Como es sabido, uno de los serios problemas para cualquiera que pretenda hacer un diagnóstico serio de la marcha de la economía y los indicadores sociales en este país ha sido la total distorsión de las estadísticas oficiales, como mínimo desde 2007 con la intervención del INDEC. Lo que comenzó como manipulación del índice de precios (en parte como trampita para pagar menos por los bonos actualizados por ese índice) terminó en una tierra arrasada de datos sobre los indicadores más importantes.

Así, en la Argentina no sólo no se sabe cuánto es la inflación, sino que tampoco se conoce con un mínimo de fiabilidad el índice de pobreza e indigencia, el cálculo del PBI o la verdadera cantidad de reservas disponibles en el BCRA. Y ahora que hasta el INDEK reconoce la recesión, sin embargo, nadie sabe cuál es el verdadero índice de desocupación. Hasta las estadísticas oficiales admiten que creció, lo que coincide con la percepción de todo el mundo. Lo que nadie sabe es cuánto de la realidad refleja el número oficial de desempleo: 7,9%.

Como consecuencia de este desierto estadístico, han proliferado todo tipo de mediciones de varios de los indicadores clave. Bloques parlamentarios opositores, consultoras, universidades públicas o privadas y otras instituciones intentan como pueden, con mayores o menores instrumentos (y con mayor o menor buena fe), llenar el agujero de datos. Esto ocurre no sólo cola oposición burguesa sino incluso con las agrupaciones filo K, que no tienen más remedio que admitir la falta de seriedad de las cifras oficiales.

Hecha esta aclaración, y tomando las prevenciones del caso, cabe dar cuenta de algunos estudios recientes que intentan abordar la realidad con instrumentos que no sean los anteojos rosados del INDEC. Uno de ellos es de FIEL (usina de orientación neoliberal insufrible), que analizaremos a continuación, presentado por su economista jefe, Juan Luis Bour.

 

Si baja el empleo… menos gente busca trabajo

 

Lo más interesante del estudio de FIEL, con todo, no son los datos que aporta sino los que cuestiona. Entre los primeros, considera que la industria está en recesión desde mayo de 2013, esto es, 17 meses consecutivos, lo que la convertiría en la recesión industrial más larga (no la más profunda) desde los años 70. Asimismo, calcula que la caída de la masa salarial, computando la baja del salario real frente a la inflación y la menor cantidad de empleos, ronda el 6%, al nivel de la recesión de 2009 (Ámbito Financiero, 21-11-14).

Estos datos no parecen muy fuera de lugar, pero, como decíamos, lo más jugoso es la crítica a los resultados que obtiene el INDEC en su medición de la desocupación. La cuestión es algo técnica, pero vale la pena sumergirse en el tema.

Para FIEL, el INDEC logra una tasa de desempleo que no sube, o no sube mucho, recurriendo al siguiente mecanismo: cuando cae el empleo privado, al mismo tiempo, según el ente oficial, cae el porcentaje de la población que busca trabajo (la llamada población económicamente activa, o PEA). Y esto significa que si el empleo total baja, pero la cantidad de personas que buscan empleo, o PEA, también baja en la misma proporción, el índice de desempleo no sube, sino que se mantiene constante. Según FIEL, esta correlación a la baja de ambas variables se da sistemáticamente en las mediciones del INDEC del último año (justo cuando empezó la recesión), y eso explica que el índice oficial de desocupación se haya movido muy poco (ídem).

Ahora bien, lo que suele suceder en todas las crisis recesivas es lo opuesto, como sabe cualquiera que las haya vivido: cuando baja la cantidad de empleos, y algún miembro de la familia pierde el trabajo, aparecen más miembros de la familia, que antes no trabajaban, dispuestos a ingresar al mercado laboral. Dicho rápidamente: el comportamiento lógico (y habitual) es que cuando crece la desocupación, la PEA no baja sino que sube, es decir, lo contrario de lo que mide el INDEC.

Este comportamiento extraño da lugar a dos especulaciones. Una: los números del INDEC son una truchada, en realidad la PEA sube en vez de bajar, y por lo tanto el índice de desocupación real debería rondar el 11-12%, en vez del púdico 7,9% oficial. Dos: las cifras del INDEC no están mal, la PEA de verdad baja y la explicación pasa por otro lado.

Siempre según el estudio de FIEL (que deja abierta la cuestión), esa explicación puede estar en el aumento de planes sociales, en particular en las mujeres jóvenes. Antes de que los esbirros K nos salten a la yugular, veamos lo que dice el INDEC: en el Gran Buenos Aires, la tasa de actividad justamente entre las mujeres jóvenes cayó del 51% en 2004 a menos del 40% en 2014. Ese descenso no puede explicarse por caída de la actividad, y es difícil aceptar que haya habido una recomposición salarial tan grande en trabajadores varones como para convencer a tantas mujeres de que no necesitan trabajar.

La hipótesis de FIEL es que la extensión de los planes sociales de diverso tipo saca del mercado laboral (y por ende de la PEA) a toda una franja de beneficiarios de subsidios, a la vez que otra franja se computa, estadísticamente, como “ocupada”, aunque en realidad también recibe subsidios. De esta manera, aparece un nuevo factor maquillador del índice de desempleo: los desocupados con subsidios, disfrazados, a los fines estadísticos, de personas con empleo.

Un último dato: si se suman los empleos informales (en negro) y los empleos estatales (incluidos los “empleos-subsidio”), representan el 64% de la fuerza laboral, mientras que los asalariados del sector privado son el 36% restante. Esta proporción es más desfavorable a los trabajadores formales del sector privado (los más productivos) que hace 20 años, lo que FIEL considera, a nuestro juicio con razón, como un reflejo de la pérdida de competitividad de la economía en su conjunto.

En suma, se trate de manipulación por el lado de medir mal la PEA, o de manipulación por el lado de contar como ocupados a desocupados con subsidio, o (lo más probable), de una combinación de ambas cosas, el resultado es indudable: la tasa de desempleo en Argentina es bastante más de la que dicen las estadísticas oficiales, casi seguramente de dos dígitos. Y en el marco de la actual recesión, debería estar de nuevo en la agenda de las organizaciones obreras.

Marcelo Yunes

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