Por Luís Paredes



 

Que la población se exprese con los pies – 

 

Como señalamos en nuestro editorial, el gobierno ha salido a las calles a sostener su campaña de “Patria o buitres” lo que, en realidad, es una forma engañosa de buscar apoyo en su negociación para pagar. La campaña del gobierno tiene su astucia porque enmascara la decisión política de pagar en una supuesta acción “soberana” para apoyarlo mientras negocia “defendiendo con uñas y dientes los intereses del país”.

Pero el problema es que no hay manera de desnudar esta estrategia de capitulación frente a los fondos buitre si la izquierda no pone en marcha una campaña enderezada a no pagar.

 

¿Y el FIT dónde está?

 

Aquí es dónde entran las responsabilidades del FIT. Subrayemos primero el caso de la CTA Micheli, que no está moviendo un dedo respecto de la lucha contra el pago a los fondos buitre. Sus lazos con el UNEN de Binner son una de las explicaciones para que no hayan sentado posición al respecto. Lozano ha hecho declaraciones alrededor de la necesidad de “discriminar entre la deuda legal y la ilegal” (la primera habría que pagarla, la segunda no, una vieja posición reformista), pero el michelismo -que dirige una de la centrales de trabajadores del país- no ha dicho esta boca es mía en el tema y, menos que menos, puesto en marcha iniciativa práctica alguna alrededor del no pago a los fondos defendidos por Griesa.

Pero lo dramático, realmente, es la falta de iniciativa del FIT. No se le conoce declaración alguna respecto del tema del pago a los fondos buitres. Como en otras coyunturas importantes en el último año, no tienen iniciativa alguna que responda a la responsabilidad asumida frente al millón de votantes a la izquierda.

Desde comienzos de año venimos polemizando al respecto de la carencia de toda iniciativa de parte del frente de izquierda, la lentitud en tomar el eje de la lucha contra el brutal ajuste k en el centro de la actividad de la izquierda –si es que alguna vez lo tomaron; recordar que el FIT siquiera pudo sacar una declaración en común en oportunidad del paro general del 10 de abril.

Pero ahora las cosas toman ribetes más graves aun -si esto fuera posible- porque se trata de algo tan elemental entre las fuerzas de la izquierda como es la lucha contra el pago de la deuda externa, reivindicación que caracteriza a la izquierda roja desde comienzos de los años ’80.

Al parecer la explicación acerca de esta carencia de toda iniciativa de parte del FIT estaría en que no se ponen de acuerdo alrededor de qué política plantear. Pero lo primero que debemos decir es que cualquiera sea la diferencia que pudieran tener al respecto, correspondería algo elemental como buscar un mínimo común denominador alrededor de no pagarles a los buitres salvo, claro está, que alguno de sus integrantes estén a favor de pagar…

 

La conciencia no se desarrolla en el aire

 

Pero que no haya ninguna iniciativa de parte del FIT como tal, no quiere decir que sus componentes no hayan emitido posiciones al respecto. Tanto el PO como el PTS se han declarado en contra de pagarle a los buitres mediante sus parlamentarios, algo elemental. Pero el problema es la forma en que visualizan que se puede llevar a cabo la batalla política a tal efecto. Con matices, ambos han planteado la necesidad de un plebiscito o referéndum para decidir no pagar.

El contraste es evidente con posiciones como la de nuestro partido, que tenemos como centro de nuestra política el planteo que hay que poner en marcha un gran movimiento en las calles para no pagar, y la de estas corrientes que centran sus planteos en la exigencia de un plebiscito para decidir si pagar o no.

A nuestro modo de ver esta posición es un error, y por varias razones. La primera es que sin poner en marcha un proceso movilizador toda la política por el no pago de la deuda se hace abstracta. En el editorial de esta edición señalamos que la mayoría repudia el fallo en favor de los buitres, pero no ve otra alternativa que pagar.

También, que el gobierno se está parando con una campaña astuta e inteligente que si bien tiene en contra que la mayoría de la población lo ve con malos ojos, sin embargo busca generar apoyo para “negociar en mejores condiciones”, algo que sintoniza un poco con el sentimiento de momento mayoritario de que hay que pagar pero en los mejores términos posibles. Su consigna de “Patria o buitre” es confusionista en el sentido que daría a entender que es para no pagar (porque está formulada en términos excluyentes), pero, en realidad, está planteada como vía regia para pagar haciendo el teatro de que se defienden los intereses del país[1]…

Si este es el escenario, a priori complejo todavía para las posiciones del no pago, en todo caso esto podría cambiar ante cualquier giro en los acontecimientos, por ejemplo si el acuerdo no llega y se pone al rojo vivo la posibilidad de la cesación de pagos.

Que mejor alternativa, entonces, que comenzar a generar una movilización popular que muestre en las calles otra alternativa, incluso si al comienzo estas acciones no son del tamaño que nos gustaría, si todavía hace falta algún giro dramático en los acontecimientos para que los trabajadores y el pueblo se den cuenta realmente de lo que está en juego.

Nunca se debería perder de vista que la conciencia de los trabajadores no vive en el aire, sino que se genera a partir de hechos materiales, concretos. Y si queremos pelear por una comprensión de que no hay que pagar, hace falta generar un polo político concreto que mostrándose de manera movilizada empuje las cosas para el lado de que la alternativa es no pagar.

 

Hay que arrancar con una gran movilización

 

Aquí es dónde entra el problema de planteos como el de plebiscito o referéndum. Su punto fuerte es, en todo caso, el señalamiento que no se está consultando al pueblo sobre qué hacer. Esto es verdad, más allá que el gobierno y la oposición pueden decir que se está “discutiendo en el Congreso” y que la mayoría de los parlamentarios están a favor de pagar “para que el país no caiga en cesación de pagos”; así, ya se estaría “consultando” al pueblo por intermedio de sus “representantes”. También podrían decir que no hace falta consultar nada porque las encuestas muestran que la mayoría se inclina por pagar.

En cualquier caso, un plebiscito por sí mismo no puede lograr una mayoría por no pagar, esto más allá que dos diputados de la izquierda en el Congreso, sin apoyarse en la movilización, es imposible puedan imponerle a nadie una iniciativa de este tipo.

Pero además hay otro problema: los plebiscitos o referéndums no son una verdadera instancia democrática. Existe una amplia experiencia histórica que demuestra que lleva las de ganar quien tiene la capacidad de hacer las preguntas. Y el que tiene esta capacidad es siempre el poder de turno, el gobierno. Es que las preguntas por si o por no sin otras opciones, son pasibles de manipulación para hacerles votar a la gente lo que se quiera.

Así las cosas, la propuesta de plebiscito luce como un saludo a la bandera o, más grave aun, el pensar todas las respuestas en el terreno estrictamente electoral, sin que se les ocurra nunca a las fuerzas del FIT, que la verdadera fuerza esta en las calles como decía Rosa Luxemburgo, fuera de las instituciones parlamentarias.

Esto no quiere decir que nuestro partido se oponga por principios a una instancia de este tipo: todo depende de las circunstancias concretas de tiempo y lugar, más allá de los peligros que entraña siempre un mecanismo “bonapartista” de este tipo[2].

En todo caso, nos parece que se trata de un planteamiento oportunista que es una pérdida de tiempo. Solamente ha servido para paralizar a las fuerzas del FIT y los esfuerzos mancomunados que debemos hacer desde la izquierda por desatar un proceso movilizador. Proceso movilizador que como decía Lenin, significa siempre que los trabajadores deciden con los pies.

 

 

[1] En una reciente asamblea en el gremio docente, la burocracia de la Celeste del SUTEBA propuso una declaración “contra los fondos buitre” algo que nadie se podía oponer, evidentemente. Sin embargo cuando se mostró el texto de la misma, resultó ser que se trataba de una moción de apoyo al gobierno en su negociación con los fondos buitres, y no un planteo claro alrededor del no pago de la deuda externa. Una maniobra evidente amparada en el tipo de campaña confusionista que está llevando adelante el gobierno, y que se presenta como una cobertura “soberana” pero para pagar.

[2] Se lo llama así porque este mecanismo fue utilizado de manera reiterada por Luís Bonaparte, sobrino de Napoleón y gobernamente dictatorial de Francia luego de la revolución de 1848 y hasta la guerra Franco-Prusiana, derrota en la cual lo hizo caer de su puesto antes del desencadenamiento de la Comuna de París.

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