La lucha contra el ajuste –

 

En estos momentos se está desarrollando una importante lucha en la autopartista de firma estadounidense Lear, que produce mazos de cables para Ford. Esta lucha se enmarca en las crecientes peleas de distintos sectores de trabajadores contra el ajuste del gobierno K, que recorta salarios, suspende y despide para pagarle a los fondos buitres, con la riqueza que produce la clase obrera.

Los trabajadores autopartistas y automotrices vienen siendo los más afectados por las consecuencias del ajuste sobre las fuentes de trabajo. Asimismo comienzan a dar pelea para revertir esta situación, como fue el caso de Gestamp con la “gesta del puente grúa” semanas atrás, o la misma Lear el año pasado. En ambos casos los ataques del gobierno nacional, la burocracia sindical de Pignanelli y las patronales imperialistas tuvieron como objetivo “limpiar la fábrica de zurdos”, es decir, de los compañeros activistas que han sabido encabezar cada una de las batallas que se planteaban en sus lugares de laburo, e incluso llegando a conquistar delegados y comisiones internas independientes como es el caso de Lear con la experiencia de la Celeste.

 

La previa del conflicto

Durante los últimos días de mayo los trabajadores de Lear recibieron la noticia de 330 suspensiones en la fábrica, nada más ni nada menos que todo el turno tarde y parte del de la mañana (Lear es una fábrica de alrededor de 600 obreros). Estas suspensiones se dan por tiempo indefinido y sin presentación por parte de Lear de un preventivo de crisis, generando una situación totalmente irregular desde el punto de vista legal. En los días subsiguientes, parte de estas suspensiones dieron marcha atrás, mientras el resto (aproximadamente 200) fueron “pareciéndose” cada vez más a auténticos despidos: no sólo continuaron sin una fecha de finalización, sino que a lo largo del mes de junio los trabajadores afectados pasaron de cobrar el 75% de su salario a estar suspendidos sin goce de sueldo.

Finalmente, esta situación llegó a uno de los escenarios más previsibles: el viernes 27 de junio, al día siguiente de un corte en Callao y Corrientes organizado por trabajadores de Lear y Donnelley para visibilizar esta grave situación, comenzaron a llegar los telegramas de despido, empezando por veinte compañeros que se encontraban trabajando y continuando con la mayoría de los que estaban suspendidos. Al cierre de esta edición, el número total ronda los 130, siendo más de 200 los compañeros que, entre suspensiones y despidos, están en la calle. Entretanto, se conoció de manera “clandestina” que la empresa importó una cantidad incierta de mazos de cables para cubrirse con un stock ante la eventualidad de un conflicto. Sin embargo, nadie sabe a ciencia cierta la magnitud de esta importación, que es a su vez una auténtica estafa contra los trabajadores de Lear y de todo el gremio.

 

Los primeros días de lucha abierta

El escenario planteado generó la respuesta por parte de los trabajadores. Luego de discutir y decidir en asamblea, el lunes 1 de junio dieron comienzo a un plan de lucha que incluía el bloqueo de portones para evitar la salida de los mazos producidos y de vehículos y la interrupción parcial en las líneas de producción, generando una caída en la productividad.

La posibilidad de realizar una medida de acción adentro de la planta fue una excelente noticia para los trabajadores y todos los que bregamos para que ellos triunfen: por una parte, porque demuestra la predisposición a la lucha de los compañeros que aún conservan su fuente de trabajo a pesar del amedrentamiento de la burocracia de la Verde y de la propia existencia de despidos; por otra, porque la irrupción de la base de la fábrica, de un activismo más amplio, puede ser un factor decisivo para inclinar las relaciones de fuerza en un sentido favorable a los trabajadores.

El día martes la patronal endureció su ataque, no dejando ingresar a los delegados a la planta. De esta manera, el plan de lucha escalonado con medidas adentro de la misma hasta un eventual paro total se encontró con un primer obstáculo. Si bien los bloqueos fueron garantizados, el clima de terror al despido que se genera adentro del establecimiento hace que los compañeros de base se sientan “descubiertos” y no puedan llevar sus medidas de lucha sin el cuerpo de delegados y la Interna adentro. Lo mismo ocurrió el día miércoles, al cierre de esta edición. La tarea que se plantea es recuperar la iniciativa y retomar la lucha no sólo afuera, sino también adentro de Lear.

 

Llevemos la lucha de Lear a la victoria

La lucha de los trabajadores de Lear, por sus características y el enemigo que enfrenta –la Santa Alianza del gobierno, la patronal y la burocracia sindical- ya es dura y probablemente vaya a extenderse en el tiempo. Por ello, es importante rodearla de solidaridad por parte de todos los sectores combativos de trabajadores, el movimiento estudiantil y llevarla al plano nacional. A su vez, se ubica como una necesidad de primer orden mantener y fortalecer el vínculo entre los compañeros despedidos y los de adentro, ya que el paro total de la producción puede generar el “efecto de contagio” propio de este tipo de industria concentrada y diversificada, obligando al gobierno y la patronal a sentarse a negociar.

En estos momentos, aunque la situación cambia rápidamente, una de las claves para mantener este vínculo y continuar con las medidas de lucha adentro de la planta pasa por garantizar el reingreso de los delegados a sus puestos de trabajo. Además, es necesario fortalecer desde afuera los bloqueos y piquetes, evitando dispersar la fuerza que se pueda sumar a esta lucha.

Los trabajadores de Lear llegan a este conflicto luego de una larga experiencia en transcurso de la cual recuperaron su Comisión Interna, ahora en manos de la Celeste independiente, y procesando las enseñanzas del conflicto de Gestamp. Todo ello constituye una fortaleza que debe ser aprovechada para derrotar el ajuste del gobierno, los despidos de la multinacional y las traiciones del SMATA.

¡Basta de suspensiones y despidos!

En Lear, ¡todos adentro!

 

Marcos D. y Belén Consti

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