Juan Manuel de Rosas, caudillo federal y gobernador de la provincia de Buenos Aires, ha pasado a la historia como un salvaje dictador o como un humilde servidor de los gauchos pobres. En la genealogía revisionista populista, es el que se enfrentó  a las potencias extranjeras para garantizar nuestro desarrollo.

Como premio hoy aparece en un billete con su máximo orgullo (la Vuelta de Obligado) y se puso en el calendario un feriado en recuerdo de esta batalla.

El caudillo federal es el ejemplo a seguir, según el discurso oficial, por su dura batalla contra el imperialismo y su acercamiento a las masas populares. Pero este mismo gobierno recrea la farsa de aquel gobernador; vemos constantemente cómo las mega mineras tienen sus privilegios, cómo Chevron obtiene los suyos, y demás ejemplos.

Quizás este personaje sea de los más controvertidos, y de los que más mitos a su alrededor hay. Intentaremos brevemente poner en perspectiva algunos de ellos.

Los tiempos de  Rosas

Por esos años las Provincias Unidas estaban divididas por diferentes razones, la Revolución de 1810 no había logrado unir a estos territorios, sino que por el contrario, los enfrentó más que nunca. Buenos Aires buscaba la unión de todas las provincias, pero bajo su control casi hegemónico y el librecambio; lo primero lo enfrentaba al litoral y ambas cosas al interior. Estas diferencias políticas y económicas se expresaron en una “guerra civil”, los enfrentamientos entre unitarios y federales.

Los unitarios se mostraron defensores del poder de Buenos Aires, de su control sobre la aduana del puerto (única y gran entrada de dinero de las provincias). Los federales, representantes de las montoneras y de la soberanía de las provincias, o sea de los gauchos que se negaban a ser proletarizados y de las elites de las pocas ciudades que existían, buscaban mantener sus negocios y poder en las provincias. Dentro de este último grupo apareció una diferencia, los federales bonaerenses (léase los estancieros bonaerenses), que si bien hablaban de soberanía de las provincias y mantenían su idea de un país ganadero (frente a los intereses comerciales del puerto), se asemejaban a los unitarios a la hora de hablar de la aduana y de las relaciones con Inglaterra.

Rosas era un estanciero terrateniente, adepto a la causa federal. Con miles y miles de hectáreas, saladeros y en relación a esto, muchas vacas; había logrado transformarse en un ejemplo de ganadero exitoso y acaudalado. Respetado por otros estancieros, e incluso por sus peones, con quienes entabló una relación singular para la época. Mientras la ciudad de Buenos Aires trataba de imponer su política sobre el resto de las provincias, don Juan Manuel amasó una fortuna y acumuló tierras a costa de tratados con los indios o el simple robo de sus tierras.

El trato particular que entabló con sus peones, los gauchos, le permitió armar su propia fuerza que, junto al respeto de sus compañeros estancieros, le permitió controlar la campaña bonaerense; por las buenas o por las malas, todos obedecieron a Rosas.

Durante el gobierno de Dorrego se ubicó como aliado del gobernador, pero manteniendo perfil bajo. Al caer Dorrego se hizo imperioso que este caudillo diera la cara y se pusiera a la cabeza de los estancieros bonaerenses, y que echará a los caudillos unitarios de la provincia para nombrar un gobierno “federal”.

El 8 de diciembre de 1829 Rosas era nombrado gobernador de Buenos Aires con poderes extraordinarios: aparte del ejecutivo sumaba el poder legislativo. Comenzaba el primer gobierno de Rosas, que duraría hasta 1832, cuando se le negaron los poderes extraordinarios para continuar. Su segundo gobierno se extendió más, desde 1835 hasta 1852, y durante su largo mandato recibió más poderes. Gracias a su astucia política mantuvo a raya a unitarios y federales, mientras lograba que le concedieran más y más poderes.

 

Mitos

 

Se ha dicho hasta al hartazgo que Rosas era un representante de la causa federal. ¡Falso! Rosas obligó a llevar la famosa divisa punzó con el lema “mueran los salvajes unitarios”. Pero a pesar de sus casi 30 años seguidos de gobierno bonaerense, se negó sistemáticamente a llevar adelante aunque sea un sólo punto del ideario federal.

En su primer gobierno, firmó el Pacto Federal (1831) en el cual Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos se comprometían a la mutua defensa y a la organización nacional creando una Constitución federal. Era una alianza para enfrentar al general unitario Paz que había organizado la Liga del Interior. La derrota de éste permitió que otras provincias se sumaran al pacto, pero nunca llegó a concretarse la parte de la organización federal.

Uno de los opositores fue Rosas, que decía que todavía no estaban dadas las condiciones. Quiroga, otro importante caudillo federal de La Rioja, murió cuando iba hacia Buenos Aires y era sabido que empezaba a haber pequeñas diferencias con Rosas ante la tardanza de la aplicación del programa del Pacto Federal. Siguiendo su política, en 1832 disolvió la comisión encargada de llamar al congreso que dictaría la Constitución[1].

Como se ve, no se puede decir que fuera federal. Por más que él se dijera federal y creara el Pacto Federal, su política fue apoyarse en los federales para combatir a los unitarios, pero sin cumplir los principales puntos del federalismo, entre ellos algo elemental: la organización de un gobierno nacional. Prefirió mantener la división existente que ponerse a la cabeza de la organización nacional, cosa que podría haber hecho.

Sumando a los mitos en torno de Rosas, está la cuestión de los aborígenes. Hoy en día muchos historiadores o políticos que quieren ser “progres” cuestionan la vigencia de Roca como uno de los héroes nacionales por sus métodos, o sea la “campaña del desierto”. Pero estos mismos se olvidan que en esta cuestión Rosas y Roca son parecidos.

Luego de terminar su primer mandato, Rosas se dedicó a sus enormes negociosos. Éstos tenían un grave problema: las continuas luchas entre caudillos habían descuidado la frontera con el indio, quien saqueaba los campos. Rosas llevó adelante una campaña contra ellos, que resultó tan efectiva que pacificó la campaña bonaerense durante décadas. Esta campaña quizás no fue tan sangrienta como la de Roca, pero no fue una expedición para conversar con los caciques. Fue una campaña militar que saqueó y mató a los aborígenes del sur de la provincia de Buenos Aires.

Pero si hay algo que se rescata de Rosas es su relación con los gauchos. Según la historia oficial, Rosas era un “amigo” de los gauchos que trabajaban en sus estancias, compartía asados, música, etc. Era un estanciero millonario, pero que se preocupó desinteresadamente por los más pobres. Esta es la visión de aquellos que quieren ver en Rosas un “filántropo” de las masas pobres.

No hay discusión de algunos actos de Rosas. Era conocido por sus reglas, por sus regalos a los gauchos que le valía ser respetado no sólo entre estancieros, sino también entre los peones y los gauchos. ¿Pero esta era una relación desinteresada? Quienes se oponen a Rosas creen que esto era una puesta en escena, pura demagogia:

“Todos cometían un gran error, porque yo considero en los hombres de este país dos cosas, lo físico y lo moral; los gobiernos cuidan mucho de esto, pero descuidan aquello, quiero decir, que se conducían muy bien para la gente ilustrada, que es lo que yo llamo lo moral, pero desprecian lo físico, pues los hombres de las clases bajas, los de la campaña, son gente de acción. (…) Me pareció pues, desde entonces muy importante conseguir una afluencia grande sobre esa clase, para contenerla, para dirigirla…”[2]

De esta carta podemos sacar su visión de aquellos “amigos”, una clase de acción (o sea no piensa) a la que hay que contener y dirigir. Había que ganarse los gauchos, pero para ser carne de cañón en las montoneras, para ser quienes pongan los muertos en las batallas de la elite estancieril y comercial. Es innegable que Rosas consiguió lo que quería para paliar los problemas en la campaña bonaerense. Los gauchos lo seguían, lo respetaban, y eso no es poco, pero tampoco podemos decir que eso sólo muestra que Rosas tenía una preocupación desinteresada o magnánima por las masas pobres.

Otro punto importante es el supuesto nacionalismo de Rosas, éste sería un héroe de la soberanía nacional por sus enfrentamientos con las potencias extranjeras. Este tema fue desarrollado en otro artículo[3], pero haremos una breve reseña.

Sin duda Rosas tuvo roces con Inglaterra y Francia, las principales fuerzas imperialistas del momento, pero nunca llegó al fondo de la cuestión. Si bien se enfrentó militarmente a ellas en un par de ocasiones, nunca cortó las relaciones comerciales ni se propuso recuperar las Islas Malvinas. Fueron sólo roces, nada más, la burguesía exportadora no quería terminar con sus propios negocios.

 

¿Qué representó Rosas?

 

Esta clase burguesa, ligada a la producción de ganado, estaba muy ligada al mercado mundial. Esta simple frase explica mucho. Rosas fue el representante de la burguesía agraria argentina, o sea los estancieros. Como representante de tal clase, la cuestión de la soberanía muestra a las claras el plan de gobierno de Rosas; lejos del federalismo su idea es que las potencias no se entrometieran en algunos de los asuntos internos, pero tampoco romper con ellas y cortar el lucrativo comercio de exportación. Pelearse sí, romper no, simplemente estar en mejor condición para negociar. Que no molesten el comercio interno, dejen que Rosas se encargue. Para más datos recordemos que Rosas se exilió en Inglaterra, a la cual llegó en un barco de esa bandera, lo cual demuestra las buenas relaciones que conservaba a pesar de los roces.

Como buen representante de los estancieros, Rosas dedicó buena parte de su gobierno y vida a combatir el principal problema de esta clase: los aborígenes. Rosas llevó adelante campañas efectivas, varias décadas antes que Roca. En honor a la verdad, también entabló negociaciones, pero no dudó en masacrar para asegurar los negocios de la frontera y apoderarse de la tierra. Pocos se acuerdan de ello.

Asegurar el comercio de Buenos Aires, el comercio de cueros y tasajo, y el control sobre la aduana; esa fue su obra. Lejos del ideario federal, no hubo Constitución, ni libre navegación de los ríos, sólo comercio libre y vacas. Rosas ayudó a poner en pie la burguesía agraria, la clase burguesa que comenzaría a manejar los hilos del país junto con la burguesía comercial. Los apologistas de Rosas prefieren ocultar una parte de su gobierno, y pensar que Rosas luchó por la soberanía, ayudó al gaucho (a quien mandó a trabajar como peón o lo usó como soldado), como buen federal es la expresión de la democracia, etc. Se mienten en muchos puntos, y prefieren olvidarse de la matanza de aborígenes, de su estadía en Inglaterra con quien supuestamente estaba enemistado, del uso demagógico que hizo de los gauchos, y demás.

Rosas no fue más que eso, un representante típico de una burguesía que quería producir y comerciar libremente, que necesitaba mano de obra y cierta libertad frente a las potencias, que necesitaba las tierras y la paz de las fronteras. No fue más que un burgués agrario que buscó que sus intereses económicos dentro y fuera de su país estuvieran bien representados.

Martiniano Rodríguez



[1] Saborido, Jorge y otros: Historia Argentina y Latinoamericana, editorial Puerto de Palos, Bs. As. 2005.

[2] Citado por Jorge Gelman en Rosas, estanciero y expansión ganadera, Bs As, Capital Intelectual, 2005.

[3] Rodriguez, Martiniano: “Rosas, ¿Verdadero defensor de la soberanía? La vuelta de obligado y su significado. En socialismo-o-barbarie.org.

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