“Nueve operarios colgados en una grúa paralizaron a fines de mayo la autopartistas española Gestamp y a casi toda la industria. Atrincherados durante días a 20 metros del piso, reclamaban por el despido de 67 trabajadores. Aunque la firma de piezas estampadas y proveedora de Volkswagen habló de ‘medidas disciplinarias’, las suspensiones habían comenzado un mes atrás (F. Jurgen, 9-7-14)

 

Mientras cerramos esta edición, varias cuestiones están sobre la palestra (más allá del Mundial), como la negociación con los fondos buitres o las idas y venidas del juzgamiento a Boudou. Sin embargo, lo más importante es que en los últimos días nuevamente aparece en el centro de la escena el ajuste económico que está llevando adelante el gobierno con el apoyo de la oposición patronal. Dos conflictos obreros de importancia volvieron a poner el dedo en la llaga: el de los trabajadores de la Emfer (por el vaciamiento de su planta que fabrica material rodante ferroviario), y el conflicto de la autopartista Lear, que fabrica el cableado para la Ford. Queremos centrarnos en este proceso de “racionalización económica” y a las duras luchas de resistencia que está desatando (a la orden del día nacionalmente a partir de la heroica pelea de los compañeros de Gestamp).

 

Un proceso de racionalización

 

Desde enero el gobierno viene descargando un durísimo ajuste económico. A partir de la devaluación, se buscó recuperar competitividad por la vía de deprimir los costos nacionales, sobre todo el del salario. La escalada inflacionaria que sucedió a la pérdida de valor de la moneda nacional se intentó frenar mediante el aumento de las tasas del interés, el encarecimiento del crédito. Consecuencia: una recesión económica inducida desde arriba en la búsqueda de aplacar la inflación, pero, sobre todo, de planchar los salarios reales e, incluso, llevar a cabo despidos de manera tal de aumentar la productividad general en la industria.

Este último objetivo es una fase específica del ajuste que está en curso, disimulada en estos momentos tras la euforia mundialista. Si una primera etapa consistió en la reducción del salario real (paritarias por detrás de la inflación, lo que hasta cierto punto se está logrando, aunque no en la medida que quisiera el gobierno), una segunda etapa es este proceso de “racionalización económica”. Consiste, precisamente, en hacer “economía” en materia de personal e incluso de sectores de la producción o hasta cierre de plantas (ver ahora el caso de la metalúrgica Visteon de Quilmes), de manera tal que cuando venga la recuperación económica, se produzca lo mismo o más con menos personal, aumentando así la ganancia empresaria.

Y a este proceso de racionalización cuyos objetivos son primeramente económicos (aumentar la tasa de explotación obrera) se le agrega el objetivo político: poner en “caja” aquellas plantas donde el activismo independiente ha levantado cabeza, donde su comisión interna está en manos de delegados de izquierda que no transan con las patronales, que defienden los derechos elementales de los trabajadores. No fue casual que, a propósito de la lucha de Gestamp, sectores de la burocracia sindical encabezados por el gordo Pignanelli del SMATA, salieran a denunciar la “infiltración izquierdista” y requirieran la acción del gobierno para frenarla.

Acá hay un importantísimo elemento a destacar: el ensordecedor silencio de todas las centrales sindicales, oficialistas y “opositoras”, frente a este proceso de racionalización, frente al ajuste en materia del empleo, frente a las suspensiones y los despidos.

La CGT Moyano habla por lo bajo de la posibilidad de un paro general en agosto. Pero no está claro que lo lleve adelante. La excusa es el proceso de negociación con los fondos buitres y no llevar a cabo una medida de fuerza entretanto. Recordemos de paso que ninguna de las cinco centrales sindicales se ha pronunciado al respecto, en una muestra de economicismo y corporativismo: ¡como si el problema de la deuda externa no fuera un problema de los trabajadores!

Pero de todos modos, se lleve adelante la medida o no (y hay que pelear por que se concrete) es significativo el hecho de que se la vincula a la exigencia del aumento del impuesto al salario. Lo que no está mal, desde ya, pero no se dice palabra de cómo están arreciando las suspensiones y los despidos, algo que debería ser el centro de la medida de fuerza.

El sindicalismo tradicional parece decir con su silencio lo que realmente opina: que el proceso de reducción de personal es una medida de ajuste “normal” de la economía capitalista, que no habría manera de oponerse a él, que está en la “lógica del sistema”, y esa lógica no puede ser desafiada, como si fuera una “ley natural”.

La resistencia viene desde abajo

 

Pero se ve que no es esto lo que opinan las bases de los sindicatos, por lo menos de sectores de importancia de algunos de ellos, como uno de los gremios más estratégicos del país, el de los mecánicos. Allí, la lucha que puso la señal de alarma respecto del verdadero carácter de muchas de las suspensiones que estaba dejando pasar la Verde del SMATA fue la heroica lucha de los compañeros de Gestamp. Mucho se les criticó a los compañeros que salieran a enfrentar suspensiones; incluso desde sectores de la izquierda se afirmó, increíblemente, que “ante suspensiones no hay que salir a luchar”. Como si se pudiera creer el discurso oficial acerca de que “no pasa nada”: uno se queda en la casa tomando mate, cobrando el sueldo, como si fueran unas inesperadas “vacaciones”, y luego se vuelve a trabajar.

Los compañeros de Gestamp pusieron sobre la mesa la verdad: no se trata de simples suspensiones sino de despidos encubiertos (¡que luego se hacen abiertos!), tanto por razones económicas como políticas.

Es decir, por un lado, el mecanismo de la suspensión es para “acolchonar” las cosas, para que a los compañeros en sus casas les trabaje la cabeza y sean presa fácil del arreglo y pactar sus despidos. Pero, además, la señal de alerta se redobla porque resultaba ser que los suspendidos son siempre los compañeros más activos, los que más se le plantan a la patronal, los que desafían la complicidad del sindicato con la empresa.

No se trataba ni se trata de simples suspensiones: son, como dijimos, despidos encubiertos. Por esta razón, en cuanto los compañeros de Gestamp osaron cuestionar esta realidad, pararon la planta en reclamo por otro método de suspensiones: que no fueran discriminatorias, sino que afectaran a todos los trabajadores. Ahí se develó la verdadera naturaleza de las cosas: se respondió con los despidos.

Lo demás es historia conocida: llevaron adelante la ocupación del puente-grúa, paralizaron una de las industrias más estratégicas del país por 5 días, hicieron hablar a Cristina de su lucha (asociándola a la toma del poder por los trabajadores en la Revolución Rusa de 1917), y si no pudieron ganar, nadie les podrá quitar el mérito de que volvieron a poner sobre la palestra uno de los métodos históricos de lucha de los trabajadores, la ocupación de fábrica.

La patronal y la Verde no fueron estúpidas. Trataron de separar las peleas de Gestamp y de Lear, trataron de “cerrar” la primera antes que se desatara la segunda. Si bien se solapó un poco el inicio de las suspensiones masivas en Lear (comenzaron el 29 de mayo, cuando los 9 compañeros de Gestamp estaban colgados del puente-grúa), evitaron desencadenar despidos en ese momento (que, de todas maneras, luego igual se vinieron).

En Lear se suspendió masivamente: 330 compañeros quedaron en esa condición, todo el turno tarde, lo que ya era una evidencia de que se venían noticias peores. Se fueron sucediendo las semanas hasta que, finalmente, se concretaron más de 100 despidos (la cifra nadie la sabe con exactitud hasta el momento), al tiempo que una cantidad muy grande de compañeros quedaron suspendidos por tiempo indeterminado y sin goce de sueldo. La pelea de Lear está en curso y dio lugar esta semana a una jornada de lucha en su apoyo.

Simultáneamente, salieron a escena los compañeros de la Emfer-TATSA, empresa que fabrica material rodante ferroviario y colectivos, y que está en manos de los hermanos Cirigliano. Terminados sus acuerdos con el gobierno, han puesto en marcha el vaciamiento de la empresa: se trata de una pelea durísima que llevó a la base de la planta a enfrentar de manera decidida la represión policial y a la ocupación de la planta.

 

Los trabajadores como protagonistas

 

Como venimos señalando, la burocracia de todos los colores está dejando aisladas estas luchas. Son cómplices del proceso de racionalización empresaria y del ataque al activismo, al proceso de recomposición obrera, a la izquierda, su directa competidora en el seno de los trabajadores.

Sin embargo, estas luchas muy duras no parecen detenerse. Si bien no se logra que estallen simultáneamente (todavía no hay madurez para una verdadera coordinación), cada una de ellas deja enormes enseñanzas y amenaza con torcerle el brazo al gobierno, la patronal y la burocracia.

Los casos de Gestamp, Valeo y Weatherford en Córdoba, Paty, Enfer, Calsa, Lear y varias otras más son el tipo de duras luchas obreras que muestran cómo enfrentar este ajuste por reducción del empleo, a la vez que desnudan la persecución política al activismo y la represión a las luchas mismas con la escandalosa militarización de las plantas, con su defensa de la propiedad privada capitalista.

Un aspecto clave de cómo orientar estas luchas es el esfuerzo que debemos poner las organizaciones de la izquierda por que los trabajadores sean, realmente, los protagonistas de cada lucha, ayudándolos a llevar a cabo su experiencia. La clase trabajadora debe reconocerse como tal llevando adelante ella misma las peleas, acumulando las mismas en su experiencia de lucha y organización, en su conciencia, conciencia que todavía viene de muy atrás, es muy reivindicativa y poco política.

En ese sentido, opinamos que experiencias como la de Gestamp, independientemente de su resultado, tienen esa calidad: puso a un sector de la clase obrera en el centro de la pelea nacional; puso a un grupo de trabajadores despedidos en el centro de la preocupación del gobierno y la Santa Alianza patronal, dando el ejemplo de lo que puede hacer la clase obrera, de la fuerza que posee, si toma conciencia de esa fuerza y la pone al servicio de paralizar la producción, de cuestionar el monopolio sobre la misma de la patronal.

Todo el esfuerzo de la izquierda debe estar colocado, entonces, en ganar estas luchas, lograr que sean los trabajadores quienes las protagonicen y que, a la vez, sirvan a la acumulación de sus experiencias, a su reconocimiento como clase tal, al avance de su conciencia y organización.

 

Todos por el triunfo de los trabajadores de Emfer y Lear

 

Los casos de la Emfer, Lear y varios otros están poniendo sobre la mesa qué se hace para ganar. Tenemos varias propuestas. La primera es superar la parálisis vergonzosa de las fuerzas del FIT, que se han mostrado incapaces de hacer lo que les reclamamos hace semanas desde nuestro partido: poner en pie un Encuentro Nacional unificado de los espacios de la Mesa Provisoria de Atlanta y la Coordinadora Sindical, además de otros reagrupamientos, que se pongan al servicio de rodear de apoyo cada lucha que la burocracia deja aislada y se juega a bombear.

Dos, la realización de una verdadera Jornada Nacional de Lucha. Tenemos el ejemplo de Gestamp al respecto. Cuando el desconocimiento de la conciliación obligatoria luego de que los compañeros se bajaron del puente-grúa, nuestro partido sugirió, y a los compañeros les pareció bien, convocar a una reunión abierta a todas las fuerzas de la izquierda y quien quisiera sumarse en el hotel Bauen para convocar a una gran jornada nacional de lucha por su triunfo. La reunión se realizó y fue muy buena, pero por distintas razones la iniciativa quedó pendiente. Nos parece que es la verdadera forma de involucrar a todo el mundo, de coordinar el apoyo a las luchas en curso: una gran convocatoria para discutir colectivamente qué medidas tomar por el triunfo de Lear y la Emfer.

Tercero, está la necesidad de convocar ya mismo a una gran marcha de Congreso a Plaza de Mayo con los compañeros de Gestamp, Lear, la Enfer y demás luchas al frente para poner en la palestra el reclamo contra los despidos, la persecución al activismo, la represión y por la exigencia urgente de un nuevo paro general, esta vez de 36 horas.

Finalmente, y cuando todas las demás instancias están agotadas, sinceramente opinamos que no hay que tener temor en avanzar en la ocupación de fábrica. Hay que comenzar a recorrer ese camino, con todos los cuidados del caso. Endurecer los métodos de lucha es necesario cuando los ataques del gobierno y la patronal son cada vez más duros.

Somos conscientes de que no es un talismán que pueda resolver los problemas. No es una solución mágica que garantice el triunfo de la lucha; ningún método puede serlo. La lucha política, la pelea en el plano jurídico y las más variadas medidas de fuerza, todo es necesario y se debe mancomunar para triunfar.

Pero atención: cuando se agotan todas las demás instancias, cuando no hay otras alternativas, no hay que tener temor en avanzar con la ocupación, en hacerse fuertes en el lugar de trabajo, desde adentro de la planta, con disputar quién manda en la producción, si los capitalistas o los trabajadores.

Nuestro joven partido, que viene fogueándose en todas estas luchas de resistencia, pone a disposición estas propuestas adelantando, desde ya, que llevará delante de manera incondicional lo que en definitiva decidan los trabajadores en cada una de ellas. ¡Fuerza compañeros, y a ganar!

 

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