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En los últimos días la crisis económica se ha profundizado. Esto está ocurriendo conforme se va consolidando el default selectivo de la deuda externa y los actores económicos se percatan que no llegará financiamiento externo, todo esto en medio de una situación de extrema escasez de divisas. Detrás de la escalada del dólar paralelo, se produce un respingo en la inflación y vuelve el interrogante acerca de si sobrevendrá una nueva gran devaluación antes de fin de año. Paralelamente, la recesión se profundiza y su impacto se hace sentir en la crisis industrial: las terminales automotrices anunciaron suspensiones masivas, lo mismo que acaba de hacer público el gremio del neumático. Como si esto fuera poco, crecen los despidos incluso llegándose al caso de algún cierre de planta.

 

En medio de esta realidad, Cristina ensaya recuperar elementos de arbitraje de los conflictos económicos y sociales amparándose en la renovada popularidad -¿por cuánto tiempo?- que le ha dado su enfrentamiento con los buitres. De ahí que se la haya escuchado repartiendo palos a diestra y siniestra contra el “terrorismo económico” de la ex patronal de Donnelley, o señalando que lo de Lear se reduce a “un conflicto ínter-gremial”.

Llevar a cabo tal arbitraje, en épocas de vacas flacas, no es nada fácil. Lo más probable es que, a la postre, dicho arbitraje fracase y se ponga a la hora del día –como ya está ocurriendo- un escenario de cierta polarización con desbordes -o “rebeldías”- por derecha e izquierda. Ver, así, las renovadas dificultades del oficialismo imponer sus proyectos de ley o, por oposición, la emergencia de una coyuntura de duros conflictos obreros con protagonismo de la izquierda.

Este enésimo intento de arbitraje k puede terminar generando una nueva coyuntura crítica. Esto en la medida que la situación económica no se alivie, dándose así por tierra con los planes de todos los actores políticos que ponen todas sus fichas en que, en definitiva, “no pasa nada” y que la vía ya está expedita hacia la coyuntura electoral, opinión que no compartimos.

Como para desmentir esto se puede colocar el nuevo paro general que ha trascendido para el jueves 28, que si bien Moyano seguramente pretenderá nuevamente dominguero, hay que pelear a brazo partido desde la izquierda porque sea activo y tomado en sus manos por la mayor parte de la base.

 

Un postrero intento de arbitraje condenado al fracaso

 

Como venimos señalando, el gobierno recuperó popularidad en la pelea con los fondos buitres. Esto lo está intentando utilizar Cristina para retomar la iniciativa política y arbitrar los conflictos sociales que genera la crisis económica creciente. Pero es precisamente esa crisis económica que se va haciendo cada vez más grave la que marca los límites de ese arbitraje y el interrogante acerca de sus alcances. Pasa que a diferencia de otros momentos donde el kirchnerismo cumplió este papel, hoy la situación económica no está como para tirar manteca al techo.

La recesión se profundiza, crecen las suspensiones y los despidos. Y el no arreglo con los hold-out mete presión en esta situación de deterioro económico. No hay plata. Los dólares del Banco Central son escasos. El superávit comercial tiende a reducirse. Además, el déficit del estado crece: se gasta más de lo que ingresa. También crece la inflación, con lo cual el recurso a darle a la maquinita de imprimir billetes se agota, aunque este en plano uso acicateando a su vez, aun más, el aumento de los precios.

Esto es lo que le pone límites muy estrictos a este poder de arbitraje, más allá de la señalada recuperación de popularidad. Arbitraje que quiere decir decidir cuanto le toca a cada uno, a qué actor económico beneficiar y cual no, ceder aquí, apretar allá.

Pero cuando la capacidad de arbitraje es limitada, entonces llegan los desbordes. Ejemplos al canto: el gobierno está intentando hacer pasar por el Congreso una nueva “Ley de abastecimientos” que pretende una mayor regulación de los precios de los productos. Sin embargo, la oposición  patronal a coro junto con la UIA (Unión Industrial Argentina), ha puesto el grito en el cielo plantándose en contra cual como si se vendría otra “gesta de la 125” (por el intento fallido del gobierno de elevar las alícuotas de las retenciones a la producción agraria)[1].

Además, también le está resultando fallido el intento de aplicar la llamada “Ley antiterrorista”, que no solamente es cuestionada por las patronales para el caso de Donnelley (¡como se va a tratar de “terroristas” a “pobres empresarios” que cierran una planta porque, supuestamente, pierden plata dejando a cientos de familias en la calle!), sino desde la izquierda por todos los elementos que por elevación tiene de potencial criminalización de las luchas.

Pero al cuestionamiento de los empresarios por cualquier medida que pretenda limitar en algo el sacrosanto libre mercado, se le viene a sumar -desde la otra punta del arco social- el desborde por la izquierda en el terreno de las luchas. Se vive una coyuntura de durísimas peleas obreras, coyuntura inaugurada en gran medida por la histórica lucha de Gestamp. En las últimas semanas ha estado en el centro Lear, así como se le vino a sumar la puesta en producción de Donnelley por sus trabajadores bajo la cobertura legal de la conciliación obligatoria.

Esto no quiere decir que se trate de luchas sencillas. Está visto en el caso de Lear como la Verde (de la mano del Ministerio de Trabajo) y la empresa pasaron a la contraofensiva destituyendo en una asamblea –trucha- al conjunto de la interna combativa. La pelea en Lear entra en otro momento, cuestión a la que nos referimos en otras páginas de esta misma edición.

De cualquier manera, son otras tantas muestras de las dificultades que tendrá Cristina para dominar una coyuntura dónde a pesar de su recobrada popularidad, la crisis se profundiza.

Y es ahí donde se viene a instalar el enésimo capítulo de la pelea con los fondos buitre. La nueva iniciativa del gobierno es ensayar una apertura del canje para que entren los holdouts (un 7% del total de los acreedores) y un cambio en la jurisdicción de los bonos de la deuda para que Griesa no pueda inhibirlos: se buscaría efectuar los pagos en el país (ver nota en esta misma edición). No se sabe aun qué resultado podrá tener esta jugada. Menos que menos, si los distintos tenedores de deuda aceptarán este cambio de jurisdicción.

En todo caso, una cosa está clara. Amén de la voluntad del gobierno de pagarle a los buitres, conforme pasan los días crece el nerviosismo entre el empresariado por un arreglo que no llega y actúa de manera persistente deteriorando aun más el entorno económico.

 

El 28, jugarse con todo por un paro activo nacional

 

Por elevación, está también el llamado de atención a los dirigentes sindicales. No solamente a los del oficialismo, sino a Moyano, que venía deshojando la margarita en relación a cuando concretar el paro general, y al que parece no parecen haberle hecho mucha mella los llamados de Cristina a la “prudencia” en medio de su gesta de “patria o buitres”.

¿Cómo explicar este anuncio de nuevo paro general? La realidad es que Moyano se encuentra, en cierto modo, entre dos fuegos. Por un lado, está presionado por la oposición patronal para no mandarse ninguna “locura”: no tomar una medida de fuerza que desate una lucha más de conjunto, que ponga en riesgo de alguna manera el encaminamiento de la situación nacional hacia las elecciones. De ahí que le haya dado largas al asunto aprovechando la coyuntura del Mundial para no convocar a nada, y que recién ahora vuelva al ruedo con una nueva convocatoria que intentará ser dominguera.

Pero, al mismo tiempo, también es verdad que si Moyano quiere cuidar su pose de “combativo”, está el problema de la presión que viene desde abajo, del descontento de los trabajadores. Y, sobre todo, de las luchas de vanguardia que está protagonizando la izquierda.

Cómo conciliar ambas determinaciones, ese es el problema y no es tan sencillo. En todo caso, se reduce a algún tipo de “operativo” parecido a cuando el paro del 10 de abril, que quirúrgicamente fue convocado en una fecha que no coincidiera con la histórica pelea de los docentes de la provincia de Buenos Aires. Ahora, en el fondo, y más allá de las poses, es igual: Moyano venía postergando toda decisión a la espera que conflictos como el de Lear fueran “resueltos” (más allá de manifestar su “solidaridad” con él) de manera tal de poder él ocupar toda la escena y no sufrir desbordes.

En cualquier caso, el paro del próximo jueves 28 parece ser un hecho. La izquierda debe jugarse entera para transformarlo en una jornada activa, con presencia de los conflictos en curso y, también, con fuerte protagonismo político de la militancia en los piquetes buscando repetir, de manera corregida y aumentada, la experiencia del pasado 10 de abril. La joven militancia de nuestro partido en conjunto con los compañeros de Gestamp, Lear, Fate, Donnelley, Honda, Firestone y tantas otras fábricas de importancia se jugará entera para hacer del paro del 28 una jornada activa que tenga continuidad.

 

Sacar las lecciones estratégicas de las luchas en curso

 

No solamente entre los de arriba se observan cavilaciones acerca de cómo encauzar las cosas. También la izquierda está en una coyuntura de indecisiones, de iniciativas cruzadas, de cierta desorientación. Podríamos decir que conviven dos abordajes opuestos sobre los desarrollos de la situación nacional. Están por un lado algunas de las fuerzas del FIT (amén de la centroizquierda), que de alguna manera ya han enderezado el barco hacia las elecciones del 2015. Se trata de una orientación conservadora que, en el fondo, hace como si nada pasara, como si no se estaría procesando una experiencia estratégica entre la amplia vanguardia obrera.

Pero estamos también las corrientes que como nuestro partido opinamos que esto no es así, que no está dicha la última palabra en esta coyuntura de luchas históricas protagonizadas por la izquierda.

Si el alza expresada por Gestamp y Lear en el gremio mecánico, quizás, coyunturalmente, ha pasado su pico, de todas maneras se vienen suspensiones masivas en las grandes terminales y en el neumático, gremio en el cual convive la burocracia k de Pedro Wasiejko con la ejecutiva independiente del SUTNA San Fernando y la enorme experiencia de FATE. ¿Qué pasará con estas suspensiones? ¿Derivarán también en despidos que supongan el desencadenamiento de una lucha en regla? Son otros tantos interrogantes de una coyuntura que ha venido sumando elementos de polarización y que no está cerrada.

Esto atañe, también, a la estrategia de la izquierda. Son tareas de la hora sacar las lecciones de luchas heroicas como la de Gestamp y Lear, así como redoblar la apuesta por un gran Encuentro Nacional del sindicalismo combativo unificado con los compañeros del SUTNA San Fernando para dar un cause desde la clase obrera al eventual “descarrilamiento” de la coyuntura nacional. No es todavía la hora de andar anunciando candidaturas presidenciales.

 

 

[1] Fue divertido en este sentido escuchar al “socialista” Binner señalar que su partido “cree en la mano invisible del mercado, que es la que siempre ha solucionado las cosas y asegurado la marcha de la historia”…

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