Por Ale Vinet, desde París para Socialismo o Barbarie, 23/06/2014


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Más allá de sus límites, la huelga mostro gran dinamismo y combatividad. Logró sostenerse casi diez días contra los ataques mediáticos y del gobierno, además de la hostilidad de muchos de los usuarios. A lo largo de ella, se realizaron asambleas diarias, donde los huelguistas decidían la continuación o no del movimiento, además de organizar diversas acciones.

Aunque la mayoría de los que participaban eran sindicalizados, hubo también muchos trabajadores no sindicalizados que intervinieron en la construcción de la huelga. Así, en Saint Lazare, se editó diariamente un boletín de huelga, confeccionado por compañeros  sindicalizados y no sindicalizados. También se logró quebrar parcialmente la separación artificial entre sindicatos: en la manifestación del martes 17, se organizaron columnas por estación, sin diferenciación de etiqueta sindical.

El punto más álgido de esto fue la movilización del 19 de julio. Aunque las burocracias sindicales lograron controlar la situación –incluso pudieron imponer que las columnas fueran por sindicato y no por estación–, el hecho de que un sector importante continuara luego de que las direcciones sindicales se retiraran fue de enorme importancia. No sólo significó ir más allá de la voluntad de la burocracia, sino incluso comenzar a romper la legalidad burguesa. Es que se trató de una movilización no autorizada ni de recorrido preestablecido por la policía.[[1]]

La base de esto parece ser una nueva generación que está entrando en escena. Durante las asambleas generales, así como en las manifestaciones, la proporción de gente joven era muy importante. Esto se vio sobre todo en la marcha que siguió luego de la retirada de las direcciones sindicales. De afirmarse esta tendencia, se trataría de un cambio estratégico que daría nuevos respiros al movimiento obrero ferroviario. Abriría la posibilidad para la izquierda revolucionaria de hacerse carne en una nueva generación que no ha sufrido grandes derrotas y que además desconfía de la burocracia sindical, y ve la necesidad de organizarse por abajo y confluir con otros sectores.

De lo que se trata ahora es de sacar las conclusiones de esta enorme pelea, de explicar cuáles fueron los puntos fuertes pero sobre todo las razones de su derrota: en primer lugar, la política pérfida de la burocracia sindical y sus socios políticos, en primer lugar el PCF. Para la izquierda revolucionaria pueden abrirse grandes posibilidades para avanzar en la vía de construir organizaciones de vanguardia, fuertemente ligadas a la clase obrera y  a sus vicisitudes.

 

[1].- En Francia las movilizaciones deben tener autorización previa de la policía, lo que incluye también la determinación del recorrido, que debe respetarse estrictamente.

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