El Adiós al Negro Oscar



Es el primer día en muchos años que no puedo compartir con el Negro Oscar nuestros comentarios sobre la actividad de este día: su despedida.
Con este dolor que me golpea el pecho, sí quiero transmitirles mis impresiones y vivencias a los compañeros del partido, de la corriente SoB, a los lectores de nuestra prensa, a los compañeros de la nueva generación juvenil y obrera que están haciendo sus primeras experiencias en la pelea contra el gobierno, la patronal y la burocracia.
Creo que su despedida reflejó en su conjunto y casi como un calco lo que fue su vida militante. Estuvieron los compañeros de la “vieja guardia”, los de San Luis, de Santa Cruz, de Sanidad, de la nueva generación partidaria, los compañeros de otras corrientes, los que fueron militantes en años anteriores. Expresaron con su presencia, su dolor y su apoyo, las peleas en la lucha de clases, las peleas políticas y las etapas de construcción partidaria por las que el Negro atravesó.
Las atravesó siempre tratando de superarse y buscando nuevos vínculos con las nuevas generaciones. Y los supo establecer, creo yo, no sólo porque fue actor del proceso de los 70, sino porque además nunca fue a dar “cátedra de iluminado” (aunque era firme en sus ideas) sino a tratar de escuchar y comprender sus inquietudes y actual proceso político.
Pero nunca despreció ni olvidó a aquellos que “le abrieron la cabeza”, lo hicieron estudiar marxismo, a los que compartieron con él los primeros años de su militancia, aunque ahora hayan tomado otros rumbos políticos. Por eso creo que su despedida fue justa y acompañó su modo de pensar y entender la vida revolucionaria, llena de contratiempos y bifurcaciones inesperadas. Lo reflejaron la presencia de Vilma, joven enfermera militante en el Villazo; Laura, presa política durante la dictadura y otros compañeros y amigos que estuvieron o nos hicieron llegar sus saludos.
También las ausencias, por la negativa, reflejaron su trayectoria. Las de aquellos que el Negro despreciaba porque, habiendo cambiado de rumbo, no respetaban a los que seguían militando por el socialismo revolucionario y trataban de avanzar y superarse.
Tu despedida fue de dolor y de un grito de lucha, que creo que al Negro le hubiera gustado. Porque si hay algo que él nunca dejó de hacer, aunque estuviera jadeando, fue de pelear.
Por su dedicación sostenida a la lucha revolucionaria y por su confianza y apuesta a que las nuevas generaciones avancen y “pasen por arriba” a las anteriores, le dedico estas líneas y lo acompaño en la apuesta.

Ana Vazquez

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