por Tofi Mazú 

El miércoles pasado, el presidente de la Nación reapareció, luego de 48 días, para dar una conferencia de prensa. Macri dio un discurso a la medida de Lagarde, quien estaba por llegar, para mostrarse con iniciativa. Sin embargo, hasta un ciego (o el Diario Clarín) puede ver que el mandatario se presentó a la defensiva. A pesar de que repitió la palabra “futuro” treinta veces por segundo, fue incapaz de demostrar ningún tipo de seguridad, ni dar certeza alguna respecto de los planes que tiene para ese futuro feliz que tanto augura. En media hora, hizo poco ruido y pocas nueces, habiendo dejado solo un par de definiciones y declaraciones de importancia, tras haber respondido (o no) diez preguntas de los periodistas presentes.

Segundos semestres al infinito

Cualquier hijo de vecino que haya escuchado la conferencia debe haberse impactado, cuando no irritado, al oír al presidente. Parece increíble que luego de dos años y medio de gobierno, Macri siga abusando del recurso con el que pretendió contentarnos a todos desde que asumió: “luego estaremos mejor”. Mientras el tan mentado “futuro” se le presenta cada vez más distópico a todos los trabajadores, el presidente prometió lo siguiente: “El objetivo es bajar la inflación. Domarla no fue tan fácil como pensábamos, pero bajará más de 10 puntos el año que viene y el año siguiente estará en un dígito”. Pero ocurre que nadie le cree (basta con mencionar el 15% prometido para este año); y que todas las medidas que supo y piensa tomar, en verdad van en el sentido opuesto. Todo esto, tras asegurar que la “tormenta” que significó la disparada del dólar nada tenía que ver con él, que habían sido medidas del cambio de rumbo del mundo que él no puede manejar. A pesar de tantas metáforas meteorológicas y náuticas, es cada vez más dudoso tanto para el imperialismo y la burguesía, así como para el conjunto del pueblo trabajador, si de verdad Macri puede capitanear el barco de la economía argentina. Un barco al que día a día le cuesta más mantenerse a flote.  En conclusión, el empresario que nos gobierna continúa presionado por derecha, con el FMI pidiéndole que lleve el ajuste hasta el final; y por izquierda, con un pueblo trabajador que tiene memoria y que no quiere terminar en la miseria. Para estos últimos, es que soltó con total liviandad que “esta tormenta no nos va a llevar a una crisis parecida a las del pasado”; pero la gente ya se siente cada vez más cerca del ojo del huracán, viendo sus salarios completamente depreciados, la canasta básica por las nubes y su puesto de trabajo en peligro.

El no-conflicto entre el gobierno y el campo

Dos veces fue interrogado Macri respecto a cómo llenaría las arcas del Estado. Le preguntaron si aumentaría los impuestos a los trabajadores o si lo haría aumentando las retenciones a los capitalistas rurales. Su respuesta fue que el plan no es aumentar los ingresos del Estado, sino que el Estado deje de “gastar más de lo que le ingresa”… en criollo, continuar con el plan de despidos en masa en el sector público. Desarrollaremos esto más abajo.

Hace exactamente diez años, el kirchnerismo y la patronal campestre protagonizaban una disputa que dejaría en jaque a Cristina Kirchner. La entonces presidente de la Nación había decidido aumentar las retenciones a las exportaciones agrícolas, con el supuesto objetivo de desarrollar una burguesía nacional que impulsara la industrialización del país. Ese cuento chino era difícil de creer, puesto que el negoción más coherente para la oligarquía era (incluso más que hoy día) la soja, que manejaba precios exorbitantes en el mercado mundial. Fue entonces cuando nació la llamada “grieta”, que dividió aguas en la burguesía y también en la sociedad. Pocos fuimos los que mantuvimos, como el Nuevo MAS, una posición independiente de ambos sectores. Allí empezaron los cacerolazos de derecha en la Capital, mientras los patrones rurales cortaban las rutas con sus 4X4 y derramaban litros y litros de leche, aunque a un kilómetro los niños de pueblos enteros no tuvieran qué comer. Ahí se forjó el proyecto político de Cambiemos, que tiene en su base social a las señoras que salían en Recoleta a reivindicar a Videla, corriendo por derecha a un gobierno que es responsable del asesinato de Mariano Ferreyra y Carlos Fuentealba.

Por eso Macri no puede, aunque el mismísimo FMI se lo pida, cuestionar las ganancias millonarias de los patrones rurales. Porque si él es presidente, es gracias a la derrota que estos sectores supieron asestarle a Cristina.

Entre 2008 y 2009, los terratenientes y los productores rurales supieron presentar sus intereses como los de la sociedad toda. Lo hicieron apoyándose en la idea de que, como la Argentina “es” un país rural, “si al campo le va bien, a todo el país le va bien”. Esta falacia al cuadrado es la misma que utilizó Macri la semana pasada para explicar por qué no tocaría las ganancias de este sector, mientras dejará en la calle a todos los estatales.

El presidente reafirmó sus intereses de perpetuar a la Argentina como país “exportador”, mientras que de esas exportaciones del ámbito privado, nada queda en el Estado. O bien porque Cambiemos sigue achicando la retención a los campestres; o bien, porque Cambiemos quitó las retenciones a las multinacionales que explotan nuestra cordillera. En definitiva, que a los productores, extractores y exportadores de materia prima les vaya bien implica que… a los trabajadores nos vaya cada vez peor.

Télam y el derecho al aborto, presentes

Un perspicaz periodista interrogó a Macri respecto a los despidos en la Agencia Nacional de Noticias, claro que a sabiendas de que en la puerta de la Quinta de Olivos había una masiva movilización de trabajadores de Télam. Éstos están llevando desde hace más de un mes una lucha sin cuartel contra los ataques del macrismo, paralizando la agencia. La presencia de los trabajadores de prensa frente a la residencia presidencial no solo sirvió para motorizar su pelea, sino también para dejarle en claro a Macri que no puede dar una conferencia en paz, que los de abajo seguiremos movilizados para frenar sus ataques.

Lo mismo ocurrió con el reclamo por el aborto legal, seguro y gratuito. El presidente tuvo que admitir que se había visto obligado a habilitar dicho debate; y aunque sabemos que está profundamente en contra de este derecho, no pudo decir ni blanco ni negro.

Las dos peleas centrales en curso, las de los estatales y la de las mujeres, se colaron en la conferencia de prensa, demostrando que mientras que el FMI lo presiona para que acelere el ajuste, los de abajo nos organizamos para conquistar nuestras demandas y presionarlo por izquierda.

En conclusión. Macri intentó pilotear las velas en el medio de su propia tormenta, saliendo a dar la cara ante Lagarde y el conjunto de la sociedad argentina, sin conseguirlo. Los intereses de la clase trabajadora, los jóvenes y las mujeres están en la agenda política y chocarán, más temprano que tarde, con los del gobierno, las clases dominantes y el imperialismo.

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