Pongamos en marcha una gran movilización nacional

 

Que la izquierda ponga en pie en un polo político por el no pago de la deuda externa

 

En estas horas, Kicillof, ministro de Economía, está volando a Nueva York para reunirse con el abogado designado por el juez Griesa para comenzar la negociación para pagarle a los bonistas buitres que quedaron fuera del canje de la deuda. La mayoría de los trabajadores saben que la decisión de la Corte Suprema de Justicia yanqui es una mala noticia para el país pero opinan que, de todos modos, habría que pagarles a los fondos buitre, “porque si no pagás te quedás fuera del mundo”. Trataremos de aclarar estas dudas y plantear porqué la única solución pasa por el no pago.

 

Una deuda eterna

 

Desde que la Argentina es una nación independiente siempre estuvo sometida al endeudamiento con acreedores internacionales. Lo primero que hay que entender es que se trata de una forma de sometimiento del país a los centros de la economía capitalista mundial, que son los que monopolizan las monedas para relacionarse con el mundo (en el siglo XIX, la libra esterlina inglesa; a partir del siglo XX, el dólar). Una dependencia que ha sido siempre una traba para el desarrollo del país.

El endeudamiento aumentó y bajó dependiendo de circunstancias cambiantes, pero nunca pudo ser eliminado porque es un factor estructural que hace a la subordinación de un país dependiente como el nuestro a los centros del imperialismo mundial, en primer lugar al imperialismo yanqui.

A comienzos de la década del 70 el país debía no más de 3.000 millones de dólares. Pero la dictadura militar(1976-1983) volvió a redoblar las cadenas de la subordinación del país mediante endeudamiento internacional. Y a partir de ahí fue una historia de nunca acabar. Cuando los milicos se fueron, el país ya debía 40.000 millones de dólares. Alfonsín negoció acuerdos, pero para seguir pagando. Y la misma historia ocurrió con Menem en los años 90, que llevó el endeudamiento por las nubes. Así, cuando asumió De la Rua (radical y de la Alianza) el país ya debía la escandalosa cifra de 120.000 millones de dólares, a pesar de que la deuda siempre se fue pagando, refinanciaciones mediante. Una historia de nunca acabar.La consecuencia fue que el país cayó en la espiral de la gravísima crisis del 2001.Y con reservas en el Banco Central irrisorias que no alcanzaban ni los 10.000 millones de dólares, entró en cesación de pagos: es decir, dejó de pagar temporalmente deuda externa.

 

Poniendo estaba la gansa

 

En 2003 llegó al gobierno el kirchnerismo. Después de una serie de idas y venidas, se les ocurrió un plan “genial”. En 2005 anunciaron un plan de canje de bonos de la deuda externa que contenía una quita en el monto total adeudado reduciendo la deuda más o menos a la mitad, pero comprometiéndose a afrontar los pagos por el resto. En 2010 el gobierno tuvo que organizar otro canje con una porción de acreedores que se habían negado a entrar en el primero. Sin olvidar que en 2006 se le pagó la deuda al FMI al contado por un monto de casi 10.000 millones de dólares.

De ahí que Cristina se jactara, sin mentir en nada, de que su gobierno es un “pagador serial”. Más bien, un pagador sobre el esfuerzo de los trabajadores argentinos que logró la “hazaña” de volver a vaciar las reservas del Banco Central, que llegaron a rozar los 53.000 millones de dólares hace no más de tres años.

Uno de los problemas fue que el gobierno desestimó el restante 8% de los acreedores “recalcitrantes” que no querían aceptar quita alguna, los llamados “fondos buitres”, que quieren cobrar todo y a quienes ahora la justicia yanqui les dio la razón. El monto total de la deuda con estos fondos, con intereses y punitorios por el atraso en los pagos, puede alcanzar los 20.000 millones de dólares, un pago que en estos momentos el país no tiene forma de afrontar.

Es que a lo largo del último año, el gobierno ha venido cerrando tratos con otros acreedores como Repsol por la estatización parcial de YPF, con una serie de empresas privadas en el CIADI y con el Club de París (gobiernos europeos con los cuales está adeudada la Argentina). No esperaba tener que enfrentar, también, a los buitres.

Para colmo, como producto de todas estas negociaciones y compromisos llevadas adelante por los k y vendidas como “solución definitiva del problema de la deuda” (o “desendeudamiento”), se estima que en sus doce años de gestión los K han pagado alrededor de170.000 millones de dólares… sólo para que el monto de deuda externa que subsiste sea hoy de ¡200.000 millones de dólares más!

No hay otro gobierno que en la historia argentina haya pagado tanto para que el monto de la deuda no disminuyera en nada. Se trata de otro triunfo de la “década ganada”…

 

Los fondos buitre

 

Muchos compañeros se preguntan qué son los fondos buitres. Cuando un Estado se endeuda en los mercados internacionales, emite bonos, que no son otra cosa que obligaciones de pago a tanto plazo por tal interés. El Estado recibe los fondos frescos y emite estos bonos como contraparte al que le prestó el dinero.

Demás está decir que históricamente estos “prestamos” se han llevado a cabo en condiciones usurarias, con intereses muy por arriba de los internacionales, sin que la población trabajadora tenga arte ni parte de la decisión de cómo utilizarlos, plagados de estafas, coimas y un aprovechamiento de lo más improductivo. Por las terribles condiciones de pago, estas deudas han sido pagadas ya varias veces su valor.

Pero más allá de esto que cuestiona la legitimidad del conjunto de la deuda, buitre o no, la cuestión es que en las dos operaciones de canje que organizó el kirchnerismo, el 8%, los fondos buitre, se negaron a entrar, esperando obtener un beneficio mayor por el total de la deuda, sin quita alguna.

A estos fondos se los llama buitres porque no son inversores “genuinos” sino que esperan que los bonos de un país estén al borde del default (cesación de pagos) para comprarlos a un 10 o 20% de su valor nominal y luego hacer juicio por el total: ¡una ganancia sideral a costa del esfuerzo de los trabajadores argentinos!

De ahí que los fondos buitres sean uno de los negocios más especulativos (obtener ganancias sin esfuerzo alguno) del mundo de hoy.

 

Una Santa Alianza para ajustar y pagar

 

Producto del ajuste económico lanzado en el verano por Cristina, el país está en una recesión (caída de la producción) que significa que el salario real va cuesta abajo mientras aumentan las suspensiones y los despidos. Esto lo dicen todas las encuestas y lo sienten todos los compañeros y compañeras. Para la segunda mitad del año los pronósticos son que las cosas iban a ir peor. Para colmo, ahora el gobierno se encamina a pagarle a los buitres. El tema es cómo lo van a hacer. Ahí entra nuevamente el ajuste. Porque llegó la época de las “vacas flacas”, el país está en recesión y los fondos no alcanzan. Por eso, las negociaciones no van a ser fáciles. Se van a observar alzas y bajas, momentos de “euforia” en los mercados seguidos de depresiones y temores de que todo se vaya al demonio y el país caiga en cesación de pagos.

En cualquier caso, lo más probable es que se llegue a un acuerdo y el gobierno pague. Pero si la plata no alcanza, ¿como hará para pagar? Muy simple: redoblando el ajuste sobre los trabajadores. El gobierno viene pagándole a Repsol, al CIADI, al Club de Paris y les va a pagar a los buitres. Pero para hacer esto va a necesitar más fondos. Y sólo los puede obtener apretando las tuercas a los trabajadores: salarios más bajos, más suspensiones, más despidos, reducción de los planes de asistencia social, reducción del salario y presupuesto docente y en salud, etc. Su receta es muy simple: ¡que los trabajadores paguemos la cuenta de la crisis y del retorno de los pagos de la deuda externa que la patronal llama el “retorno a los mercados”!

 

No pagar ni un peso más

 

¿Alguien escuchó que Scioli, Massa, Macri o Binner estén en contra de esto? Para nada. Toda la oposición patronal está a favor de pagarle a los buitres hasta el último centavo. Incluso a Moyano, Barrionuevo o Micheli, los supuestos sindicalistas opositores, no se les ha escuchado palabra al respecto. Descartamos que los recontra-alcahuetes de Caló y Yasky están a favor. Nadie mueve un dedo por el tema: todos quieren que se pague y que el país se amigue con los “mercados internacionales”.

Sólo desde los trabajadores puede venir una alternativa distinta: ¡no pagarles a los buitres ni un peso más! Y es la izquierda, el FIT y nuestro partido, el Nuevo MAS, los que tenemos que tomar esta bandera del no pago e impulsar una gran movilización nacional para imponerlo. 

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