cuidarla. Casi me aventé dos semanas en lo que pedí auxilio a las autodefensas para que llegaran a El Aguaje.

–¿Cómo supo que se la querían llevar?

–(Uno de los jefes) llegó y me dijo que él pretendía a mi muchacha y que se la iba a llevar a güevo.

–¿Qué edad tiene su hija?

–Anda en la edad de 16 años.

–¿Qué más le hicieron?

–Tenía un compadre muy querido, Elías. Mataron a su papá, lo mataron a él, mataron a su hija, a mi ahijado, a toda la familia. Un día van a ir a Chila y lo pueden constatar donde están todas las cruces una detrás de otra, toda la familia.

–¿Qué hacían las autoridades municipales?

–Todos los presidentes municipales que entraron por el Partido Revolucionario Institucional en el estado de Michoacán fueron entrados por la maña. Los comandantes de la seguridad todos eran templarios.

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