La pelea de Lear no da tregua, desde aquel ya lejano 29 de mayo –en medio de la crisis política desatada por la heroica lucha de Gestamp– donde la empresa anunció las suspensión de 330 trabajadores, la patronal no para su ofensiva antiobrera y los trabajadores, la interna independiente y las corrientes obreras su resistencia.

De las 330 suspensiones con el 75% de los haberes se pasaron a 200 sin goce de sueldo por un mes. El 26 se realiza una  marcha conjunta entre los trabajadores  de Lear y de Donnelley  al Ministerio y  a la Cámara de Comercio yankee. El 27 de junio un nuevo ataque patronal: de las 200 suspensiones 100 se convierten en despidos con causa. La causa es otra provocación: “bajo rendimiento” productivo a compañeros con más de 15 y hasta 20 años de antigüedad.

El lunes 30, los delegados recorren los sectores y hablan en el comedor con los compañeros, a media mañana se para la producción y permanece así por varias horas. La patronal responde al otro día: no deja entrar a los delegados. Se tramitan cautelares por su reingreso.

De más está aclarar que la empresa jamás presentó un preventivo de crisis, jamás justificó las suspensiones sin pago y mucho menos los despidos con causa. De más está decir que todo estuvo pactado con la burocracia del SMATA, que no deja de hacer saber su política de “limpieza étnica”: nada de zurdos en el gremio.

De más está decir que se hicieron todas las denuncias y presentaciones en el Ministerio de Trabajo. Hasta allí el conflicto para el Ministerio de Trabajo no existe, acumula papeles pero no interviene. La patronal y el SMATA trabajan para el desgaste: pasan los días y ofrecen plata, trabajo no.

 

La pelea se endurece desde afuera

 

El acampe empezó a ser el centro de organización del activismo, se decide bloquear los portones y el viernes 4 se bloquea la colectora (principal acceso a la planta) para dialogar con los trabajadores no despedidos, sólo un pequeño sector entra a trabajar, la producción se paraliza completamente desde afuera. En los días siguientes la Ford –para la cual produce mazos (tendido eléctrico) de cada unidad– empieza a parar por algunas horas la producción primero de Focus y luego de Ranger.

Ese mismo día en horas de la tarde y con la orden de un fiscal en la mano, la Bonaerense con un operativo policial impresionante, disuade a los trabajadores que corran la carpa que estaba en la vereda y el bloqueo de los portones; luego de largas negociaciones la Bonaerense toma el control de los portones y dejan una custodia menor sobre el portón y en los alrededores.

El lunes 7 a la madrugada con un operativo relámpago cientos de policías de la Infantería bonaerense sacan la producción acumulada en un camión.

El martes 8 de julio se realizó una jornada solidaria con la lucha de los compañeros, nuevamente se bloquea la colectora y la entrada de los trabajadores, otro día de paro desde afuera. Luego se logra cortar la Panamericana a la altura de Henry Ford, la Gendarmería reprime y persigue a los compañeros, logra desalojar la Pana pero el brutal operativo sale en vivo por los principales medios del país. También se corta el Puente Pueyrredón, la entrada de Lear Córdoba y otros puntos del país. La lucha de los compañeros se nacionaliza y gana la simpatía de miles y miles de trabajadores.

El 16 a la mañana se realiza otro bloqueo a la colectora. Desde la 4.30 de la mañana más de 500 trabajadores, estudiantes, obreros  combativos de la zona, docentes de Tigre, Malvinas, etc., copan la entrada de la fábrica y el bloqueo se hace efectivo. En esos momentos se corren rumores de que la empresa despidió a 4 trabajadores más por alzar su voz en defensa de sus derechos.

La empresa junto con la burocracia había convocado el día anterior a los trabajadores a las 7 en varios puntos cercanos para que vayan en micros, supuestamente custodiados por la Bonaerense para garantizarles el ingreso, de hecho cambia el horario de trabajo de 8 a 17. Los trabajadores deciden levantar el bloqueo a las 7 con el argumento de evitar confrontaciones no deseadas e invitan a todos a hacer una caravana con los autos y los micros hasta el centro donde se debía realizar una audiencia en el Ministerio de Trabajo entre la patronal, el SMATA y el gobierno.

La caravana se realizó con éxito y se mantuvo colapsada la Panamericana por varias horas y se cortó Callao frente al Ministerio. Después de horas esperando la audiencia, aparentemente ésta se realizó en otro lugar y se confirma el despido de los 4 trabajadores.

Los resultados, según rumores no confirmados, no eran los esperados por los trabajadores; aparentemente hacen reingresar a un número pequeño de trabajadores suspendidos/despedidos amigos del sindicato, y se ratificarían la gran mayoría de los despidos y de las suspensiones sin pago.

 

Endurecer el curso de acción desde los trabajadores

 

El conflicto va a cumplir dos meses, la política de la patronal, la Verde y el gobierno es el desgaste de los compañeros. Obviamente todo lo que se hizo en esto dos últimos meses y sobre todo desde el 30 de junio, ha molestado a la empresa. La producción estuvo sujeta a vaivenes, a falta de insumos, a los bloqueos, a los paros, a no poder sacar la producción cuando quieran, a tener que coordinar con la policía el ingreso y egreso de los trabajadores y de la producción. Estas acciones llevaron a que la Ford no pueda producir normalmente y tuvo que bajar el ritmo o directamente dejar de producir determinados modelos.

Obviamente que las medidas políticas molestan a la empresa, al SMATA y al gobierno. Que aparezca en los medios la realidad de despidos y suspensiones masivas es un hecho que molesta al gobierno que quiere que el ajuste pase pero que no se note, que no se hable de suspensiones y menos de despidos.

La acción de los trabajadores molesta y mucho a la burocracia de Pignanelli porque desenmascara su rol traidor.

Que la patronal aparezca ante los ojos de la opinión pública como lo que es: una empresa imperialista explotadora y negrera que está llevando un ajuste brutal sobre la espalda de los compañeros, molesta y mucho.

Pero todo eso no ha alcanzado para quebrar la estrategia de desgaste que se viene implementando. El tiempo no es aliado de los trabajadores. Se van a cumplir dos quincenas sin cobrar, las necesidades cada vez aprietan más y ya son decenas los compañeros que han optado por abandonar la lucha y arreglar. La inmensa mayoría de compañeros han demostrado la fuerza y la voluntad de lucha pero hay que encontrar una estrategia eficaz y que se vea un camino claro a seguir para evitar la desmoralización y el camino del arreglo. Hay que buscar una nueva orientación.

Un primer paso en este sentido podría ser buscar la forma que entren los delegados, tienen la cautela a su favor, es decir, la legalidad, tienen la legitimidad de sus compañeros que los votaron, tienen la fuerza de sus compañeros  y el apoyo de todos los luchadores. No hay  que permitir la arbitrariedad de la empresa con la complicidad del gobierno y el SMATA.

Los compañeros dentro sin los delegados son presa fácil del temor que infunde la empresa y el gremio: la acción de despedir a 4 compañeros es ejemplificadora del terror que quieren imponer. Estas situaciones no se repetirían si los delegados pueden entrar.

Como decíamos en nuestro periódico anterior: “(…) cuando todas las demás instancias están agotadas, sinceramente opinamos que no hay que tener temor en avanzar en la ocupación de fábrica. Hay que comenzar a recorrer ese camino, con todos los cuidados del caso. Endurecer los métodos de lucha es necesario cuando los ataques del gobierno y la patronal son cada vez más duros. Somos conscientes de que no es un talismán que pueda resolver los problemas. No es una solución mágica que garantice el triunfo de la lucha; ningún método puede serlo. La lucha política, la pelea en el plano jurídico y las más variadas medidas de fuerza, todo es necesario y se deben mancomunar para triunfar.

Pero atención: cuando se agotan todas las demás instancias, cuando no hay otras alternativas, no hay que tener temor en avanzar con la ocupación, en hacerse fuertes en el lugar de trabajo, desde adentro de la planta, con disputar quién manda en la producción, si los capitalistas o los trabajadores.”

Rodolfo Torres

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