por Guillermo Pessoa

Tendríamos que pensar con los compañeros de la redacción de SoB de ver la posibilidad de incorporar y abrir un correo de lectores. ¿Por qué decimos esto? Por una anécdota que nos transmitió un amigo docente de la provincia de Buenos Aires que tuvo con sus alumnos de tercer año de secundaria. Y quizás esa sección permita conocer otras tan jugosas como ésta, y en más de un ámbito, claro.

La cosa es así. Al día siguiente del triunfo agónico de  Argentina ante Nigeria (que todos sabemos no sirvió de mucho) el grupo del curso más activo dijo enojado: “¿Vieron el penal inexistente que el árbitro le cobró a Mascherano  y que casi nos cuesta el partido? ¡Un verdadero robo! Ya sabemos profe, como usted siempre dice… la culpa la tiene el capitalismo”.

En forma instantánea, nos cuenta nuestro amigo, todos (él incluido) estallaron en carcajadas. Por supuesto que en ese caso era una exageración (¿lo era?), pero lo que quedaba claro es cómo él machacaba en sus clases de Formación Ética y Ciudadana (tan pomposo nombre tiene la materia) en donde se trabaja con noticias de actualidad, análisis de la Constitución Nacional, etc; machacaba decíamos, con que el capitalismo estaba siempre presente y que de alguna manera (a veces más y otras veces menos directamente) era el responsable de lo que aquellas significaban y de todo lo que la “ley fundamental” establecía, permitía y vedaba.

El debate sobre el aborto, el rol de la Iglesia, la guerra comercial de Trump con los chinos y el conflicto político militar con Corea del Norte, el acuerdo con el FMI, la marcha de la economía y su consecuencia social y humana sobre el pueblo trabajador; esos hechos dispares y geográficamente distantes siempre culminaban con la advertencia de que más allá de tal o cual gobierno o programa económico, más allá de tal o cual país (sin olvidar las distinciones y matices), el capitalismo como sistema económico mundial condiciona y es el responsable de todas y cada uno de las acciones citadas.

“Lo raro (¿lo es realmente?) es que gran parte de los chicos y chicas ignoraban que vivían bajo ese sistema. Los que algo sabían, veían cierta relación entre éste y la precarización laboral o la brecha enorme entre ricos y pobres, pero sin sacar todas las conclusiones que de allí podían desprenderse”, nos dice un tanto exaltado y con algo de asombro nuestro amigo. Es que efectivamente, el capitalismo se naturaliza, no se lo ve cómo un proceso histórico que no existió siempre (y en verdad, es relativamente moderno) sino que pareciera formar parte de la esencia del ser humano (o sea, somos egoístas, codiciosos, individualistas). Obviamente, los “medios de desinformación” e incluso aquellos que se dicen “progres” pasan por alto este señalamiento. Ni qué decir las fuerzas políticas burguesas y muchas veces algunas corrientes revolucionarias que no ponen todo el acento debido en esa advertencia. No “machacan”, como el profe bonaerense.

Aclaremos. No se trata de que un partido de izquierda en todo tiempo y lugar diga y levante como única consigna o tarea: “la culpa es del capitalismo, hay que derribarlo” lo que lo convertiría en una nulidad política en la intervención práctica de todos los días (¿se imaginan: “no digo aumento de salarios porque sigue siendo capitalismo”, “no dije en el pasado “Fuera De La Rúa” porque en definitiva los que seguro vendrán serán también expresiones del capitalismo”, etc, etc?), pero sí  es obligación ligar las problemas reales y de cada día con la perspectiva última de que sólo con el socialismo y el gobierno obrero y popular esas lacras terminarán realmente.

Y mientras tanto, como magníficamente nos señala el docente, “trato, cosa paradójica, respetando el propio programa que la currícula brinda (!!), de no ahorrar denuncias al capitalismo y luchar en sus conciencias para que éste, como el femicidio, el laburo precario, la falta de estructura edilicia y pedagógica escolar y tantas cosas más; no se naturalicen, pues eso lleva a la impotencia y más tarde a la resignación”.

Parece que si efectivamente abrimos la sección Lectores, estos comentarios del profe (y sus alumnos, claro) deberían ser su punto de largada. Será cuestión de “machacar” nomás.

 

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