Finalizó el “Juicio de los Obreros” –

 

 

El 7 de octubre pasado finalizó el “Juicio de los Obreros” después de tres meses de audiencias, a cargo del Tribunal Oral N° 1 de San Martín.

Este juicio abarcó la denuncia por la desaparición y asesinato de 33 trabajadores de la Zona Norte del Gran Buenos Aires. Si bien quedaron afuera secuestros ocurridos en empresas “claves” del terrorismo de Estado como la Ford, estuvo presente con fuerza la represión a delegados y luchadores, así como sus familiares de las cerámicas Lozadur y Cattáneo y de los astilleros Mestrina y Astarsa.

Fue, tal vez, el juicio con más impronta obrera, porque allí se revivió, en toda su tragedia, condensada en esas cuatro paredes, a través de testimonios históricos, lo que fue la represión de la dictadura de Videla dentro de las fábricas.

Con camiones blindados, helicópteros, armas largas, los milicos las asaltaron para sacar de allí a los mejores luchadores que había dado el movimiento obrero en esos años. Arrasaron con ellos para borrar la memoria de una generación que había cuestionado el poder desde el lugar en que la burguesía lo produce. A los que, como dijo el testigo Carlos Leguizamón, que trabajó en Cattáneo entre 1970 y 1977, donde era delegado y militante de la Juventud Trabajadora Peronista: “‘Cualquier persona común, cuando escucha todo esto, se da cuenta de la complicidad civil en estos crímenes, de que hubo listas hechas por empresarios con el Ejército, pero los poderosos todavía están en sus casas.’ Me gustaría, dijo, ‘reivindicar en este momento a cada compañero y su lucha. No es verdad que luchábamos sólo por mejores salarios: queríamos cambiar el mundo y eso es lo que no nos perdonan’”.  (Página 12, 8/10/14)

 

Gritos de bronca recorrieron la sala

 

Fueron sentenciados nuevamente Reynaldo Bignone a 23 años de prisión (que ya acumula cuatro condenas, una de ellas a perpetua) y Santiago Omar Riveros, ex jefe de Institutos Militares de Campo de Mayo, a prisión perpetua (ya condenado a 25 años y seis meses de prisión y también con la misma pena en otras causas).

También otros cuatro militares recibieron condenas de entre 9 y 17 años de reclusión.

Fueron absueltos tres prefectos a pesar de la abundante prueba documental de los años 80 acompañada sobre su responsabilidad en la represión, que fue anulada por los jueces.

Sobre los civiles (las patronales y sus buchones), a los cuales las querellas habían pedido que se iniciara una investigación, aportando datos y pruebas concretas… quedó para las “calendas griegas”. Habrá una recomendación general del Tribunal para que alguna vez se lleve adelante.

En este punto fue aportada información clave de la complicidad empresarial a través de documentación desclasificada de la misma embajada de Estados Unidos, que había sido pedida en su momento por el Departamento de Derechos Humanos del Departamento de Estado, bajo la administración del ex presidente Carter.

Las absoluciones y esta investigación nuevamente mandada al “limbo”, a pesar de la satisfacción por las condenas logradas, despertó la bronca de familiares y querellantes.

Durante la lectura de la sentencia, primero se escucharon aplausos, luego un profundo silencio. Al silencio le siguió el grito de la esposa de uno de los ex trabajadores de Cattáneo. Los presentes lo acompañaron con un “como a los nazis les va a pasar…”.  Otra familiar irrumpió con gritos de: “asesinos, torturadores…”.

El andamiaje político y judicial de este régimen capitalista sigue encubriendo a los principales responsables empresariales. En este momento también se está desarrollando un juicio a jerarcas militares que participaron de la represión  en Olavarría. Allí también las conexiones civiles con el poder político y empresarial de la zona saltan a la luz del día, ventiladas aún más con la restitución de la identidad de Ignacio Carlotto. Otros juicios, como el de los directivos de Ford, están en el freezer.

Como ellos, que no perdonaron a los que lucharon por cambiar el mundo, nosotros no les perdonamos que nos hayan arrebatado, a través del asesinato de estos y muchos otros compañeros, la memoria de una generación que, con sus límites y debilidades, nos dejó enseñanzas de un valor ideológico y humano inmensas.

Por eso no bajaremos los brazos. Para que no sigan más tranquilos en sus casas, para que la pelea continúe hasta que ellos también sean juzgados. Para que dejen de secuestrar y amenazar a víctimas sobrevivientes, testigos y luchadores, como lo ha hecho a cara descubierta Miguel Etchecolatz en el juicio de La Cacha.

Para recuperar, para los trabajadores y la juventud, los valores de la lucha por el clasismo y el socialismo.

 

Ana Vázquez

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