Por Luis Bermúdez


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El balance de la izquierda en el 2014

 

Entre las corrientes de la izquierda han comenzado a aparecer balances de lo actuado en el año. Esto tiene su importancia porque este 2014 ha sido un año movido, marcado por la primera devaluación de la moneda en una década, así como un fuerte ajuste económico que ha deteriorado el nivel de vida.

Finalizando el año, sin embargo, las cosas aparecen más “calmadas”, y esto es así, en gran medida, no porque se hayan solucionado los problemas económicos subyacentes, sino por una serie de circunstancias que han limitado los alcances de una crisis potencialmente desestabilizadora de la gobernabilidad; entre ellas, la capacidad del gobierno de retener la iniciativa política.

En lo que sigue nos dedicaremos a una crítica general a la política del PO, el PTS y el FIT, que en su actuación a lo largo del año estuvieron mayormente a la zaga de los acontecimientos; un rasgo marcado por nuestros clásicos como característico del oportunismo en política revolucionaria.

 

El tiempo abstracto del calendario electoral

 

La actitud general del PO a lo largo del 2014 podría caracterizarse con el título que antecede esta parte de la nota: la adaptación a los tiempos del calendario electoral.

Los tiempos en política pueden ser abordados de dos maneras muy diferentes. Una, aquella donde los partidos ajustan su accionar a la repetición monótona de una elección tras otra. Es cierto que esta temporalidad tiene su peso sobre la realidad, sobre todo cuando las principales formaciones patronales y el régimen como un todo imponen la idea de que la representación política se constituye de esta manera y pautan su accionar alrededor de elecciones cada dos años. Y no se trata solamente de los partidos políticos: los sindicatos burocratizados actúan de igual manera, intentando regular la conflictividad social adecuándose al calendario electoral: que no se desborde ni se dé lugar a la idea de que los cambios generales pueden ocurrir de manera que no sea votando en las elecciones.

¿Por qué consideramos abstracta esta apreciación de los tiempos políticos que estamos considerando? Porque se pretende que nada afecte el curso “normal” de las cosas, que la acción directa en el terreno de lucha cotidiana de los explotados y oprimidos sea todo lo parcial posible para no afectar al curso habitual de las cosas, que indica que las modificaciones de fondo sólo podrían llevarse a cabo con las elecciones.

El problema de la adaptación en la izquierda a este orden de cosas es cuando adapta su comportamiento a esta manera de organizar el tiempo político. Es evidente que en determinadas circunstancias los hechos se imponen y sería infantil no tenerlos en cuenta a la hora de nuestra actividad. Cuando el curso electoral se impone, de lo que se trata es de lanzarse de lleno a la liza electoral y aprovechar las brechas que abre; no hacerlo de manera consecuente sería un comportamiento infantil. 

Pero el curso lineal del calendario electoral se enfrenta a otra temporalidad: la que emerge desde la lucha directa entre las clases. En ningún lugar está escrito que la temporalidad electoral se imponga. Los tiempos  no lineales, no mecánicos, de la lucha de clases son tales que un determinado conflicto sindical, democrático o del orden que sea, si logra extenderse a más amplios sectores, si logra arrastrar a otros trabajadores del mismo gremio, si sale triunfante, si logra un efecto imitación entre otras franjas de la clase obrera y sectores populares, puede dar lugar a una modificación en las relaciones de fuerza que dé al trasto con todos los planes de las autoridades gubernamentales.

Esto último es así, sobre todo, en oportunidad de grandes crisis que por su propia naturaleza crean las condiciones para que la acción de las clases sociales cambie el curso de las cosas, por ejemplo, haciendo saltar por los aires el calendario electoral.

Luego de esta reflexión general, podemos señalar que algo así es lo que le pasó al PO a lo largo del 2014: pareció abordar con parsimonia y rutinarismo la pelea planteada para el conjunto de los trabajadores: la lucha contra el ajuste K. Es verdad que participó con fuerza en el importantísimo conflicto salarial del SUTEBA entre marzo y abril, sector donde este partido tiene cierto peso y acumulación (de más está decir que el conflicto lo dirigió la Celeste y no el PO como pretendió sugerir en varias oportunidades). Sin embargo, estuvo totalmente ausente de la pelea en Gestamp, y si apareció en Lear, no lo hizo con responsabilidades dirigentes.

Es verdad que el PO está a la cabeza de un frente electoral de la izquierda que para los estándares habituales tienen un importante caudal electoral y representación parlamentaria, que se podrían ratificar o ampliar en las próximas elecciones. Es una conquista nada menor para seguir trabajando por ampliar la influencia de la izquierda revolucionaria a más amplios sectores que los habituales.

Pero esto no significa que, entonces, todos sus esfuerzos deban dirigirse a multiplicar esta representación como un fin en sí mismo, sino, por el contrario, sin perderla ni desconocer su importancia (y las tareas que esto implica), a direccionarla para ir con redoblada fuerza hacia la lucha de clases cotidiana.

No es esto lo que hizo el PO: desde que terminaron las elecciones en octubre pasado (2013), su única verdadera perspectiva fue prepararse para las presidenciales que estaban por delante (¡a dos años vista!), y cuando se volcó a la “lucha de clases” lo hizo por el expediente de un frente único por arriba con la burocracia michelista de la CTA, que llevó a término dos movilizaciones en el año rutinarias que no movieron el amperímetro.[1]

 

PTS: la paja en el ojo ajeno

 

El PTS se regodea en sus textos con algunas críticas similares, como que el PO no fue protagonista ni en Lear ni en Gestamp, o que tomó de manera rutinaria la participación en los piquetes del principal paro general del año, el del 10 de abril, También señala la incorrecta orientación del frente único por arriba con el michelismo.

Pero cuando hace esto, el PTS busca la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, porque no da cuenta de sus propias inercias a lo largo del año, que tienen otra fuente pero no son menos graves.

Vamos a señalar tres: no partir nunca en su política de la pelea contra el ajuste K, su política para los conflictos de Gestamp y Lear y su cerrada negativa a convocar un nuevo encuentro obrero cuando había que hacerlo. ¿Cuál es el hilo conductor de este comportamiento? Una forma de hacer política que pierde de vista, también, los tiempos políticos; que no comprende que lo son todo en la política revolucionaria y que cuando se los deja pasar se pierde la oportunidad de imponerse.  

Cuando la devaluación y el ajuste que le siguió el PTS no se plantó como eje de su política en la lucha contra sus consecuencias. El FIT en su conjunto rengueó todo el año detrás de los acontecimientos, justamente a comenzar por la devaluación y el ajuste. Desde nuestro partido ya en enero le planteamos públicamente al FIT la necesidad de una acción conjunta, planteando que había que buscar todos los medios para frenar este manotazo antiobrero; el PTS nunca tomó el ajuste como eje y se dedicó a una campaña por los presos de Las Heras.

Desde ya que la pelea porque los compañeros no fueran presos era (y es) muy importante. Pero esta campaña acabó luego sin pena ni gloria, y sirvió como excusa para que el PTS no ordenara nunca su política alrededor de la pelea contra el ajuste, que atañe al conjunto de los trabajadores del país, colaborando así por omisión a que no se tomara consciencia de la gravedad del tema.

Posteriormente, vino la coyuntura de Lear y Gestamp. Aquí también el PTS manejó mal los tiempos. Hemos señalado nuestra crítica al legalismo de su accionar y su cerrada negativa cuando la ocupación parcial de Gestamp: la gesta del puente grúa se demoró varias semanas por su cerrada negativa a intentar la ocupación de la planta para pelearla desde adentro. En el caso de Lear es historia sabida: el PTS no valoró esta posibilidad como último recurso aun al costo de perder la base de la planta. Ha mantenido, es verdad, una campaña constante sobre la planta con fuerte impacto mediático, pero no ha logrado revertir la derrota que significó la destitución fraudulenta de los delegados meses atrás.

La cuestión aquí es que se dejó pasar el momento en que había que ir hasta el final en la lucha, y no hay campaña política posterior que pueda resolver eso, con el agravante de que el momento de sacar las enseñanzas de la lucha se posterga una y otra vez.

Paralelamente a estos desarrollos, y aunque ahora el PTS se llena la boca con el “método del 1º de Mayo” y con total caradurismo diga que el acto del 1º pasado se logró “derrotando la política del Nuevo MAS” (¡la política por un acto unificado el 1º fue de nuestro partido, como fue público y comprobable siguiendo la prensa!), la verdad es que en conjunto con IS fueron cómplices en dejar pasar el momento para una nueva convocatoria cuando esto era más necesario que nunca, cuando peleas como Gestamp y Lear quedaban aisladas y Moyano le daba largas al asunto a convocar un nuevo paro general.

El PTS se negó rotundamente a convocar a un nuevo encuentro en junio o julio porque lo suyo era el ultimatismo habitual del “vengan al pie” a lo que resuelva Lear, en vez de ampliar la base de sustentación de la lucha.

Si el PO se basó todo el año en el frente único por arriba con el michelismo, el ultimatismo del PTS del “vengan al pie” (o de los “encuentros” en solitario en la puerta de Donnelley) no son ninguna alternativa consecuente; no le mueven un pelo a nadie. 

 

El balance del Nuevo MAS

 

Esto nos lleva a la lamentable conclusión que el PO y el PTS pretenden esconder: que todo el año dejaron pasar los tiempos políticos impidiendo que la vanguardia diera pasos que, quizá, podrían haber contribuido a algún matiz en los resultados de la lucha.

Cuando a comienzos del año se dedicaron a la campaña por los petroleros de Las Heras y en oportunidad del acto en febrero en Plaza de Mayo, ninguno de sus oradores (Pitrola, Castillo) destacó el ajuste que se había puesto en marcha. Posteriormente, cuando los dos paros generales, el FIT no emitió declaración alguna. Además, si el PO hizo la “plancha” todo el año no volcándose realmente a las peleas en curso (salvo la del gremio docente), el PTS se dedicó a mirarse el ombligo con un ultimatismo que no fue hasta el final en la pelea, llevando adelante las medidas que se debían llevar.

Así las cosas, ambos partidos mostraron determinada inercia frente a los acontecimientos, algo que no caracterizó a nuestro partido. Desde el día uno de la devaluación salimos a plantear la necesidad de una acción política en conjunto para repudiarla; señalamos que no se podía dejar pasar porque era un hecho muy grave, algo que no debía ser abordado de manera rutinaria, aunque fuese verano.

Posteriormente empujamos con fuerza el Encuentro de Atlanta (una iniciativa de IS que enseguida nos dispusimos a apoyar) y allí planteamos la necesidad de que su eje fuera puesto en la lucha contra el ajuste, la exigencia de un paro general y la realización de un 1º de Mayo unificado de la izquierda clasista. Es verdad que impulsamos la votación de un acto así en Atlanta, y que esa votación fue rechazada por el PTS e IS. Lo que no es verdad es que buscáramos que de ese acto no participe el PO: eso es una flagrante mentira y una redonda idiotez. Sólo nos interesaba condicionar al FIT para llevar adelante una acción así; no quedar atrapados en las redes de su permanente pretensión de reducir todo lo que pasa en la vanguardia a un epifenómeno de sus internas de mini aparatos. La historia posterior es conocida: logramos un importante triunfo político cuando el acto se concretó.

Luego, cuando el conflicto de Gestamp, se realizó un nutrido encuentro regional en la zona norte cuyo eje fue esta pelea. Aquí hay una nota de color que desmiente el “relato” del PTS de “su defensa del método del 1º  de Mayo”: junto con IS hicieron mil y una maniobras para que el SUTNA San Fernando y el PO no participaran de dicho encuentro, más allá de lo ya conocido, que se negaron a convocar a todo encuentro a mediados de año. Nuestra posición fue, invariablemente, la misma: la insistencia en la necesidad de nuevo encuentro y en el planteo de que debía ser unificado entre ambos espacios (Atlanta y SUTNA). 

Por otra parte, cuando el apogeo de la pelea en Lear y luego del inmenso esfuerzo que nos demandó Gestamp, fuimos una de las tres corrientes volcadas sistemáticamente al apoyo del conflicto (junto con el PTS, que tuvo su dirección, y el PO, que se volcó al apoyo a Lear como no lo hizo en Gestamp), insistiendo una y otra vez en el planteo de que no se podía ganar sólo desde afuera.

Sin descuidar ni un minuto nuestra pelea por la legalidad nacional partidaria –que nos insumió enormes esfuerzos y cuya conquista estaría por concretarse en los próximos días–, nuestro partido trató a lo largo de todo el año de no quedar por detrás de los acontecimientos; siendo de menor tamaño que el PO y el PTS, fuimos protagonistas de una de las dos peleas más importantes del año.

Estamos orgullosos, así, de nuestro balance en lo que hace a la lucha de clases de este año, sin olvidarnos aquí de la proyección nacional de nuestra agrupación de mujeres Las Rojas, cimentada principalmente alrededor de su lucha militante en las calles, aunque también por haber planteado la pelea por el derecho al aborto y contra la violencia hacia las mujeres en la palestra político-electoral en las elecciones de 2013.

Con esta balance en la mano es que llamamos a todos los nuevos compañeros y compañeras, obreros y estudiantes que se están acercando a nuestro partido, a sumarse a nuestra organización para enfrentar juntos los enormes desafíos que están por delante en 2015 y que plantean una profundización en la construcción de la izquierda revolucionaria en nuestro país en el próximo periodo. En primer lugar, los invitamos a participar del acto que realizaremos el sábado 6 de diciembre.

[1] Esto no fue óbice para las caracterizaciones siempre “ultra revolucionarias” con las que se mueve el PO, como que se venía un “Cordobazo”, o planteos que rayan el oportunismo más craso, como estar en contra de plantear siquiera la posibilidad de la salida anticipada de Cristina, caracterizada invariablemente como un intento “golpista”. Ninguna de estas perspectivas se concretó, pero no importa: en el PO es característico algo que ocurría en el viejo MAS: confundir la caracterización con la política, creer que la primera es la que manda, cuando es al revés, siempre manda la política.

 

 

 

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