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Al cierre de esta edición está concluyendo una nueva jornada de lucha por la reincorporación de los 200 trabajadores despedidos de Lear.

Una vez más los trabajadores, junto a las organizaciones que los acompañamos en esta pelea, realizamos piquetes en los ingresos a la planta en Pacheco, ante lo cual la empresa llamó al turno mañana –el único que sigue existiendo luego de la ola de despidos– para que no se presentara a trabajar. Concluidas las principales acciones de lucha de la semana, corresponde evaluar el estado de situación de este conflicto que ya lleva más de un mes y en el cual la empresa, la burocracia y el Gobierno vienen buscando aire para endurecer el ataque contra los trabajadores y el activismo.

 

La situación actual

 

Desde estas páginas ya hemos realizado un recorrido pormenorizado de los principales momentos de esta lucha desde su comienzo.

El dato actual es que la Santa Alianza (Gobierno, patronal y burocracia del SMATA) buscan afianzar sus posiciones y avanzar por medio del endurecimiento, aunque esto no lo pueden hacer sin tener que zigzaguear.

Como dijimos en nuestro número anterior, el día miércoles se conoció la noticia del reingreso de 30 compañeros. Estas reincorporaciones, que fueron vividas como un triunfo por los despedidos en lucha, fueron arregladas sin el concurso de los delegados elegidos democráticamente por los compañeros de la fábrica y la Interna en manos de la Celeste, la oposición antiburocrática. Asimismo, este “sabor a triunfo” comenzó a atenuarse progresivamente cuando se hizo visible que no se trataba de un primer paso hacia una derrota más o menos rápida de la empresa, Pignanelli y el Gobierno, sino más bien de una válvula de descompresión antes de pasar a una nueva ofensiva.

Entre los días domingo y lunes, en horas de la madrugada, la policía realizó operativos para conseguir el ingreso y salida de nueve camiones con cables. De esta manera, aunque con irregularidades, la empresa se garantiza el control sobre la producción y el abastecimiento a su único cliente, Ford. Esta terminal acusó tener algunas dificultades en la producción continua de los modelos Focus y Ranger, aunque por el momento no se ha conseguido generar una verdadera parálisis en la producción.

Con esta situación como marco más general y ante la posibilidad de un enfrentamiento con la patota de la Verde, la jornada de bloqueos que estaba programada para el día lunes 28 fue cambiada al martes 29. Sin embargo, esto no impidió que la policía y la burocracia sindical aplicaran sus métodos represivos contra los trabajadores despedidos.

 

La Verde y el Gobierno dan un salto represivo

 

El martes 29 se instaló el bloqueo total a las instalaciones de la empresa. Desde las primeras horas de la mañana, se comenzaron a realizar los piquetes para impedir el ingreso de los trabajadores ya sea en  micros, en auto o a pie y como muestra de solidaridad. Esta medida, ya realizada con éxito otras veces, buscaba parar la producción, dándole la excusa a los compañeros para que no fueran a trabajar por la presencia del piquete.

Desde el comienzo de la jornada, los “de adentro”, los trabajadores que conservan su puesto, comenzaron a reunirse a unas pocas cuadras de la planta convocados por la empresa y la burocracia. Allí se hizo presente también un grupo de la Verde, sumando más de  300 personas.

Alrededor de las 8.30, una parte  de ese grupo comienza a dirigirse a la fábrica para ingresar a trabajar, arengado seguramente por los traidores de la Verde y los carneros. Otro sector, aproximadamente la mitad (unos 150 compañeros) se retiraron, demostrando una valiosa actitud de solidaridad y de no querer enfrentarse a sus compañeros que luchan contra los despidos y el ataque contra la Interna y el activismo.

Entretanto, se desplegó un importante operativo policial y de la Gendarmería. Frente al piquete de los compañeros despedidos llegaron los trabajadores y la patota dispuesta a entrar a la planta, escoltados por más de 100 efectivos de la Infantería de la Bonaerense. Luego de un momento de tensión (a lo largo del cual más trabajadores decidieron no intentar el ingreso e irse a sus casas), este sector avanzó a los palos y tirando gases, deteniendo a tres compañeros, dos de la planta; el delegado Silvio “Marley” Fanti, y Alfredo, otro importante referente de la lucha, y compañeros del PTS, que fueron liberados más de 12 horas después. Una vez adentro, los carneros de la Verde desplegaron y “pasearon” una bandera por el predio de Lear atacando a la Comisión Interna y a los trabajadores en lucha, una auténtica provocación luego de ingresar a la planta dejando un tendal de heridos en el camino.

Sin embargo, a pesar de haber conseguido ingresar un grupo de no más de 100 personas, la represión no fue gratuita. Dentro de la planta algunos compañeros expresaron malestar con la forma en la cual habían llegado a sus puestos de trabajo. Esto demuestra que, si bien la burocracia está adentro de la planta y la Celeste afuera, lo cual no deja de ser un grave problema, la Verde no controla a los trabajadores de forma indiscutida y sin contradicciones. Más aún, el logro de haber entrado se transformó, hasta cierto punto, en una derrota política de la Verde y la empresa porque el repudio a la represión fue masivo entre los trabajadores no despedidos.

 

Una vez más, endurecer los métodos de lucha

 

Al cierre de esta edición –miércoles 30– se realizó otro bloqueo que transcurrió con relativa calma. La patronal, el Gobierno y la burocracia, dando cuenta del repudio que había causado la represión, evaluó que el costo político de dos duras represiones consecutivas era demasiado grande: optaron por llamar a los trabajadores para que no se presentaran a sus puestos de trabajo.

La jornada del martes pone en evidencia dos tensiones de cuya resultante, creemos, depende en gran medida la suerte del conflicto: la necesidad de la empresa de garantizar la producción, aunque ello implique eventualmente la utilización abierta de las fuerzas represivas y el “apriete” a los compañeros de adentro mediante la burocracia de la Verde, y el curso que adquiera de acá en más la lucha de los trabajadores despedidos en respuesta a este continuado endurecimiento de la Santa Alianza hacia los compañeros de adentro.

Desde el comienzo del conflicto, el martes fue la primera vez que un número tan importante de compañeros (descontando a los carneros) ingresó a la planta. Esto demuestra que, en las condiciones planteadas, cada día que pasa la pelea por la conciencia de los de adentro se vuelve cada vez más crucial. Obviamente, desde el Nuevo MAS apoyamos y acompañamos cada medida que decidan realizar los despedidos, con sus métodos y su Comisión Interna.

Sin embargo, entendemos que en el marco de ajuste generalizado del Gobierno que implica miles de suspensiones y despidos en la industria (ahora la Volkswagen Pacheco anuncia volver a suspender toda la planta dos días a la semana) y el intento de desplazar al activismo, siendo este mismo gobierno quien muchas veces viola su propia legalidad –como se vio con la revocatoria de la conciliación obligatoria en Gestamp o la negativa a que ingrese la Interna en Lear a pesar de cinco cautelares a su favor– las medidas políticas afuera de la planta están muy bien pero son insuficientes. Se vuelve más necesario que nunca hacer entrar en la pelea a los compañeros que conservan su puesto de trabajo para quebrar a la empresa allí donde más le duele: la producción. Más allá de la discusión táctica acerca de si es mejor realizar esto forzando el ingreso de la Interna u ocupando la planta con el conjunto de los compañeros despedidos u otra variante, lo que está en discusión es endurecer los métodos de lucha de los trabajadores para dar respuesta a la determinación de hacer pasar este brutal ajuste.

Hemos vivido a tiempo real la lucha de los compañeros de la EmFer, quienes mediante la toma de la planta lograron un importante triunfo frente al intento de ajuste del Gobierno.

Volver a las acciones adentro de la planta, algo que implicará una pelea específica, puede hacer que los tiempos de la lucha pasen a manos de los trabajadores y abrir las condiciones para doblegar a la Santa Alianza, asestándole un duro golpe en su plan de ataque a los trabajadores y el activismo.

 

Marcos D.

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