El 2014 viene siendo el año del ajuste económico más brutal en más de una década. Ante una economía empobrecida, con escasez de dólares, frente al vencimiento de varios pagos de la deuda y los reclamos de los fondos buitre, el gobierno K y toda la oposición de derecha han tomado una clara decisión: intentar descargar el costo de la crisis sobre los trabajadores, los estudiantes y demás sectores populares.

Contra el devaluado “relato” progresista de Cristina y sus funcionarios se ha estrellado la realidad. El año comenzó con una fuerte devaluación que licuó los salarios (todos los precios aceleraron su subida… menos los ingresos de los trabajadores). Inmediatamente, la respuesta se hizo sentir: una histórica huelga docente de 17 días en la Provincia de Buenos Aires y en casi todo el resto del país arrancó un aumento salarial de alrededor del 30%, algunos puntos por encima de la propuesta oficial. Sin embargo, ante el incumplimiento y atraso de este aumento, los maestros se organizan nuevamente para retomar la lucha en esta segunda mitad del año, al igual que los docentes universitarios. Pero el principal dato en los últimos meses ha sido la recesión en la industria. Su sector más concentrado, las fábricas de autopartes y terminales automotrices (todas ellas multinacionales) inició una ola de suspensiones y despidos que afectan a más de 15.000 trabajadores, según las palabras del propio sindicato (SMATA) alineado incondicionalmente al kirchnerismo. Casos como el de Gestamp y Lear, además de la EmFer y recientemente el intento de cierre de la gráfica Donnelley (que fue ocupada y puesta en marcha por sus propios trabajadores contra el vaciamiento) empiezan a abrir el camino que hay que seguir para enfrentar este ataque de los patrones y su gobierno. Este ataque, que incluye también el intento confeso de “limpiar las fábricas de zurdos” como declaró el burócrata Pignanelli, está puesto en función de normalizar el país, recomponer las ganancias empresarias y pagar la deuda –incluso a los buitres, cuestión que el Gobierno con Kicillof a la cabeza se encuentra negociando a pesar de su alharaca “patriótica”.

Desde el Nuevo MAS bregamos por la unidad del movimiento estudiantil con los trabajadores, y ponemos en discusión la necesidad de realizar una gran marcha nacional a Plaza de Mayo, encabezada por Lear, Donnelley y todos los sectores en lucha, para frenar las suspensiones y despidos, por el no pago de la deuda externa y para exigirle a las centrales sindicales el paro nacional activo de 36 horas por el triunfo de todas las luchas.

 

¿Y por Exactas como andamos?

 

Este ajuste también nos afecta a los estudiantes. Frente a una inflación proyectada de hasta el 40%, la UBA recibió un aumento de miseria en torno al 17%. Sumado a los magros aumentos de años anteriores, el desfinanciamiento de nuestra Universidad es un hecho incontrastable y visible en los edificios que se caen a pedazos, las carreras vaciadas para que sectores empresariales obtengan ganancia, los negocios privados (fotocopiadoras y comedores) dentro de las facultades y un largo etcétera. El rector Barbieri y todos los decanos, incluido Reboreda en Exactas, sacan una millonaria tajada de esta situación.

Estos negociados están garantizados por el mecanismo antidemocrático de gobierno de la Universidad. Cada cuatro años, las camarillas kirchneristas, radicales, macristas y de otros sectores patronales se “autoerigen” dejando afuera a la inmensa mayoría de la comunicad académica. Por ello, los estudiantes de Exactas y de varias facultades nos movilizamos el año pasado, incluso tomando nuestras facultades, para que se escuche nuestro reclamo de democratización de la UBA.

 

Vamos por comedores universitarios subsidiados

 

En Exactas, los estudiantes, docentes y trabajadores nos encontramos ante un enorme problema: la concesión de los comedores a empresas privadas. En ambos pabellones, estos espacios son gestionados por “sociedades” que se rigen por un único criterio: obtener cada vez mayores ganancias.

Por ello, el precio del menú aumenta todos los años, a la vez que la cantidad y la calidad de la comida empeora. Asimismo, basta comparar los precios de iguales artículos en los kioscos del CECEN con los de los comedores para darse una idea del sobreprecio que aplican sobre los mismos.

Reboreda y sus aliados sacan un doble partido de esta situación: por una parte, generan ingresos propios concediendo un espacio de la facultad a estas empresas; por otro, se ahorran la “molestia” de reclamarle al Gobierno nacional, al cual ellos apoyan, mayor financiamiento.

Los estudiantes de Exactas debemos darle una salida a esta situación. La falta de comedores universitarios, subsidiados por el Estado y gestionados por estudiantes, docentes y no docentes, es un verdadero problema para quienes estudiamos y trabajamos en la facultad y pasamos en ella largas jornadas. Debemos salir a dar la pelea para obtener esta conquista.

 

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